En realidad nos encanta ese momento en el que salimos al extranjero y en pleno supermercado encontramos cualquier aberración etiquetada como Spanish style con la que indignarnos. Y ¿quién no ha caído nunca en un momento de morriña extrema en un restaurante que se publicita como de tapas españolas para encontrarse solo con comida mexicana? (Nada en contra de la comida mexicana, pero a veces necesitamos nuestra tortilla y no la otra). Estos son algunos de los pecados más graves que se pueden cometer (y, sí, se han cometido) contra la cocina española. Dignos de película de terror.

1. Hacer paella si no eres valenciano

Iba a quedarme en el básico «no le eches chorizo a la paella, Jamie Oliver», pero en realidad esa es solo la punta del iceberg. Aunque en el resto de España nos creamos que dominamos el arte de la paella, cualquier valenciano que esté presente se verá obligado a carraspear y explicarnos que «arroz con cosas» no es paella y que de todas formas perdimos toda credibilidad en el momento en el que llamamos paellera al recipiente en el que se cocina este plato. El pecado aquí está simplemente en intentarlo (porque no, lo importante no es participar).

2. Intentar hacer tortilla sin haber leído la receta

Es el plato estrella de nuestra gastronomía, ese que sentimos todos por igual y verdadero pegamento de nuestra frágil y complicada configuración nacional. Sí, hay debates (con o sin cebolla, con el huevo muy cuajado o semilíquido), pero los principios básicos los tenemos todos claros: freír patatas, mezclar con el huevo, volver a la sartén para cuajarla, darle la vuelta. ¿Tortilla casi sin aceite? ¿Tortilla con patatas cocidas? ¿Tortilla al horno? ¿Tortilla con más de cuatro ingredientes? Arderás en el infierno.

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3. Creer que cualquier plato se vuelve Spanish si le echamos chorizo

Es el truco del almendruco de los chefs y cocinillas de fuera: un poco de chorizo y ya es tan typical Spanish como las doce uvas en Nochevieja. Además de la ya mencionada paella, en internet puedes encontrar joyas como recetas de gazpacho con chorizo, Spanish pizza con chorizo o la típica mermelada española de chorizo que curiosamente solo se comercializa en el Reino Unido.

4. Echarle picante a la comida

Volvemos una vez más a ese clásico error guiri de confundir México con España y creer que nuestra cocina es también súper spicy. Y no es que nada pique aquí: hay chorizo (¡claro!) picante, hay pimientos de Padrón que nos hacen llorar, hay valientes que añaden Tabasco a sus platos como si no hubiese un mañana. Pero por lo general lo que aquí entendemos como picante no es ni detectado por una lengua mexicana, así que guarda ese chili que estabas a punto de lanzar a la paella.

5. Montar un bar de «tapas españolas» con sombreros mexicanos en la puerta

Cuando entras, movido por una extraña fascinación morbosa, te encuentras con todos estos engendros ya mencionados, regados por litros de sangría y, por supuesto, también unas cuantas aberraciones contra la gastronomía mexicana. Porque ¿por qué limitarse a ofender a solo un país cuando podemos ofender a dos? No pongas límites a tus sueños.

6. Sacar los churros de contexto

El contexto de los churros es solo uno: el chocolate. Se acepta también café o Colacao y hasta podemos ser algo flexibles con las formas, pero hay cosas que no, como este «unicorn ice-cream churro sandwich» que hace que nos suban los niveles de azúcar con solo mirarlo.

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O este ejemplo de cocina fusión que mezcla churros con chorizo para intentar conseguir algo más español que Bertín Osborne:

7. Calentar el gazpacho

No, no lo he visto, pero sí he visto la cara de extrañeza de una alemana al ver que lo servía tal cual, en frío. Seguro que hay microondas de pisos de Erasmus que han tenido que calentar un gazpacho mientras lloraban, porque, sí, los microondas también tienen sentimientos. (No solo los Erasmus: hay recetas en internet de dreamy, warm winter gazpacho).

8. Racanear con el aceite en la sartén

O, peor, sustituirlo por mantequilla. Vale, quizá no sea lo más sano freír en litros de aceite, pero no puedes esperar que te salga un pescaíto frito en condiciones o unas croquetas como las de mamá si echas el mismo aceite que para un filete a la plancha.