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Las mujeres y el aborto en la época prehispánica

México
by Xiu 20 Mar 2019

Durante las últimas décadas ha surgido con mayor fuerza el debate en relación a la decisión de las mujeres sobre su cuerpo, la maternidad y el derecho a un aborto legal y seguro, pero no es un tema nuevo: la interrupción de un embarazo no deseado es una práctica que se ha llevado a cabo desde siempre en muchas culturas alrededor del mundo, siendo por lo general una práctica por la que se castigaba tanto a la mujer que se sometía a ella como a quien realizaba el procedimiento.

Pero veamos el caso en concreto de los mexica, que tenían amplio conocimiento en el tema y que, como ahora, también se dividían en dos bandos: los que creían que el aborto es una abominación y los que creían que la maternidad debe ser un derecho y no una obligación.

Anteriormente te contamos sobre los cuidados que las madres nahua recibían para llevar correctamente su embarazo, los cuales no eran simples, pues las tlamatquiticitl —las especialistas en ginecología y obstetricia de la época—, les efectuaban constantes revisiones a la madre y al bebé.

Era tal el compromiso de aquellas parteras que su cuidado no solo se limitaba a la evolución física del embarazo (a través de la preparación de brebajes, aromaterapia, masajes y limpiezas constantes), sino que también procuraban el estado anímico y espiritual de la futura madre, para fortalecer el espíritu del bebé por nacer.

Pero las tlamatquiticitl, como mujeres que eran, comprendían el sentir de sus pacientes y con una primera mirada ya podían discernir si la noticia de un embarazo les causaba la mayor felicidad del mundo o si, por el contrario, venía a cambiar su vida de una forma no deseada en ese momento. Entonces hacían la pregunta correcta: ¿Realmente quieres ser madre?

Si la respuesta era positiva, la tlamatquiticitl procedería a aplicar todos sus conocimientos en pro de traer a este mundo a un bebé que los dioses habían enviado para engrandecer a la familia. Pero si la respuesta era negativa, la tlamatquiticitl, retando a los dioses y las leyes de su época, se compadecería de la angustiada mujer y le ofrecería su apoyo para interrumpir el embarazo antes de que su vida pudiese correr un riesgo mayor.

La ayuda de la tlamatquiticitl llegaba a través de una diosa que también comprendía los deseos de las mujeres: Tlazolteotl.

Tlazolteotl, que se traduce como “deidad de la inmundicia”, era la deidad de todos aquellos que practicaban la medicina, la quiropraxia, la psicología, la herbolaria y toda forma de sanación.

¿Por qué “de la inmundicia”? Pues porque las enfermedades son una suciedad de nuestro plano físico y emocional y a ella también se le encomendaban los pecados, los cuales también son considerados un aspecto sucio de la vida humana.

A través de Tlazolteotl, la tlamatquiticitl le proporcionaba a su paciente las hierbas necesarias para interrumpir su embarazo, porque aquella era una diosa de la vida pero también de la muerte y, como los ciclos son inquebrantables, sólo ella podía intervenir.

Las causas de aborto podían ser voluntarias (interrupción de un embarazo sano) e involuntarias (aborto espontáneo).

Como en la actualidad, muchas veces los embarazos se detenían por causas naturales inexplicables o por experiencias que vivía la futura madre:

«…también mandaba la partera a la preñada que no trabajase mucho, ni presumiese de diligente ni hacendosa (…), ni tampoco levantase alguna cosa pesada y que no corriese ni temiese ni se espantase de nada, porque estas cosas causan aborto».

(Fray Bernardino de Sahagún, Historia General de las cosas de Nueva España).

En cuanto a las causas voluntarias, tenemos las mismas que en la actualidad: abuso sexual de un desconocido, el hecho de que la madre pueda considerarse aún una niña o la precaria situación económica que no auguraba una buena calidad de vida para el niño.

En ambos casos, la tlamatquiticitl tenía el compromiso como mujer de ayudar a su paciente a través de la receta de hierbas, tés e infusiones a base de hierbas como la cihuapactli (hierba de la mujer), coapatli (hierba de la serpiente) y hasta la cola del tlacuache.

Para los mexica, que se encontraban en constante expansión de sus fronteras, tener una población creciente era una prioridad, ya fuera para integrar siempre nuevos guerreros a sus filas o para enviar gente a poblar nuevos territorios. Por ello, no podían darse el lujo de evitar el nacimiento de los niños.

Recordemos que las mujeres embarazadas recibían todos los cuidados necesarios para traer con bien al mundo a su hijo por considerarse que daría a luz a un nuevo guerrero o la futura esposa de alguno de ellos. Por tal razón, si las parturientas fallecían en la labor de parto eran divinizadas y se les consideraba muertas en batalla, lo que las elevaba al estatus de guerrero y podían ir al paraíso del sol: el tonatiuhichan.

Cometer un aborto, entonces, significaba abandonar una batalla y evitar el nacimiento de un hombre o mujer valiosos para su sociedad. En resumen, era una deserción.

Por lo tanto los procedimientos abortivos eran ilegales también en aquella época y el practicarlos representaba la pena de muerte para la tlamatquiticitl y para su paciente.

Así lo relata una de las leyes mexica:

«…la mujer preñada que tomaba con qué lanzar la criatura y la física que le había dado con qué echase la criatura, ambas morían…».

(Fray Toribio de Benavente “Motolinia”. Memoriales de las cosas de la Nueva España y de los naturales de ella).

Como puedes ver, también para los mexica, la maternidad era una obligación que la mujer no podía eludir.

Fuentes:

  • Fray Bernardino de Sahagún, Historia General de las cosas de Nueva España
  • Biblioteca digital de la medicina tradicional mexicana
  • Fray Toribio de Benavente “Motolinia”, Memoriales de las cosas de la Nueva España y de los naturales de ella
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