Más allá de las guerras, de las grandes ciudades y de héroes sobre los que ya te hemos hablado, en el mundo prehispánico también existieron algunos seres mitológicos que hacían de aquel mundo uno lleno de magia, que nada tiene que envidiarle a los cuentos medievales repletos de aventuras y monstruos fantásticos que tantas veces hemos visto en las pantalla grande y disfrutado en libros.

Hoy quiero mostrarte tres aves misteriosas aves que aparecen en las leyendas mexicas de la gran ciudad de Tenochtitlan.

Quatezcatl

Del Códice Florentino

Su tamaño era como el de una paloma y en la cabeza tenía incrustado un espejo en donde uno podía ver su rostro u otras visiones. Su plumaje era color azul y blanco. Cuando se zambullían en las aguas del lago emitían el resplandor parecido al de las brasas de leña. Si alguien lograba capturar una de estas preciosas aves, podía ver su rostro desvanecerse y vislumbrar lo que le deparaba el futuro. Una de estas aves fue presentada ante Moctezuma y, en su cabeza de espejo, pudo ver la llegada de los españoles.

Atotolin

Era la más temida de las aves del lago. Su cabeza era grande, el cuerpo alargado y tenía un pico amarillo y largo, y cola y patas muy cortas y fuertes. Era tan difícil cazarla que la empresa duraba días. Si en el cuarto día no era capturada, el atotolin miraba fijamente a sus captores y cantaba fuertemente para agitar los vientos y hundir las canoas, paralizando el cuerpo de los cazadores hasta que se ahogaban.

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Quiénes lograban capturarla le abrían el estómago y podían encontrar una piedra preciosa, lo que auguraba un buen futuro, o un trozo de carbón, lo que significada la pronta muerte del cazador.

Del Códice Florentino

Atzitzicuilotl

Los atzitzicuilotl eran pequeños, redondos, con picos negros, largos y agudos y se dice de ellas que bajaban del cielo en las nubes de lluvia. Al llegar al agua se transformaban en peces de colores que vivían en el fondo del lago.

 

Fuentes:
“La visión de los vencidos”, de Miguel León Portilla.
“Historia General de las cosas de la Nueva España”, de Bernardino de Sahagún.