Utilizados desde hace varios siglos para fiestas profanas o religiosas, los tapetes de flores y aserrín son una muestra más de la devoción y del sincretismo religioso y cultural que se da en México.

El respeto y el fervor no están peleados con el color y la belleza de estas alfombras, cuyo motivo de existir es la necesidad de materializar el agradecimiento por las bendiciones recibidas, como la salud o las buenas cosechas.

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En agosto de 2018, una majestuosa alfombra de flores y aserrín asombró a los habitantes de Bruselas, cuya plaza fue decorada por artesanos de Uriangato (Guanajuato).

Durante la época precolombina, los grandes gobernantes y los sacerdotes las utilizaban para evitar pisar el suelo frío y polvoriento, dada su investidura desde una perspectiva sagrada. Los artesanos elaboraban los más intrincados diseños con materiales muy variados como aromáticas hojas de pino, flores de muchos colores, y también se utilizaban plumas de aves preciosas como el quetzal, la guacamaya y el colibrí. Las alfombras oficiaban como un tributo al personaje, una manera de demostrar sumisión y agradecimiento.

En Europa se elaboraban como una remembranza de la entrada de Jesús en Jerusalén, cuando la gente extendió a su paso prendas de vestir y palmas. En siglo XIV se empezaron a utilizar plantas de olor como el romero, el espliego y los pétalos de rosas.

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Al inicio y al final se colocaban, además, arcos florales. Se fueron volviendo populares y se usaron en otras festividades como la procesión del Corpus Christi, durante la Semana Santa, o para alguna fiesta patronal.

La mayoría de estas alfombras comienzan definiendo la imagen que se quiere elaborar. Luego, se pone una primera capa de aserrín sin teñir en un marco de madera, alisando las superficies ásperas, sobre todo si es una calle empedrada. Luego se rocía con un poco de agua para compactar y se coloca el diseño, ya sea con una plantilla o a mano alzada.

El relleno o color se puede aplicar a mano, con aserrín previamente lavado y entintado (con tintes naturales o industriales). Para finalizar, se vuelve a rociar con un poco de agua para fijar el aserrín en su lugar y mantener los colores. Para hacerlos más vistosos, y darles más textura se complementan con semillas, flores, corteza, sal de grano teñida y hasta verduras.

Cada familia se prepara con meses de anticipación para contribuir en la fiesta patronal o en semana Santa, según la manda que deban cumplir. Cada aportación familiar (dinero, materiales o mano de obra) ayuda a la transformación de una calle en un museo de arte colectivo al aire libre. Hay quienes incluso ayudan a sus familiares que viven en otros estados con el pasaje y los gastos, para que vengan y trabajen codo a codo con el resto de la familia.

En México puede admirar estos tapetes de aserrín y flores en:

Xico, pueblo mágico del estado de Veracruz, que celebra cada 19 de julio a Santa María Magdalena. El tapete se confecciona a lo largo de la calle Hidalgo, al final de la cual se levanta majestuoso el templo dedicado a la patrona del lugar.

En Huamantla (Tlaxcala), la tradición de los tapetes de aserrín es tan importante que, en 2013, el Congreso del Estado decidió declararlos como Patrimonio Cultural Inmaterial del Estado de Tlaxcala. La fiesta principal dedicada a la virgen de la Caridad, se realiza en los meses de julio y agosto, junto con la Noche que Nadie Duerme que invariablemente se celebra cada 14 de agosto, donde a la media noche se inicia la procesión de la Virgen.


Crédito: @jordimontielramos

Una tradición conocida como la Octava consiste en sacar a San Miguel Arcángel a pasear en las calles de Uriangato (Guanajuato), una costumbre colonial que solo se vio interrumpida durante la Guerra de Independencia y la Guerra Cristera.

En 2017, Uriangato fue la sede del Segundo Congreso Internacional de Alfombristas, con presencia de países como Bélgica, Brasil, España, Guatemala, Italia y Japón, así como las delegaciones nacionales de Huamantla y de Patambán (Michoacán). Todos estos lugares tienen en común una fuerte tradición en este arte, algunos desde hace varios siglos.

Otros lugares de México donde también se hacen estos tapetes son: Ecatepec, en honor de Santa Clara de Asís (11 de agosto) y San Pedro Totoltepec en la Fiesta de San Pedro Apóstol (29 de Junio), ambos en el Estado de México; Patambán, Michoacán (Cristo Rey, último domingo de noviembre); en Día de Muertos y Semana Santa, es posible verlos también en Atlixco (Puebla) y en Zaachila y en Tuxtepec (Oaxaca).

El tapete con el cual Bruselas rindió homenaje a los artesanos de Uriangato fue esbozado por la Diseñadora Gráfica Ana Rosa Águila, con típicos símbolos otomíes y una extensión de 75 metros de largo por 24 de ancho. Para realizarlo se contó con 100 voluntarios y con más de 600.000 begonias, además de dalias, césped y corteza.

Crédito: Flower Carpet/Facebook

Este es un arte efímero ya que la belleza de los tapetes (y el trabajo arduo que involucra el hacerlos) desaparece al paso de la procesión, tal vez como recuerdo de que la vida es, realmente, un suspiro.