1. Por el equipaje

Acostumbrados al buen clima tanto en invierno como en verano, a los almerienses el hecho de hacer la maleta para salir fuera de Almería nos causa una gran angustia. ¿Chaqueta o chaquetón? ¿lana o polar? ¿cazadora o abrigo? Y es que, a parte de la falta de práctica y uso de la ropa de abrigo, al no estar acostumbrados al frío creemos (es cierto) que todo lo que sea salir del límite de nuestra provincia es algo extraordinario y parecido al frío siberiano.

2. Por el horario de las comidas

¿Qué es eso de almorzar a las doce de la mañana y cenar a las seis de la tarde? La verdad es que nos cuesta muchísimo adaptarnos a los tan diferentes horarios de las comidas que existen en otros lugares.

3. Por los horarios de las tiendas

Y qué decir de eso de encontrarnos con que las tiendas cierren sobre las cinco de la tarde cuando en Almería hasta las diez de la noche, en verano, y sobre las nueve en invierno, podemos estar haciendo nuestras compras cómodamente por el centro.

4. Por los horarios de los bares y pubs nocturnos

En Almería a las once y doce de la noche (según que sitios) todavía estás a tiempo de tomarte unas tapas y unas cervezas para cenar. Y los lugares donde tomar unas copas y pegarte cuatro bailes, por lo general, cierran alrededor de las cuatro de la mañana, e incluso algunos ya bien entrada la madrugada sobre las seis o las siete. Es muy chocante y nos provoca “algo” de malestar cuando estamos fuera, en el pub o discoteca más molona de toda la ciudad, en donde estamos dándolo todo, con unas ganas locas de seguir la juerga y va y nos cierra a las doce de la noche o como mucho a las una o dos de la mañana (emoticono enfadado con cara roja).

5. Por el saludo

Si es coloquial, con un ¿qué eh? nos apañamos. Y si es algo más formal, pues con un par de besos, cuando uno de los interlocutores es una mujer, o con un apretón de manos, cuando los dialogantes son hombres, pues también es suficiente. El problema viene cuando viajamos a países orientales como Japón en donde el saludo consiste en una leve inclinación de cabeza sin contacto físico, o por el contrario, un exceso de este como los tres besos que te puedes llevar si vas a Rusia, incluso entre varones, que ya la cosa se nos atraganta un poco, o mejor dicho, nos cuesta muchísimo adoptar estas costumbres. Eso sí, mientras no nos hagan saludar al estilo Vulcaniano todo está bajo control.

6. Por el pan en las comidas

¡El pan debería ser obligatorio en todas las comidas de todos los países del mundo! ¿Qué es una comida sin acompañarla con un pedazo de pan? En algunos países no tienen esta costumbre, y nos es entendible, pero es que se nos hace tan rarico ver el plato sin su correspondiente bollo o trozo de pan.

7. Por el precio en restaurantes y bares

A ver, no es que seamos devotos de la Santísima Virgen del Puño, pero ¿cómo pueden tener algunos restaurantes y bares fuera de Almería ( y/o de España ) esos precios tan desorbitados por una cerveza, unas papas y unos huevos fritos?

8. Por no saber lo que es un tinto de verano

La cerveza en todos los rincones del mundo se conoce, pero el tinto de verano… aquí ya tenemos un pequeño problema. A ver, cómo lo explicamos, no es tan difícil: vino con gaseosa y hielo, todo en un mismo vaso. Pedir, además, que lleve una rodaja de limón, ya sabemos que es casi imposible, así que nos apañamos con los ingredientes básicos.

9. Por confundirnos con otros andaluces

Almería es Almería y punto. ¡Qué manía cuando estamos fuera y alguien al reconocernos el acento andaluz nos ubica en cualquier provincia menos en la nuestra! A ver, no todo en España es flamenco y toros, pues igual pasa con Andalucía, la diversidad lingüística y cultural es muy variada, no todos los andaluces hablamos igual ¡que somos ocho provincias!

Créditos
Editor Ana Bulnes
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