Tesoros, fantasmas, enanos, sirenas, encantamientos de todo tipo… ¿cómo se crean estas historias? Algunas de ellas vienen de acontecimientos reales sucedidos años atrás que han ido transformándose hasta convertirse en verdaderas joyas de la más pura ciencia ficción, otras simplemente son invenciones y cuentos populares trasmitidos de boca en boca para darnos un conocimiento o para ofrecernos una sabiduría determinada. En Almería no íbamos a ser menos y nuestra cultura popular está llena de historias y leyendas. Estas son algunas de ellas.

1. El tesoro de Cabo de Gata custodiado por las focas monje

Según una antigua leyenda, cuando Almería era tierra de árabes un sultán escondió un tesoro en una cueva submarina del Cabo de Gata para evitar que fuera robado por los cristianos. Murió antes de dejar indicaciones a su familia de cómo llegar hasta allí, y en la actualidad no hay testimonio de su hallazgo. Es decir, sigue allí.

La supuesta cueva submarina se hallaba a los pies del promontorio de Vela Blanca y estaba protegida por la antigua colonia de focas monje, que habitaban en el Arrecife de las Sirenas cerca de allí. Según se cuenta, las focas emitían sonidos parecidos a los cantos de las sirenas —de ahí el nombre del enclave—, atrayendo así a marineros confundidos que al llegar eran atacados por las guardianas del tesoro. Por suerte o por desgracia, estas focas ya no habitan este lugar por lo que…¿quién se atreve a buscar este tesoro ahora?

2. Los enanos protectores de Vera

Cuentan los veratenses que al atardecer, en un paraje conocido como El Zorzo en donde hay una fuente cercana, aparecen unos insólitos enanos para acompañar y proteger a la gente de espíritu noble que va a coger agua hasta esta fuente. Si en cambio los andantes tienen mala sombra, estos peculiares seres se enfrentarán a golpes con ellos. Andarse por allí no es tarea baladí si no estás libre de pecado.

3. Los fantasmas del Teatro Cervantes

He aquí una leyenda que tiene su origen en una trágica historia real. Sucedió el 22 de enero de 1922, cuando fueron asesinados la actriz almeriense Conchita Robles y el joven Juan Aguilar (o Manuel, según otras fuentes). Él era el encargado de los carteles del teatro la noche del estreno de la obra Santa Isabel de Ceres, anunciada casi con un año de antelación y que esperaban con gran entusiasmo los almerienses más acomodados de la época.

Sucedió que Conchita estaba recién separada del capitán (o comandante) Carlos Verdugo, quien era posesivo, celoso y violento. Este tenía prohibido el acceso al teatro la noche del estreno, ya que Conchita, conocedora del comportamiento del capitán, había ordenado la restricción de su acceso, pero él consiguió colarse y se dirigió pistola en mano hacia la actriz. En ese momento pasaba por allí Juan Aguilar, a quien Conchita puso por delante para protegerse creyendo que su exmarido sería incapaz de asesinar. Pero la presencia del joven ayudante no sirvió para nada y el capitán Verdugo los asesinó a tiros a los dos. Desde entonces, se dice que los fantasmas de ambos andan por el teatro y que ocurren cosas extrañas entre sus paredes, como un posterior suicidio. ¿A quién le apetece una visita a este teatro?

4. El Santo Cristo de la Escucha de Almería

La talla actual del Santo Cristo de la Escucha está en una de las capillas de la catedral de Almería. Pero la historia viene con una talla anterior hallada por unos albañiles, según una de las leyendas, entre las paredes que iban a derribar de una casa.

Según esta versión, unos cristianos viejos se fueron a vivir a una casa ocupada anteriormente por los moriscos. Allí oían con frecuencia la palabra escucha, por lo que, asustados, finalmente se marcharon de allí. Posteriormente otra familia que vivió allí aseguró escuchar la misma palabra en multitud de ocasiones, así que decidieron derribar unos tabiques para averiguar la procedencia del sonido, hallándose entre las paredes la talla de un Cristo. De ahí su nombre, el Cristo de la Escucha.

La figura fue destruida durante la Guerra Civil Española, pero el pintor y escultor almeriense Jesús de Perceval, quien sentía devoción por este Cristo, realizó una nueva talla basándose en la anterior. ¿Qué querría decirle la talla anterior a los habitantes de la casa?

5. La maldición de las zorras de Benejí y de los gorriones de Castala

Ambos pueblos cercanos tienen una leyenda en común: según una información recogida en un libro del siglo XVII, un tal Luis de Mármol contaba que un morisco en esta zona había dejado una maldición que causaba la muerte y la desaparición de los gorriones de Castala y que las zorras de Benejí no podían abrir la boca para cazar, por lo que se pasaban el día detrás de las gallinas intentando atraparlas con las patas. Pero también hay otra versión que dice que san Tesifón, fundador de Virgi —la actual Berja—, llegó hasta aquí en su misión de evangelizar Hispania y, viendo que los gorriones se comían las cosechas, rezó unas plegarias para evitarlo. Desde aquel día ya no hubo más gorriones.

Francisco Navarrete (antiguo párroco de El Ejido) en 1997 escribía: «En el paraje donde estuvo San Thesiphón, retirado en una cueva, los gorriones ni paran ni pican ni pernoctan… Dicen que habiéndose quedado un día solo a guardar las mieses, por retirarse a la Oración, encerró a todos los gorriones en un aposento, dándoles después libertad con precepto de no hacer daño ni detenerse allí. Lo cierto es que si pasan por allí es muy de ligero y no paran ni comen, y si acaso pican algo, caen amortecidos». La película Los pájaros de Hitchcock, como suele decirse en la jerga almeriense, es cascarilla al lado de esta historia.

6. El fantasma del Fort Bravo

Entre los diversos decorados del MiniHollywood almeriense en el desierto de Tabernas se haya el famoso poblado del Fort Bravo, que ha sido escenario de numerosas películas del Oeste americano y de anuncios de televisión de todo tipo. Aquí cuenta la leyenda que hay un fantasma que de vez en cuando aparece entre los decorados.

Hay quienes dicen con cariño que es el espectro de Agustín Gómez “El Titi”, un antiguo trabajador y especialista que falleció tras sufrir un ataque de corazón en 2007 mientras trabajaba en uno de los espectáculos. Sentía gran devoción por su trabajo y se cuenta que se quedaba en el poblado en ocasiones incluso después de haber terminado su jornada laboral. Sea Agustín o no, la cosa es que allí pasa algo sobrenatural, tanto es así que incluso el programa del investigador Iker Jimenez le dedicó todo un reportaje. ¿A quién le apetece un poco del Oeste americano?

7. El hombre del saco almeriense

Aunque este personaje se da en otras ciudades y países, Almería tiene su propia versión de él. La historia viene de un macabro crimen cometido a comienzos del siglo XX en la Villa de Gádor, cuando un tuberculoso cansado de su enfermedad le pidió ayuda a una curandera, que a su vez le recomiendó a otro. La cosa es que este último le recomendó realizar un ritual.

El tuberculoso, con ayuda del hijo de la curandera, secuestró a un niño de siete años, se lo llevó metido en un saco hasta un cortijo y le realizó el ritual encomendado: beberse la sangre del niño y rebozarse el cuerpo con sus tripas y grasas (llamadas mantecas en aquel entonces). Todo esto pactado con dinero. El hijo de la curandera, apodado «El tonto», no recibió su parte, por lo que fue a denunciar a la Guardia Civil. Finalmente todos confesaron y fueron condenados a garrote vil, menos el curandero cabecilla del crimen, que murió antes en la cárcel, y «El tonto», que salió absuelto por demente.

8. El tesoro oculto de la catedral de Almería

Cuenta una antigua leyenda que en la torre de las Arcas se halla un valioso tesoro escondido y que para acceder hasta él hay que realizar todo un ceremonial. La noche de San Juan, has de ponerte frente a la catedral. Cuando suenen las campanas de las 12 saldrá un hombre corpulento acompañando a la princesa mora Galiana, quien nos dará instrucciones para seguirla. Cuando se abra la puerta de la torre, si tenemos el valor de pasar bajo su umbral, llegaremos hasta el tesoro y podremos coger todo lo que queramos sin que la codicia se apodere de nosotros. Si la avaricia nos ciega hay castigo: aparecerá un nuevo personaje con chilaba blanca que nos dejará encerrados con la princesa hasta que otra persona rompa el hechizo aceptando de nuevo la entrada a la torre. ¿Quién está dispuesto a correr todo este riesgo por un puñado de oro?