Tobías me dijo estas palabras: “Laura, te amo, te amo de la manera que sos, aquí y ahora. Quiero que te ames de la misma forma. Después, sí, podés elegir a quién amar. Puedo ser yo o puede ser cualquier otro”. Él fue mi novio y me amó de la única manera posible: enteramente.

Sus palabras me penetraron hondo. Tuve un destello de mí misma, de lo que en verdad era, un ser con luces y sombras, con un camino duro detrás y otro incierto por delante, pero que en ese momento era pura perfección ante sus ojos.

Sin embargo, no le creí y ahora, a décadas de distancia, veo que su gran amor no pudo darme a mí la mirada amorosa que yo no me daba. No hubo manera. Y mirá que lo intentamos. Yo rechacé su amor porque me confrontaba directamente con el rechazo que sentía hacia mi misma. ¿Cómo alguien podía amarme de esa forma a mí? No podía ser cierto… Moraleja: Nadie puede darte el amor que vos no te das. Y si alguien se atreve, seguramente no vas a creerle y vas a huir, o vas a hacer que el otro huya, sintiendo que con el fin de esa relación se acaba el amor, que el otro se lo lleva.

Ya les contaré más adelante qué fue de Tobías, pero como estamos en febrero, “el mes del amor” para muchos (¡para mí es el mes de mi cumpleaños!), quiero hablar del amor más importante: el amor hacia uno mismo. Ya sea que estés en pareja o soltera, y aunque tu auto-desamor no sea tan profundo como el que yo una vez sentí, la mejor decisión que podés tomar para garantizarte relaciones plenas es amarte. Te invito a que cierres los ojos, respires profundamente y te preguntes: “¿Cómo necesito amarme en este preciso (y precioso) momento?”.

Muchas veces, cuando pensamos en cómo amarnos y cuidarnos, aparecen planes para consentirnos con cosas o con experiencias: un viaje, comer un pastel de chocolate, ir de compras con amigas, leer un buen libro. Eso está muy bien, es necesario hacer cosas que nos gusten y que nos den placer. Pero lo que yo te propongo es que vayas más allá, y practiques el sencillo y valiente acto de pararte frente al espejo y VERTE.

¿Qué te dicen tus ojos cuando los mirás profundamente? Los momentos de mayor intimidad con otros ocurren cuando estamos en silencio, y esto no es diferente para la relación que tenés (o que querés crear) contigo. Quedate en silencio mientras te ves y escuchá qué te decís, cómo te lo decís y qué sentís al escucharte. Observate, observá de cerca todo lo que sos.

Estoy por cumplir cincuenta años y, la verdad, los “te amo” dichos a quien sea ya me parecen poco específicos. El amor, para mí, es una práctica y por eso prefiero poner en palabras el cómo. ¿Cómo me amo? Me amo viéndome enterita y reconociéndome, no aún, sino especialmente en aquello de mí que rechazo. ¿Cómo amo a los otros? Pues de la misma manera. Nadie puede dar a los demás lo que no tiene. Esta es una gran verdad que rige todas nuestras relaciones. El amor hacia vos misma, entonces, empieza por explorar lo que no te gusta, lo que te duele, lo que te da asco, lo que te da miedo y vergüenza, lo que te enoja y desearías que no esté en vos.

He disfrutado mucho de mis viajes, es siempre divertido y esclarecedor conocer lugares y culturas. Sin embargo, el único viaje que me ha transformado realmente es el viaje interior. El viaje interior no es un conjunto de técnicas de la new age: podés hacer visualizaciones de seres de luz, o repetirte una y mil veces “soy hermosa, me amo, merezco lo mejor”. Pero si no volvés a andar el camino interior que te llevó a no amarte como de verdad deseás y necesitás hacerlo, tus palabras y tus visualizaciones van a ser un simple truco vacío que funcionará por unos minutos, nada más.

Es imprescindible que desandes el camino hacia lo que te generó las heridas que hoy te refleja el espejo. Solemos asociar el recordar con un proceso mental, pero mirá qué interesante es la etimología de este verbo: viene del latín recordari, formado por re (de nuevo) y cordis (corazón). Recordar es, entonces, “volver a pasar por el corazón”.

Cuando te mires a los ojos y te escuches diciéndote algo que te resulte doloroso, no te escapes, quedate ahí, sé vulnerable con vos misma. Volvé a pasar eso que te duele por el corazón. Llorá, reite, pataleá, puteá, escribí cartas y quemalas. Pero quedate ahí, con vos, cerquita tuyo. Eso, mi vida, es el amor hacia uno mismo. Eso es amarte como te merecés.

Cuando me separé del papá de mis hijos, me dije: “Ahora quiero enamorarme de mí primero; luego de la vida y finalmente, sí, volver a amar a un hombre como mi pareja y abrirme a ser amada”. ¡Lo logré! Pero para ello tuve que, primero, verme. Verme sin ilusiones, desnuda, y acercarme a mi imperfecta desnudez con el amor y el cuidado con los que me acercaba al cuerpo de mis hijos cuando eran bebés.

Utilizo diferentes técnicas (abajo te cuento), pero principalmente me escucho a través de la meditación (medito de muchas maneras) y, cuando me encuentro con algún monstruito, le doy voz, lo apapacho, lo cuido, le doy lo que necesita. A veces hasta celebramos. Imaginate estar de fiesta con tus monstruos, con tus miedos, con tus heridas, ¡todos juntos danzando por una vida gozosa y abundante!

En todos estos años de camino interior creo que mi descubrimiento más importante ha sido el darme cuenta de que que soy mucho más que mis aspectos heridos. Soy un universo rico y perfecto, del que cada día descubro más recovecos. Ahora, cuando me miro al espejo, ME VEO. Al verme, vuelvo a encontrarme con los ojos dulces de Tobías, con su chispa divina y su amor hacia lo que había en el momento presente. Le agradezco profundamente aquello que me reflejó de mí misma, el haber sido un poderoso mensajero de un mensaje que me salvó y que aún repito, esta vez dedicado a mí misma: “Laura, te amo, te amo de la manera que sos, aquí y ahora”.

Hoy me amo mucho, con todo, con mis monstruos y con mis angelitos, y amo a los demás de la misma forma. También, al valorarme más y mejor he atraído vínculos que reflejan esa autoestima (“como es adentro, es afuera”).

Hasta diseñé este anillo para celebrar mi nuevo compromiso conmigo y con la vida:

anillo de Lau
Photo: Lau B

Hoy mi querido Tobías está casado y esperando su primer hijo. Somos amigos del alma y, además de los mensajes ocasionales por whatsapp, me encuentro con él cada vez que amo con total presencia lo que la vida trae. Ya ven que, tal como él quiso, cada uno está amando a quién eligió amar.

Posdata: En el viaje interior no hay fórmulas, no existen los “X sencillos pasos para”; es un camino individual en el que vas a ir encontrando las herramientas adecuadas cuando las necesites, para convertirte en tu propia maga. Si tenés interés en conocer lo que a mí me ha servido, escribime a laura@matadornetwork y te cuento : )