Crédito: Nikhol Esteras Photography

Llegando a la casa de Catalina, en la región mixteca de Oaxaca, no sabía qué esperar. Sabía que los abuelitos con quienes trabaja el proyecto Nija´nu vivían en la pobreza, pero la pobreza puede tomar muchas formas.

Bajando por el camino hasta la puerta de su casa empecé a ver lo que la pobreza significaba para ella. Pobreza es que su “cocina” estaba afuera, bajo un árbol , con un par de ollas sobre una estufa de leña hecha de ladrillos, una cubeta de metal como fregadero y sin agua potable, gas, o electricidad.

Catalina se asomó a la puerta con una gran sonrisa y se acercó cojeando a recibirnos. Resulta que se había caído hacía unos días y todavía estaba dolorida del golpe, pero a pesar de o quizás debido a esto, estaba encantada de tener visitas. Nos encontramos a la mitad del camino y nos invitó a entrar; allí la pobreza de Catalina tomó otra forma. El techo de su casa era de madera y estaba lleno de telarañas y agujeros abiertos al cielo azul, que durante la temporada de lluvias dejaban entrar el agua. El techo claramente no había sido reparado en décadas. No había ventanas ni focos, sólo la luz que entraba por la puerta y los agujeros del techo. Catalina dormía en un pequeño catre metálico sin colchón. Estaba adolorida por la caída y yo solo pensaba que dormir en ese catre no podía darle ningún alivio. Miré alrededor y me di cuenta de que no había baño. Catalina tenía que salir tras los matorrales, expuesta a los elementos y arriesgando una caída para ir al baño. Sus manos estaban muy afectadas por la artritis y apenas oía (el equipo de Nija´nu me informó más tarde de que los problemas de oído venían por una infección hace años que nunca fue tratada por falta de recursos para pagar por las medicinas).

Esta era la pobreza de Catalina y, sin embargo, su sonrisa y su actitud alegre nunca desaparecieron. Nos sentamos y platicamos. Me contó de su pasado, de cómo conoció a su marido y la intensa conexión que tuvieron desde el principio por ser ambos huérfanos. Él acababa de regresar de los Estados Unidos de trabajar como bracero en el campo cuando se conocieron, se casaron enseguida y tuvieron un hijo. La pequeña familia vivió muchos años de felicidad. Una lágrima apareció en los ojos de Catalina mientras nos hablaba del fallecimiento de su marido, del alcoholismo de su hijo y del miedo que tenía de sus brotes de violencia . Cuando le pregunté su edad no supo responderme, pero sabía la hora y fecha del nacimiento de su hijo, el que ahora la maltrata cuando está tomado. Hablamos mucho, ella encantada de tener quien la escuchara, y se acercaba a acariciarme la cara con dulzura, como si echara de menos el contacto humano.

Al salir, le di a Catalina un gran abrazo y me regaló una gran sonrisa, sus ojos brillantes. Esa noche derramé unas cuantas lágrimas pensando en Catalina, en su catre, mientras que yo me acostaba en mi cómodo colchón, bajo sábanas limpias y acogedoras. Volteaba a ver el techo que me mantenía protegida de los elementos y en ese momento me di cuenta de lo afortunada que soy.

Catalina me causó una gran impresión. Es una mujer luchadora, cuya pobreza la hizo encarar retos y hacerse fuerte. En su situación yo seguramente me habría hundido. Catalina, sin embargo, persevera.

Mi regreso con Catalina

 

Unos meses después, regresé a ver a Catalina y vi lo mucho que Nija’nu ha cambiado su vida. Repararon el techo y dividieron la casita en dos cuartos, con una pequeña cocina con su fregadero y un retrete, creando un espacio seguro y seco para Catalina. Ahora tiene una puerta que puede cerrar por las noches, luces que puede encender cuando está oscuro y una ventana para mirar hacia afuera y ventilar la casa. Su catre ahora tiene un colchón decente con sábanas y mantas, tiene platos, vasos y varios trastes de cocina e incluso una televisión pequeña que le hace compañía.

Aparte del trabajo hecho en su casa, Nija´nu también paga el recibo de la luz de Catalina y le entrega un paquete mensual con alimentos básicos no perecederos y cosas como papel de baño, jabón y pasta de dientes. El equipo también ha involucrado con relación al hijo de Catalina, pero sus problemas son crónicos y complejos y la situación familiar de Catalina sigue siendo una gran carga para ella. Sin embargo, el saber que hay gente que se preocupa por su bienestar y con quienes puede contar, ha hecho esta situación un poquito más fácil.

 

La vida no ha sido fácil para Catalina después del fallecimiento de su marido, pero su gran espíritu junto con la ayuda de Nija’nu han hecho que su sonrisa brille un poquito más.

 

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Nija’nu, Apoyando Nuestros Abuelos A.C es una organización con la meta de mejorar la calidad de vida de los abuelos viviendo en pobreza extrema en Santo Domingo Tonalá, Oaxaca y otros lugares en la Mixteca Baja, apoyándoles con una despensa, mejorando viviendas, y cuidado.