1. Si nos cuadramos ante alguien es ante nuestra santa madre

Con chancla o sin chancla, la madre mexicana es una de las pocas instituciones que se respetan universalmente en México. No importa qué tan liberal seas ni que tan apartado estés de los típicos clichés mexicanos, este es uno del que no te puedes escapar tan fácil. Atrévete a decirle a tu mamá que su autoridad no es más que un mito sostenido por creencias extranjeras y luego me platicas qué tal te fue.

2. Para todo se nos hace tarde

Ya estoy viendo como tu orgullo de mexicano puntual se retuerce como almeja con limón, pero no puedes negar que, si en verdad practicas la puntualidad al estilo inglés, eres la excepción y no la regla. Esta es la tierra del ahorita, del qué tanto es tantito y del cita a las ocho para que lleguen a las diez. Muchos opinan que la impuntualidad del mexicano es la mayor falta de respeto al tiempo ajeno y otros creen que es una consecuencia de la naturaleza relajada que nos caracteriza. Lo cierto es que extranjero que pisa México, tiene que pasar un tiempo de adecuación en lo que se acostumbra al “tiempo mexicano”.

3. De todo queremos hacer un taco

Ya sé que la comida mexicana es riquísima y variadísima y que reducirla al típico taco es una bofetada en la cara de su designación como patrimonio de la humanidad, pero también estoy consciente de que para muchos mexicanos la sola idea de comer sin tortillas suena más a tortura que a alternativa gastronómica. Históricamente, nuestra alimentación se ha basado en el maíz y aún hoy en día, este juega un papel fundamental en el universo culinario mexicano.

4. Y a todo queremos ponerle chile

Aprovechando la desviación a la parte más sabrosa de la identidad mexicana, no podemos dejar de hablar de la fascinación del mexicano con el picante. Una gran parte de los platillos tradicionales de México llevan chile en mayor o menor medida; y algunos guisos lo utilizan de forma tan sutil que el comensal promedio deberá hacer uso de la extensa variedad de salsas para darle sabor al caldo, sin que esto quiera decir que el platillo en sí no pique. Obviamente existen casos extraños de mexicanos que no comen nada de chile y tienen que vivir pidiendo chile del que no pica, pero nuevamente, hablamos de excepciones y no de generalidades.

5. Traemos la fiesta en la sangre

Cualquier pretexto es bueno para echar la casa por la ventana y armar un reventón como los que sólo se ven en México. Claro que somos desmadrosos y pachangueros, y aunque estamos muy lejos del estereotipo del mexicano borracho sudando la cruda bajo un nopal, nos encanta empinar el codo. Para muestra está el florecimiento de la industria de bebidas alcohólicas en nuestro país, con el vino mexicano posicionándose cada vez mejor a nivel internacional, el tequila acaparando el mercado mundial y el mezcal diciéndole quítate que ahí te voy.

6. Tenemos un chingo de tíos

A pesar de los campañas de planificación familiar que vivimos en décadas pasadas, el bono demográfico de México aún está presente de una u otra forma en la mayoría de las familias mexicanas. Por cada núcleo familiar moderno conformado por una pareja más sus perrhijos, todavía existe una familia de esas en las que resulta imposible conocer el nombre de todos los primos. Las cosas están cambiando, pero la gran mayoría de los mexicanos en sus treintas o cuarentas, aún recuerdan (o aún participan de) esas reuniones familiares con más asistentes que un concierto gratuito de Los Ángeles Azules.

7. No sabemos decir que no

Recibir una negativa rotunda de un mexicano es síntoma de dos cosas, o eres de su círculo de confianza más inmediato o de plano tu plan está para el perro. Por lo general, los mexicanos tenemos problemas con la confrontación y es bastante común darle la vuelta a las cosas para evitar parecer groseros. Ahorita, más al ratito, yo te aviso, ahí para la otra… todas estas expresiones pueden ser negativas embarradas de cordialidad.

8. Traemos la música por dentro… y por fuera

México es un lugar demasiado musical. Basta con que abras tu ventana en este momento para que unas notas guapachosas lleguen hasta ti desde quién sabe qué rincón de la calle. No importa si vives en la ciudad o en algún poblado perdido entre las montañas, seguro muchas veces has despertado al ritmo de las cumbias o la música de banda de tu vecino y otras tantas has sido tú el vecino incómodo que no se aguanta las ganas de subirle a las canciones del Buki a las ocho de la mañana.

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