1. Las montañas

Puede sonar chistoso, pero estamos tan acostumbrados a estar rodeados de montañas, que en el momento en el que dejas de ver semejantes colosos a tu alrededor te sientes desprotegido, desamparado, pero sobre todo desorientado. Los viejos marineros usaban las estrellas para navegar los mares… y un buen regio se ubica de acuerdo a los cerros. Si quieres ir al norte, sigue el Cerro del Topo Chico. ¿Quieres ir al Poniente? El Cerro de las Mitras. Y si buscas dirigirte hacia el oriente o hacia el sur, el Cerro de la Silla y la Sierra Madre Oriental serán tus guías más confiables.

 

2. Ir por litros a la Carretera Nacional

No nos olvidemos del mágico rito dominical de salir a la Carretera Nacional por litros de bebidas preparadas para después, pasar a cotorrear a la Presa de la Boca o ir a la Cola de Caballo, Ciénega de González, Laguna de Sánchez o cualquier otra comunidad cercana.

 

3. El olor a asador todos los domingos

El olor a carbón encendido elevándose por las calles es el perfume de toda la ciudad durante los fines de semana. Ya sea porque la tía cumplió años, porque ganó algún equipo local, por la graduación de la hermanita, para estrenar el asador nuevo, o simplemente por el gusto de ver a los amigos. Cuando salgas de Monterrey, te aseguro que esta será de las primeras cosas que extrañarás.

 

4. La diversidad de paisajes naturales que hay alrededor

Una de las indudables ventajas de vivir en Monterrey es la increíble cercanía con paisajes naturales tan diversos y hermosos que, con solo manejar unos minutos, uno podría incluso pensar que ya está en otro país. Al norte tenemos una zona desértica increíble, de donde destacan lugares como las Grutas de García, Icamole o la Huasteca y al sur, dirigiéndose a la Carretera Nacional, las cosas comienzan a ponerse más floridas, verdes y llenas de agua, como en la Cola de Caballo y Matacanes.

 

5. Las tostadas de la Siberia, los elotes de la Purísima, el chicharrón de la Ramos, los tacos Don Pancho y los Tostitos preparados

El regio que diga que no creció comiendo todo esto no es completamente regio. Y es bien cierto lo que dicen, no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes. Uno pensaría que siempre habrá unas tostadas estilo Siberia sin importar en donde estés; o que toda la vida uno tendrá cerca una deliciosa salsa verde como la de los taquitos Don Pancho… pero no. La vida es cruel y ese tipo de manjares solo se disfrutan en casa.

 

6. El acento

Escuchar ese encantador acento golpeado sabiendo que nadie está enojado es algo que definitivamente te hará falta cuando estés fuera de Monterrey. Esa manera de expresarse tan florida y llena de palabras altisonantes va a ser motivo de suspiros, te lo garantizo.

 

7. La rapidez del ritmo de vida

Aunque no lo creas, el ritmo de vida al que estamos acostumbrados no es común en el resto del país. Uno quiere llegar al restaurante, sentarse, pedir, comer e irse pronto porque… ¡el tiempo es oro! Consejos para cuando estés lejos de la ciudad: ármate de paciencia, respira profundo y ¡cuenta hasta diez!

 

8. El “hermoso” clima

¿Quién no extrañaría el clima extraordinario de Monterrey? Cuarenta grados un día, disfrutar de granizo al siguiente y rematar con fuertes vientos. Bien decimos los regios que el clima de monterrey es el más estable… porque SIEMPRE está horrible. Pero eso sí, sólo nosotros podemos quejarnos, ¡que nadie más se atreva a decir nada malo de nuestra queridísima ciudad!