Por M @ X

Carritos de la costanera

El comentario “Cómo me clavaría una bondiolita en la Costanera” es recurrente en las conversaciones con amigos porteños. Si es la primera vez que lo escuchás (porque sos de otro lugar o porque viviste toda tu vida en un tupper), hace referencia a los carritos de la Costanera sur, en Puerto Madero. Además del sándwich de bondiola, que viene solo o completo, también hay choripán, vacío, lomitos y todas esas cosas grasosas y carnosas que tanto nos gustan. Las colas pueden llegar a ser largas en fines de semana, por eso es muy recomendable ir un rato antes de empezar a desesperar de hambre. Llevar efectivo también es importante. Y, para completar el paseo después de comer, a bajar la comida con una caminata por la Reserva Ecológica, que está al lado y es hermosa. Programón.

Sándwich porteño

En Buenos Aires se come mucho “sanguchito”. El más clásico es el de jamón y queso. Pero hay mil opciones. Se consiguen en kioscos, panaderías o bares, pero si buscamos un lugar más pintoresco para ir a comer un sándwich, ese es Paulín (Sarmiento 635). Esta confitería es memorable por su barra en forma de U y sus mozos especialistas en deslizar platos en línea recta por la mesada y hacerlos llegar prácticamente al lugar del comensal. ¿Silencio? ¿Paz? Olvidate. Pura porteñidad en pleno microcentro: oficinistas apurados, turistas y visitantes ocasionales van pasando uno atrás del otro. Todo sale rapidísimo, pero, como en todos los lugares muy concurridos, vale la pena ir un ratito antes de que el hambre no nos deje pensar, sobre todo si es día de semana en horario laboral.

 

Pinchos en el Barrio Chino

Buenos Aires Chinatown, por Fernando Reis

Ubicado en Belgrano, el Barrio Chino es otro lugar clave para visitar. Es pequeño, no tiene más de 5 cuadras, así que se puede recorrer en un rato. Está lleno de locales de chucherías hermosas y baratas, restaurantes y supermercados con cosas que no se encuentran en ningún otro lado. Y, en medio de todo eso, los puestos de comida al paso, donde vamos a encontrar pinchos de tempura de langostinos, carne de cerdo o vegetales, arrolladitos primavera, croquetas y varias opciones de salsitas para combinar e ir comiendo mientras caminamos. Los jugos son la bebida predilecta (sobre todo porque no se consiguen en otro lado) y, como postre, un heladito Melona, que viene en sabores un poco extraños para un paladar tradicional pero deliciosos (el de banana es un hit). Importante: los negocios del Barrio chino no aceptan tarjetas, así que es importante llevar efectivo.

¡Heladito! (Gelato)

En Buenos Aires el helado es, en general, muy bueno. Y se consume en cantidad. Hay cadenas de heladería industriales, hay heladerías artesanales con varias sucursales, y después están las heladerías de barrio, más pequeñas y familiares. En los tres casos, podemos encontrar maravillas. Una que merece una mención especial, por ser de las más antiguas y que aún mantiene la elaboración propia y artesanal, es Cadore (Corrientes 1695). Para un caminante distraído podría pasar desapercibida, porque es chiquita y está ubicada en una avenida muy transitada, pero esta heladería, que ya lleva casi 60 años en el país es, sencillamente, espectacular. El dulce de leche es conocido por ser uno de los mejores. ¡Y el helado de vainilla tiene las semillitas de la chaucha! Súper artesanal y delicioso.

Chori en los bosques

Carne y más carne. Como los carritos de la Costanera, pero en el medio de los bosques de Palermo. El menú es el clásico: choripán, vacipán, bondiolas… Y el pastito ahí nomás viene incluido, para descansar después de la faena. Otro punto a favor es que siempre se puede encontrar alguno abierto, aunque sea de madrugada. Y, si es de día, se puede coronar el paseo en el Planetario, el Jardín Japonés, el zoológico, los lagos o alguno de los museos de la zona. 

Pizza de parado

Buenos Aires es una ciudad que debe romper algún record en cantidad de pizzerías. No tengo las cifras, pero estoy segura de que debe ser así. No hace falta caminar más de tres cuadras en cualquier avenida para encontrar una. Algo muy típico en las pizzerías más tradicionales de Buenos Aires es que se puede comer de parado, en la barra o en mesadas largas con banquetas. Podés comprar las porciones de pizza que quieras comer ¡y te dan vasitos de agua fresca! Pirilo, Güerrín, La Continental, Banchero, El Imperio de la Pizza y Nápoles son solo algunas de las más recomendables.

El pancho salvador

Hace unos cuatro años empezaron a aparecer en distintos puntos de la ciudad los locales de Nac&Pop. Ya existían las pancherías y hamburgueserías 24 hs, pero lo que hizo esta cadena de locales fue ofrecer un producto de mejor calidad, combinaciones distintas a precios muy accesibles (un combo ronda los $20) y con una decoración un poco más atractiva. Se come de parado, eso sí. La especialidad es el pancho, que viene en varias combinaciones distintas (una de las más celebradas incluye panceta y muzzarella), pero hay otras opciones: la bondiola, el lomito o las hamburguesas. Carne carne carne. Y están abiertos las 24 hs: eso no tiene precio. 

Harinaaaaa

La panadería argentina es otra opción más que práctica para comer al paso. En el rubro salado, los más populares son los sándwiches de miga, de pan blanco o negro y con muchos rellenos distintos. En el rubro dulce, las facturas son la opción predilecta. Puede que, si estás visitando Buenos Aires por primera vez, te sorprendas con algunos de los nombres que tienen. ¡Pero no temas! Son nombres heredados de los panaderos anarquistas de principio del siglo pasado, que bautizaron a algunas facturas en “homenaje” a la oligarquía que tanto detestaban: cañoncitos, vigilantes, bolas de fraile y sacramentos son algunos ejemplos.

¿Panaderías para recomendar? Hay miles y siempre se pueden encontrar joyitas desconocidas en cada barrio. Es cuestión de caminar y comer, comer, comer.

Crédito: Sarmale / Olga

Alfajores

De maicena, con cubierta de chocolate negro, blanco, con relleno de mouse, de dulce de leche, de fruta, glaseados, con masa de hojaldre…Cada región del país tiene su alfajor característico. Y en Buenos Aires hay un poco de todo. Para conseguir alfajores artesanales, lo mejor son las panaderías. En los kioscos encontramos más bien industriales, que no están nada mal. Dentro de los baratos, el Guaymallén y el Jorgito cumplen la misión de llenarnos la panza con algo rico. Por unas monedas más, el Terrabusi, el Milka y el Souchard son muy buenos. Y, como producto de elite, el Cachafaz es increíble.

Si, faltaron las empanadas, entre otras cosas. “Continuará”.