Foto: Antonio MaloMalverde

1. Alguna vez te curó contra el mal de ojo.

Las madres oaxaqueñas siempre tienen un remedio casero para cualquier malestar que tengas o que puedas llegar a tener. ¿Nunca te dio mal de ojo? Seguro que sí y tú mamá te pasó un huevo por todo el cuerpo para luego romperlo dentro de un vaso, ver qué tonalidad tenía y así saber que tan mala vibra tenías dentro. ¡Y sólo de pasar por ese dichoso ritual te sentías mucho mejor!

 

2. Y sus remedios contra enfermedades más comunes tampoco eran los más ortodoxos.

¿Qué tal el remedio cuando te daba gripa? Seguro que tu mamá hacía que metieras los pies en agua caliente, luego te los secaba y te los untaba (junto al resto de tu cuerpo) de Vaporub. Después te metía a tu cama bien tapado de pies a cabeza y listo, ¡a la mañana siguiente amanecías como nuevo!

 

3. Siempre te llamaba con diferentes nombres.

Mucho más común a que te llamara por tu nombre era que tu madre se refiriera a ti como mijito, mijita, mi muchito, mi muchita, mi xunco o mi xunca.

 

4. Conoces los rituales de cada domingo.

Si tu mamá es una madre oaxaqueña típica, seguro te llevaba a la iglesia los domingos, te daba el sermón y hacía que te comportaras a la altura de la situación. Si te salías del huacal, un simple y discreto pellizco hacía que retomaras la compostura.

 

5. Aprendiste a temerle a la chancla.

Cuando la sacabas de sus casillas, y sin importarle dónde o quién estuviera, sólo era cuestión de que se agachara y se sacara la chancla para que entendieras la gravedad del asunto. Y si corrías, ahí empezaba el verdadero peligro, porque el dichoso instrumento se transformaba en su forma más avanzada: ¡la chancla voladora!

Pero eso sí, que a nadie más se le ocurriera tocarte ni con el pétalo de una rosa, porque ahí si que te defendía sin importar lo que hubieras hecho. Eres su hijo y con eso basta.

 

6. Conociste la equidad de género desde la más tierna infancia.  

Si eres un hombre criado en una casa oaxaqueña, seguro eres un hombre de los buenos: de los que ayudan en la casa y conocen los quehaceres del hogar. A las enseñanzas de tu mamá le debes tu sentido de respeto hacia las mujeres.

 

7. Sabes que no todo es miel sobre hojuelas.

Una madre oaxaqueña es cariñosa y sabe cómo demostrarlo, pero también sabe ser muy estrictas y te va a corregir siempre que te equivoques.

 

8. ¡Sabes cocinar!

Con una madre oaxaqueña es seguro que pasaste mucho tiempo en la cocina. Los oaxaqueños disfrutan de la preparación de los alimentos como pocas personas y el tiempo en la cocina es muy importante en la relación familiar. Seguramente sabes preparar algún platillo típico y sabes de los ingredientes secretos de cada uno de los guisos de tu madre.