Mi querida Ciudad de México:

Te escribo, amiga, para decirte que hoy, más que nunca, estás en mi corazón y en mis plegarias. Hemos pasado muchas aventuras juntas: me has visto pasear por tus callecitas coloridas buscando las respuestas que necesitaba mi corazón, has sentido mis pasos lentos y desencantados bajo la lluvia de agosto, me has oído reír a carcajadas en tus mercados y has sido la causa de algunos de los encuentros más importantes de mi vida. Aunque estemos separadas, vuelves a mí cada día como un colibrí a la flor.

Me invitaste una vez, hace ya quince años, para que fuera a conocerte y, en cuanto te sentí, supe que el nuestro era un amor puro y, sobre todo, muy tenaz. Tal vez demasiado puro y tenaz.

También yo llevo tus improntas en mi alma, querida, aún cuando no estemos juntas. Tus horas pico descontroladas, tu dulzura, la profundidad de tus heridas, las macetas con flores durante todo el año, tus cielos que se quieren escapar de la ciudad, las miles de historias que viven bajo tu piel asfaltada. Y tu magia, ¡ay, amiga, qué hubiese sido de mí sin tu magia!

Hoy, que a la distancia te siento rota, de luto y con los ojos doloridos, quiero sostenerte las manos cansadas y darte un apapacho que nos una en un puente.

Ya te he dicho muchas veces que a través tuyo conocí el amor más transformador que hasta hoy me ha regalado la vida. Tus hijos son maestros que, desde que puse mis pies en la ciudad, han iluminado mi camino. Mis amigas con sus bebés en el pecho y nuestras charlas en el parque, entre comentarios llenos de picardía y buceos por las aguas profundas de la maternidad. Los abrazos, el albur, un beso en la frente que jamás voy a olvidar. ¡Tantos buenos amigos me has dado!

Hoy, me llena el alma verlos caminando sobre el espanto para dar paso a la luz, levantando con sus manos los escombros, las donaciones, sosteniendo al prójimo, ¡están levantándote a ti, amiga! A ti, que eres tan compleja que sólo se te puede entender con el corazón. El corazón de tus hijos late fuerte y late por ti.

Espero pronto poder verte y abrazarte de nuevo. Sé que ya no somos las mismas, que mucha vida ha pasado desde la última vez que nos vimos, hace ya un año. Por eso, nuestro reencuentro será también un reconocimiento. Hemos crecido y sé que tu corazón, como el mío, va a estar aún más grande, más limpio y más blando después de esta tragedia. Yo sé que hay ciudades que te ganan en belleza, en calma, en limpieza y, sobre todo, en orden… Pero reconozco la canción de tu alma en la mía y no hay, para mí, ningún lugar más perfecto que tú.

Tuya,

Laura  

Crédito: Lau B