1. Las diferencias entre el clima de costa y el clima del desierto

Son muchos los viajeros que vienen a Almería por primera vez creyendo que todo es playa y lo cierto es que la mitad de la provincia está formada por este paisaje, pero es que en la otra mitad también hay desierto, montañas y ríos, algo que sorprende mucho a los de fuera y para lo que no vienen preparados climáticamente. De Sierra Alhamilla hacia abajo, en verano, te vas a encontrar humedad en grandes dosis y un continuo bochorno; en invierno la cosa cambia un poco, suavizándose la temperatura y con algo menos humedad. De Sierra Alhamilla hacia arriba, hasta la sierra de los Filabres, el paisaje está compuesto por el desierto de Tabernas, con su propio microclima: en verano predomina una fuerte sequedad combinada con altas temperaturas y un buen sofoco y en invierno frío y sequedad durante todo el día y mucho más frío durante la noche, algo inusual para los de fuera respecto a las creencias sobre el clima almeriense. En el resto de la provincia abundan diferentes sistemas montañosos como Sierra de Gádor, Sierra Nevada, Sierra María o Sierra de las Estancias en donde predomina el calor seco por el día y el frío por la noche. La variedad geográfica de la provincia es tan diversa como los pequeños microclimas que la componen. ¡Tenlo en cuenta antes de hacer la maleta!

2. ¿Qué es ser un legañoso?

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Pues legañoso es el apodo que recibimos los almerienses y cuyo origen procede de una antigua tradición en donde se trabajaba con el esparto fabricando todo tipo de utensilios como cestas, cuerdas, alfombras, etc. Este manufacturado producía un mal en los ojos: un exceso de legañas. Principalmente, este apodo se utilizaba para denigrar a la persona, ya que la mayoría de la gente que trabajaba el esparto pertenecían a clases sociales medias-bajas. Pero hoy en día el término legañoso ha dado un giro totalmente y ahora ser un legañoso es todo un orgullo. A ver si ya de una vez por todas nos patentan el hashtag #YoSoyLegañoso.

3. ¿Y la tapa es gratis?

Efectivamente. En un mundo en donde todo está carísimo y en donde apenas se llega a final de mes, salir a tapear en Almería es todo un lujo al alcance de cualquiera ya que la tapa está incluida en el precio con la bebida. Por algo más de dos euros tienes un tubo o una caña de cerveza, un tinto de verano o un vino con su propia tapa. En algunos bares, incluso, los refrescos con tapa también tienen el mismo precio.

4. Los días de lluvia se come migas

Un costumbre tan arraigada como extraña. ¿En qué ciudad del mundo se cocina en función del tiempo atmosférico del día? Pues, como los almerienses somos tan peculiares, en nuestra tierra hacer migas los días de lluvia o los días muy nublados en los que aparentemente parece que va a caer este mundo y el otro para luego caer cuatro gotas mal contadas, es ya toda un tradición ancestral. Esta tradición también la comparten algunas zonas de nuestra vecina Murcia (también compartimos otras muchas costumbres, de ahí que nos digan siempre que los almerienses nos parecemos más a los murcianos que al resto de andaluces). La lluvia en estas regiones es tan escasa que antiguamente el día que llovía se celebraba con una comida especial. Podría decirse que es algo así como una ofrenda al cielo por tan apreciado regalo.

5. Tenemos un diccionario almeriense

Bueno, ya sabemos que cada provincia y/o región tiene su propia jerga, pero es que en Almería hemos establecido lo que para nosotros es nuestro propio “diccionario almeriense” lleno de peculiaridades lingüísticas. Algunas de las particularidades de este diccionario son el utilizar el sufijo -ico/a, heredado de los repobladores aragoneses —no con la misma entonación— para hacer los diminutivos, por ejemplo: bonico, cochecico, pequeñico, etc. O también el sufijo -illo/a: zagalillo, chiquitillo, mijilla, etc. Además de contar con expresiones propias como: “totieso pa´llá”, “armar o montar un follaero” o “estar escocío», entre otras.

6. Lo que no se ve en los medios

Pues aspectos como nuestra jerga ya mencionada o nuestro carácter. Y es que los almerienses tenemos una personalidad bien distinguida. No sabemos si es por ser de esta pequeña esquina arrinconada al sur de la península o por la cultura heredada de nuestros antepasados, pero lo cierto es que somos muy nuestros y amamos mucho nuestras raíces así como nuestra tierra defendiéndola siempre a toda costa. También hemos estado olvidados mucho tiempo, algo que nos ha hecho reivindicarlo en numerosas ocasiones. Y todo esto es algo que tenemos que explicar muchas veces a los de fuera. Comprender nuestro carácter es tarea ardua.

7. La buena costumbre de hacer vida en la calle

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Quizás sea por ser una de la ciudades con más horas de sol al año de toda Europa, la cosa es que los almerienses tenemos mucha costumbre de hacer vida en la calle durante todo el año. En invierno en algunas otras ciudades no encontrarás un alma bendita un domingo por la tarde de enero por ejemplo, sin embargo en Almería ten por seguro que, si no está lloviendo, da igual que estemos en pleno invierno que siempre vas a encontrar, por lo general, a pesar de ser una ciudad pequeña, a mucha gente en la calle. Esto, además de tener que explicárselo a los de fuera, a los propios almerienses nos choca mucho cuando viajamos a otros lugares cuyos habitantes parecen estar escondidos cual conejo en su madriguera. Pero, ¿donde está la gente?

8. La buena costumbre de ir todos a la vez al mismo sitio

Esto suele pasar mucho en verano cuando vamos a la playa el domingo y nos encontramos a media Almería en la misma playa, es decir, a muchísimos conocidos e incluso familiares. También ocurre en invierno cuando caen los primeros copos de nieve en el Calar Alto. Al parecer, los almerienses tenemos un don para ponernos todos de acuerdo e ir a ciertos lugares todos a la vez el mismo día sin haberlo programado previamente. Algo que tenemos que explicar a los de fuera, pero que en realidad no sabemos cómo lo hacemos.

9. El sacar la prematura ropa de verano y de invierno

Otra costumbre cien por cien almeriense es sacar la ropa de verano una vez finalizada la Semana Santa y sacar la ropa de invierno una vez finalizada la Feria de Almería, en agosto, aunque aún haga viento y frío o un calor sofocante, respectivamente. Es algo que nos han inculcado nuestras abuelas y madres y que no podemos evitar. Esto es difícil de comprender para los de fuera cuando por ejemplo muchas veces a día uno de septiembre estamos todavía a treinta grados a la sombra. Somos así, ¡no podemos evitarlo!