Cuando uno se encuentra con una librería es casi seguro que a la vuelta habrá un café, uno de esos lugares que trascienden su propio espacio para convertirse en capillas para los bohemios, las charlas intensas y las reflexiones. Hablo de esos cafés que suelen ser punto de encuentro para escritores conocidos y anónimos; lugares en donde la inspiración y la frustración se hacen presentes frente a la página en blanco. Y es que, ¿cuántos libros no se han abierto camino al abrigo de un café? 

Los cafés de la CDMX no son ajenos al fervor literario y muchos de los que cruzamos a diario han sido refugio y punto de encuentro de maestros de las letras. Aquí te cuento sobre algunos de los más famosos. 

 

Cafés de la CDMX que todavía puedes visitar

 

1. Café La Habana 

Se dice que en este café —frecuentado de manera regular por Fidel Castro y el Che Guevara— se fraguó la Revolución Cubana. Pero el Café La Habana también fue el escenario en donde se desarrolló el infrarrealismo, un movimiento poético en el que destacó el escritor chileno Roberto Bolaño, quien incluso hace alusión a este café en su novela Los detectives salvajes. 

 

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Dentro del Café La Habana hay una placa conmemorativa de sus sesenta años. En ella se leen los nombres de escritores como Octavio Paz, Gabriel García Márquez y Renato Leduc. Aquí casi nada ha cambiado desde 1952, su año de inauguración. De sus paredes anaranjadas aún cuelgan enormes fotografías en blanco y negro de la ciudad de la Habana, sus viejas cafeteras siguen bufando como si fuera el primer día y las mesas se siguen llenando con personajes distintivos. 

En este sitio se respira la bohemia cubana como si estuvieras en La Habana real.

Dónde: Avenida Morelos esquina con Bucareli, Juárez

 

2. Café de Tacuba 

¡Qué no han visto las paredes del Café de Tacuba! Este café abrió sus puertas en los albores de la Revolución Mexicana y desde entonces ha sido punto de encuentro de escritores, políticos, músicos, artistas y personajes de la farándula mexicana. Se encuentra en un antiguo palacete del siglo XVII y atravesar sus puertas es como transportarse al corazón de una cocina conventual de tiempos pasados. 

 

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Entre los hechos anecdóticos del Café de Tacuba se cuenta la recepción que ofreció Diego Rivera para celebrar su primer matrimonio. Pero hablando de escritores, entre sus clientes estuvo Octavio Paz, Elena Garro, el músico poeta Agustín Lara y Oscar Lewis, entre otros. Por cierto, dicen que el mismo Lewis se inspiró en uno de los empleados del café para escribir uno de sus libros más conocidos, Los hijos de Sánchez.

Dónde: Tacuba 28, Centro Histórico

 

3. La Ópera 

La Ópera no es propiamente un café, pero no podía dejar de mencionarlo porque fue uno de los lugares predilectos de numerosos escritores durante todo el siglo XX. En las mesas de La Ópera llegaron a reunirse personajes como Carlos Monsiváis, Fernando Benítez, Octavio Paz, Carlos Fuentes, el pintor José Luís Cuevas y Gabriel García Márquez. 

 

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Antes de que La Ópera se volviera un punto de encuentro de esta pléyade de escritores, Pancho Villa ya había dejado huella de su visita con un disparo en el techo que aún es visible y se ha convertido en emblema de este sitio. Desde su inauguración en la segunda mitad del siglo XIX, La Ópera no ha perdido su elegancia ni su ambiente bohemio que incita a la creación literaria. 

Dónde: 5 de Mayo 10, Centro Histórico

 

4. Café La Blanca

La historia del Café La Blanca es bastante curiosa. Abrió sus puertas en 1915 pero no como café, sino como lechería. Su primer propietario fue el señor Higinio Gutiérrez Peláez, quien tuvo la idea de ir expandiendo el negocio ofreciendo un pequeño menú. El café fue adquirido años más tarde por Marciano Diez y Diez, quien siguió desarrollando el menú y convirtió a La Blanca en uno de los cafés más populares del Centro Histórico.

 

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Muchos dicen que aquí se sirven los mejores desayunos de la ciudad y uno de los cafés lecheros más adictivos. No es de extrañarse que por aquí hayan pasado muchos personajes famosos de la historia, incluyendo a varios presidentes mexicanos y al mismo John F. Kennedy. El café fue famoso entre los círculos intelectuales mexicanos y era punto de reunión de escritores refugiados españoles. Entre los clientes frecuentes de La Blanca estaba Carlos Monsiváis. 

Sobre La Blanca también se ha escrito mucho pues además de ser un ícono de la ciudad es una especie de máquina del tiempo, con su mobiliario antiguo y ese enorme reloj de aires anacrónicos. No es difícil entrar en este café e imaginarse por un momento a Roberto Bolaño escribiendo notas para su libro Los detectives salvajes, mientras la cafetera bufa y las órdenes de desayunos vuelan. 

Dónde: 5 de Mayo 40, Centro Histórico

 

Cafés de la CDMX desaparecidos y algunas alternativas

 

5. Café París 

Corría el año de 1934 y en las calles del Centro Histórico abría sus puertas el que sería el punto de encuentro por excelencia de los intelectuales de la Ciudad de México. El Café París inició sus operaciones en un pequeño local en la calle de Gante. Más que un café, se trataba de un centro cultural lleno de distinguidos visitantes del quehacer literario como Salvador Novo, André Breton, Rodolfo Usigli, Efraín Huerta, Carlos Pellicer y Xavier Villaurrutia. Octavio Paz utilizó el París como redacción de la revista Barandales y lo mismo sucedió con otras publicaciones de la época como Letras de México. En el París también se daban cita artistas de la talla de Remedios Varo, David Alfaro Siqueiros, Silvestre Revueltas, Rufino Tamayo y Juan Soriano. 

La época de oro del París se extendió hasta mediados de los años cincuenta cuando cambió de domicilio a la calle de 5 de Mayo esquina con Filomeno Mata. Aunque el lugar siguió siendo frecuentado por periodistas —el Club de Periodistas se encuentra cruzando la calle— y escritores durante las Ferias del Libro del Palacio de Minería, nunca recuperó su fama y cerró en 1994. El lugar que ocupó el Café París en 5 de Mayo está ocupado por La Pagoda, un café en el que aún puedes buscar la inspiración en compañía de un muy buen café con leche.

Dónde: 5 de Mayo 10, Centro Histórico

 

6. Cafés de la Plaza Luis Cabrera  

La Ciudad de México fue uno de los principales nutrientes de la Generación Beat. Su base era la casa del escritor William Burroughs en el número 193 de la calle de Orizaba. Hasta ahí llegaron personajes como Jack Kerouac, Allen Ginsberg y Neal Cassady. Los cafés, bares y uno que otro tugurio de la colonia Roma, especialmente los que se encontraban en la Plaza Luis Cabrera, eran frecuentados por Burroughs y compañía. Quizá en alguno de ellos Jack Kerouac se inspiró para escribir Mexico City Blues. 

El acontecimiento que terminó con el paso de la Generación Beat por la Ciudad de México, fue el homicidio de la esposa de Burroughs es su casa de la Roma. Todo sucedió por un disparo accidental con el que el propio escritor mató a su esposa. Burroughs fue encarcelado en el Palacio de Lecumberri, aunque salió libre a los trece días gracias a un amparo interpuesto por Bernabé Jurado, mejor conocido como el abogado de los tramposos. Una vez libre, Burroughs se fue de México y con él la presencia de la Generación Beat en la ciudad.

Aunque los cafés que frecuentaba la Generación Beat ya no existen, cerca de la Plaza Luis Cabrera hay lugares como el Café Cardinal, un sitio que seguramente habría estado entre sus favoritos.

Dónde: Córdoba 132, Roma

 

7. Café Toulouse-Lautrec

La Zona Rosa fue por un tiempo uno de los espacios más glamorosos de la Ciudad de México. Durante la segunda mitad del siglo XX, las galerías de arte, los cafés y los bares que se encontraban en estas calles convivieron con estudios de pintores y una buena cantidad de espacios culturales. 

En sus cafés, especialmente en el Toulouse-Lautrec, era común encontrarse con escritores como García Márquez, Luis Spota, Carlos Fuentes y Pita Amor. Pero aquí también se reunían pintores y dramaturgos como José Luis Cuevas y Juan José Gurrola.

Desafortunadamente, los años dorados de la Zona Rosa se terminaron en el ocaso de la década del sesenta. No obstante, parece que sus alrededores vuelven a revitalizarse con nuevos sitios como el Café Nin y bares alternativos en donde, posiblemente, nuevas plumas se están formando.  

Dónde: Havre 73, Juárez