Dicta el refrán que el muerto al pozo y el vivo al gozo y eso no puede lograrse sin una buena bebida que acompañe los alimentos en los altares de muertos de México. Aunque estamos convencidos de que nuestros difuntos regresan a disfrutar de los sabores y aromas que más les gustaba en vida, también es cierto que quienes terminamos comiendo y bebiendo todo lo que conforma la ofrenda somos nosotros, junto con los padrinos del altar y el resto de la familia.

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En el altar suele ponerse todo tipo de bebidas, pensando en los gustos de cada pariente difunto: a los niños se los recuerda con jugos de frutas y leche y a los adultos se les pone su bebida favorita, que va desde refrescos de cola, aguas de Jamaica u horchata, y no pueden faltar las bebidas alcohólicas de cada región, como el tequila, el mezcal, el pulque, la bacanora y el sotol.

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Hoy voy a hablarles de las bebidas que nunca faltan en nuestras ofrendas:

 

1. Los atoles

En las Cartas de Relación que Hernán Cortés enviaba a España expuso que los mexicas tomaban una bebida espesa preparada de maíz, agua, miel y chiles que era muy energética, a la que llamaban «atolli», que quiere decir aguado, aunque también se le decía «tol». Lo empezaban a preparar hirviendo masa de maíz hasta que espesara y luego le añadían los demás ingredientes.

El atole original está hecho con agua, pero a los españoles no les gustaba mucho el sabor, por lo que comenzaron a añadirle leche, tal como le conocemos ahora. En la actualidad el atole se consume en todo México y se puede encontrar incluso ya industrializado, en sobres con sabores como vainilla o fresa, a los que sólo hay que añadirles agua o leche.

Tanto en cualquier gran ciudad como en las comunidades indígenas puede uno consumir desde el más tradicional como el champurrado, hecho con masa y chocolate (primera foto), hasta el de maíz que se conoce como granillo o el de arroz con leche (segunda foto).

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En el Totonacapan se puede tomar el atole morado, que se hace con maíz azul, y también los hay de frutas, dependiendo de la estación: piña, naranja o tamarindo.

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El más novedoso que yo he tomado es el que está hecho a base de galleta María, una verdadera delicia.

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2. El pozol

Está hecho con masa de maíz, cacao molido y otros ingredientes a los que se agrega agua fría. La tradición dice que debe colarse y servirse en jícaras labradas en Jalpa de Méndez, en Centla o Zapata, municipios del estado de Tabasco. Los tabasqueños de la costa, utilizan cáscara de coco en lugar de jícaras.

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3. El chilate

Se prepara con chile, maíz tostado y cacao y, dependiendo la región del sureste mexicano donde se prepare, se le agrega anís, pimienta, jengibre o canela. El chilate se sirve frío y se toma con dulces típicos como buñuelos.

 

4. Agua de barranca

Servida en las fiestas patronales y en el Día de Muertos, esta bebida es típica de Zacatelco, municipio del estado de Tlaxcala. Se sirve fría y se prepara con cacao, maíz, haba, canela, anís, azúcar y hielo. Para su elaboración se utiliza un cajete, un molinillo y una coladera.

 

5. Balché

Es lo que se conoce como hidromiel, una bebida espirituosa (¡embriagante, pues!) consumida por los mayas antes de la conquista y que todavía sigue consumiéndose en la zona maya que pertenece a México y en Centroamérica.

Se elabora en un bebedero o canoa, que llenan de agua y almíbar, agregan pedazos de corteza y raíces de árbol de balché. La mezcla empieza a fermentar inmediatamente. Resulta ello en una bebida embriagadora que la gente usa en sus rituales.

Entre los lacandones de Chiapas, se cree que los dioses fueron los primeros en emborracharse con la bebida y que ellos tienen el deber sagrado de imitarlos pasando por la misma experiencia. Los lacandones cantan rezos mientras preparan el balché… Primero, el bebedor ofrece su bebida a los dioses y luego a los presentes, en un ritual que se extiende hasta el amanecer. Los lacandones llaman al balché el «Señor del Balché» y lo identifican con Bohr o Bol, el dios de la borrachera, algo así como el dios Baco de los Romanos.

 

6. El chocolate

La historia del chocolate mexicano está ligada a la selva tropical de Mesoamérica. Algunos historiadores cuentan que entre los vestigios de la cultura olmeca han encontrado recipientes con restos de chocolate, en el sur de Veracruz. Entre los mayas, hay referencias en glifos, en las estelas y esculturas, pudiendo rastrearse su consumo del chocolate en vasos para beberlo, especialmente marcados con un glifo específico que correspondía a la palabra chocolate. Algunas de estas vasijas estaban decoradas de manera muy elaborada, lo que sugiere que el chocolate era una bebida favorita de la élite maya.

La leyenda dice que el emperador Nezahualcoyotl bebía 80 jícaras de cacao a la semana, cada una llevada por una doncella distinta (traviesito y antojado don Neza).

Esta bebida cumplía además con diferentes propósitos en Mesoamérica. Se utilizaba para tratar los síntomas del resfriado y la fiebre; se usaba en ceremonias religiosas y como ofrenda a los dioses. A veces se mezclaban semillas de achiote con la bebida para darle un color rojo sangre con fines religiosos, como el caso del tascalate de Chiapas, preparado a base de maíz, cacao, achiote, azúcar y canela (estas dos últimas adicionadas a partir de la colonia), que ya se consumía antes de la llegada de los españoles. 

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La imagen de portada pertecene a Sabor oaxaqueño, productos artesanales.