En México tenemos una gran variedad de alipuses para todas las gargantas aventureras y gustos sui generis. Hay unas que han llegado a nosotros desde la época prehispánica y que hicieron las delicias y las borracheras de propios y conquistadores durante la colonia. En esta ocasión les traigo algunas de ellas, un poco menos conocidas pero más pegadoras que la patada de una mula. Tanto así, que puedo decirles que después de probarlas bien aplica el dicho mexicano: “Dios, si en la borrachera te ofendí, en la cruda me sales debiendo”.

 

Acachul

Desde el estado de Puebla nos llega este singular licor, también llamado “vino”, que se prepara con aguardiente de caña y se mezcla con otras frutas como zarzamora, limón, naranja, guayaba y manzana. Solo se puede comprar en la región y se prepara principalmente para las fiestas de la Huasteca poblana.

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Agua de cebada

El agua de cebada era una bebida refrescante de consumo habitual entre el sur de la comunidad valenciana y el norte de la región de Murcia, en España. En México es más tradicional en los estados de Nayarit y Sinaloa y se prepara mezclando el polvo de cebada con agua, azúcar, un poco de canela entera y se sirve con hielo al gusto, como lo que en México conocemos como una horchata. Para obtener su óptimo nivel de alcohol, debe de fermentarse por algunos días, y se toma principalmente durante el verano, justo para los meses de más calor, acompañando un delicioso pescado zarandeado típico de la Riviera Nayarita.

Bacanora

El estado de Sonora nos regala con esta bebida para “machos muy machos”, que se obtiene de la destilación de un tipo de agave conocido como yaqui o yaquiana. Es mucho más dulce y contiene mayor cantidad de alcohol que su majestad el tequila.

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Se sabe que tiene más de 300 años haber sido creada, pero Elías Calles, quien fuera gobernador del estado de Sonora, prohibió su comercialización ylas plantas destiladoras desaparecieron. Con el paso del tiempo, algunos pequeños productores volvieron al negocio y comenzar a distribuirlo de nuevo por todo el estado.
Es tan estimada en su tierra originaria, que hasta se le menciona en un tradicional corrido que identifica a esta entidad, «SONORA QUERIDA». Esta bebida acompaña a los sonorenses toda la vida, desde el nacimiento hasta la tumba. Desde el año 2000, cuenta con denominación de origen reconoce como productores de esta exquisita bebida a 35 municipios de este estado.

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Los conocedores recomiendan elegir la botella cuyo líquido sea de tono transparente o amarillo y que al ser agitado, no haga burbujas grandes que desaparecen rápidamente.

Charanda

Típica del hermoso estado de Michoacán, esta bebida se obtiene de la destilación y rectificación de mostos fermentados. Si bien el proceso de elaboración es similar al del ron, el sabor de la charanda es especialmente dulce derivado de la mezcla entre el jugo de caña y el piloncillo, su ingrediente secreto.

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Originaria del Uruapan, su historia se remonta al siglo XVI, cuando comenzó a cultivarse la caña de azúcar en Michoacán. Se cuenta que le fue dado ese nombre en distinción al cerro de La Charanda, donde la mezcla de minerales específicos y materia orgánica humidificada dan al suelo una apariencia rojiza, por lo que no es extraño que el significado del nombre de esta bebida en lengua purépecha sea “tierra colorada”.
Cuenta ya con la denominación de origen, cuya área geográfica está integrada por 16 municipios localizados en la parte central del Estado de Michoacán. Además, las botellas son de lo más folclóricas, con etiquetas con leyendas subidas de tono, muchas veces alabando sus propiedades, mejores que las de la competencia.

Sotol

Desde el desierto llega el Sotol, primo cercano del mezcal y del tequila. Se consideraba uno de los pocos lujos que los habitantes de tan áridas tierras se daban y solo se producía regionalmente.

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Esta bebida que se produce en los estados de Chihuahua, Coahuila y Durango, cuenta ya con denominación de origen, desde el 2002.
Algunos autores dicen que se tiene noticia de que su producción data desde hace unos 800 años, por los pobladores de ciudades prehispánicas como Paquimé, quienes descubrieron además que las carnes de las piñas de soto o sereque. una vez cocidas en hornos subterráneos, se convertían en algo dulce y nutritivo; por lo que además las usaban como alimento más en la época prehispánica.

Tepache

Aunque tiene un nivel muy bajo de alcohol, esta bebida recuerda al sabor de una cerveza dulzona. En ciertas comunidades indígenas en Oaxaca, Querétaro, Guerrero, Puebla, Chihuahua, Sinaloa, Sonora, Veracruz, Yucatán, Campeche, Quintana Roo, Tabasco, Chiapas y Morelos, el tepache se elabora de maíz, al parecer siguiendo una tradición religiosa de la cultura maya.

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Al norte del país se le conoce como “tesgüino” o tejuino, que proviene del náhuatl tecuin, “latir del corazón”. Dependiendo la región se le agrega sal y limón, así como chile en polvo. Los indígenas rarámuris le conferían un uso religioso y festivo para acompañar diferentes celebraciones de la vida.

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Al sur del país, especialmente en Tabasco, su nombre es el de Pozol –del náhuatl, pozolli, que quiere decir “espumoso”–, en donde se consume tanto el líquido como la masa de maíz fermentado para fines medicinales.
Actualmente es más fácil encontrarla hecha a base de la fermentación del jugo y la pulpa de la piña y en algunas ocasiones de guayaba, manzana, tuna o naranja.

Toritos

En mi querido y nunca bien ponderado Veracruz, estas bebidas heladas son tradicionales, especialmente en la región del Sotavento Veracruzano, del que les platicare en otro artículo.
Los toritos están hechos de alcohol de caña, que se produce igual en el estado y frutas naturales. Su nombre de torito se remonta, según las historias contadas de padres a hijos, a cuando los primeros jornaleros de la zona azucarera estaban muy cansados después de la jornada y hacían preparados de frutas para refrescarse, al cual le ponían un poquito de alcohol de caña (pa´relajarse, pué…). Al tomarse la bebida decían que se sentían fuertes y grandes como toros, y eso les daba el impulso para seguir.


En la actualidad esta bebida se ha perfeccionado y ha adquirido popularidad en todo el estado, donde se pueden probar toritos de diversos sabores que van desde frutas exóticas como la guanábana, jobo, nanche, coco, hasta extracto de café, cacahuate o nuez. Su consistencia es cremosa y muy dulce, pero es potente. Y es que su sabor dulce es engañoso y, si lo tomas con el estómago vacío, atente a las consecuencias, eh pariente.
De regalo, les dejo la receta de los pegadores toritos:
-1 lata de leche evaporada.
-1 lata de leche condensada.
-2 tazas de aguardiente de caña.
-250 gramos de crema de cacahuate, si es con trocitos, mucho mejor.
-hielos, los necesarios y se sirve en vasos altos.
¡Y a disfrutar!