«Cuando el tecolote canta, el indio muere» es un viejo refrán, creado en alusión a Ah Puch, también conocido como Yum Kimil, dios de la muerte y de Xibalbá, el inframundo de los mayas. Esta deidad fue y es aún muy influyente en los pueblos mayas que todavía conservan sus costumbres y en países como El Salvador y México.

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Yum Kimil es la deidad principal del Xibalbá (infierno maya) y dios de la muerte maya. Era una deidad malévola, a quien se asociaban animales nocturnos, como el murciélago, el búho y la lechuza.

Yum Kimil no era representado precisamente bello, era una figura humana con una calavera por cabeza, se le notaban las costillas y presentaba puntos negros, signos de putrefacción.

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De su nariz emanan aromas fétidos, porta pulseras o collares con cascabeles en formas de ojos fuera de sus cuencas. Otras veces se representa con un cráneo de búho en su cabeza. Se cree que Yum Kimil merodea las casas de los enfermos cara cazarlos y llevárselos al Xibalbá, pero una forma de espantarlo era gritar muy fuerte para que éste pasara de largo.

La globalización y adopción de culturas extranjeras han ocasionado que se relegue a deidades a quienes hace 500 años se les habría temido. El mismo náhuatl es denigrado por la mayoría. Este es un breve recordatorio de que antes de brujas y vampiros, en México a los muertos se les recordaba y a los dioses se los honraba.

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