Mi primer cementerio, ese que me hizo verlos como un lugar más que visitar al viajar, fue el segundo de esta lista, el de Vyšehrad en Praga. No recuerdo la primera vez que fui, pero sí que me encantaba subir a hacer fotos de estatuas y que llevaba allí a todas mis visitas. Diría, de hecho, que es mi rincón preferido de Praga.

Europa está llena de cementerios impresionantes y bonitos, y desde entonces intento siempre visitarlos. Me gustan sobre todo en otoño e invierno, cuando el tiempo encaja con lo que esperamos de un cementerio. En primavera y en verano, con tanta luz y flores, hay una alegría extraña que a mí me choca, pero como veremos en esta lista hay cementerios alegres y cementerios para el placer.

1. Zentralfriedhof (Viena, Austria)

Photo: Ana Bulnes

El cementerio central de Viena es uno de los más grandes del mundo. Fundado en 1863, ocupa 2,4 kilómetros cuadrados y tiene más de 330.000 tumbas, así que puede ser un poco abrumador recorrerlo. Tienes dos opciones, simplemente pasear por él sin rumbo, dejándote sorprender por sus monumentos y por los nombres conocidos que vas encontrando, o hacerte con un mapita en el que vienen localizadas las tumbas más importantes. Si eres amante de la música clásica, aquí encontrarás a muchos de tus ídolos: Beethoven, Brahms, Schubert, varios Strauss… Falta Mozart, que tiene una estatua pero no tumba. A él lo encontrarás también en Viena, pero en otro cementerio, el de St. Marx.

2. Cementerio de Vyšehrad (Praga, República Checa)

Aunque el cementerio más famoso y visitado de Praga es el judío, que con sus lápidas amontonadas y toda la historia vale mucho la pena, mi preferido fue siempre el de Vyšehrad (además, entrar es gratis, no como en el otro). Localizado en una colina junto al río, es pequeño y muy bonito, y perfecto para pasear entre tumbas y mausoleos y estatuas funerarias y llenar la memoria del teléfono de fotos. Es donde están enterradas muchísimas personalidades checas, como el compositor Dvořák o el escritor Karel Čapek. Las vistas sobre la ciudad y el río son, además, magníficas, y puedes llegar en metro. ¡Todo ventajas!

3. Père Lachaise (París, Francia)

¿Cómo íbamos a dejar fuera el cementerio más famoso y más visitado del mundo? Además de la tumba de Oscar Wilde, con la lápida llena de besos, puedes presentarle tus respetos a gente como Molière, Jim Morrison, Colette o Balzac. O puedes olvidar a los famosos y simplemente admirar todos los estilos de monumentos funerarios que te irás encontrando por sus calles: tumba gótica, panteón haussmaniano… Abrió en 1804 y, aunque al principio a los parisinos no les gustaba lo de ser enterrados en las afueras, ahora es un lugar de peregrinación, paseo y recogimiento.

4. Cimitirul Vesel (Săpânța, Rumanía)


La traducción del nombre de este cementerio sería algo así como cementerio alegre y, aunque pueda sonar raro, lo cierto es que con ver una foto de él entendemos el porqué. Las lápidas están decoradas con dibujos en colores vivos que representan a la persona enterrada y epitafios con mucho humor que describen cómo fue su vida, incluyendo detalles como si le gustaba el alcohol o ser infiel. El cementerio existe gracias a Stan Ioan Pătraş, un artista local que esculpió las primeras cruces de las lápidas. En 1935 ya escribía poemas irónicos en las lápidas y las pintaba, muchas veces mostrando cómo había muerto la persona en cuestión.

5. Ciudad de los muertos de Dargavs (Daravs, Rusia)


Al llegar a esta aldea, escondida en las montañas del Cáucaso, creerás que esas pequeñas construcciones que ves son casitas, pero no es así: se trata de criptas de piedra. Esta Ciudad de los Muertos es un antiguo cementerio en el que la gente del valle enterraba a sus muertos y está rodeado de leyendas. Se decía, por ejemplo, que si entrabas nunca lograrías volver. Y se dice también que se construyó en el siglo XVIII, cuando una plaga hizo estragos en el valle y se crearon esas casas para los enfermos en cuarentena. Se les llevaba comida, pero no podían moverse de allí, así que las casitas se convertían en sus tumbas.

6. Cementerio de Hólavallagarður (Reykjavík, Islandia)

Un cementerio verde, cubierto de hierba y musgo, de árboles y tumbas. En el país de los elfos, es fácil imaginar a seres mágicos vagando entre las lápidas de este cementerio abierto en 1838. Bajo tierra descansan islandeses célebres como Jón Sigurðsson, padre de la independencia islandesa, víctimas de la epidemia de gripe de 1918, y hay un monumento a los marineros franceses. Llama la atención en Reykjavík y en Islandia: en medio de un país de paisajes volcánicos y este cementerio es un bosquecillo con 200 especies de plantas distintas.

7. Cemitério dos Prazeres (Lisboa, Portugal)


Como el cementerio alegre rumano, este cementerio portugués también le da en su nombre un giro a lo que normalmente esperamos de un lugar en el que se entierra y recuerda a los muertos. No obstante, es solo el nombre: literalmente, de los placeres, se llama así porque ese era el nombre de la quinta que ocupaba antes el lugar. Abrió en 1833 tras un brote de cólera en la ciudad. Es más grande de lo que parece a primera vista y entre sus tumbas encontrarás las de muchos portugueses ilustres. Estuvieron también la fadista Amalia Rodrigues y Fernando Pessoa, pero ambos fueron trasladados, ella al Panteón Nacional en 2001 y él a Mosteiro dos Jerónimos en 1985.

8. Cementerio de Laeken (Bruselas, Bélgica)


Abierto en 1235, es el cementerio más antiguo todavía en funcionamiento de la ciudad. Lo más especial es algo que no se puede ver a primera vista: como a finales del siglo XIX el cementerio estaba algo saturado, se construyó un nivel subterráneo: galerías que recorren las mismas calles de la parte de la superficie y que doblaron el aforo del lugar. Se accede a ellas a través de distintos monumentos. Es el lugar en el que se entierra a los miembros de la familia real belga y un cementerio, en general, de gente bien y famosos, por lo que es comparado con frecuencia con Père Lachaise. Entre los muchos monumentos y esculturas, destaca un pensador de Rodin.

9. Cementerio de Ohlsdorf (Hamburgo, Alemania)


Establecido en 1877 y abierto a todas las religiones, es el cementerio rural más grande del mundo y es también un parque bastante popular en la ciudad: tiene su estanque con cisne, sus árboles, sus museos y, por supuesto, múltiples esculturas y obras de arte. Es además el espacio verde más grande de la ciudad y tiene un gran valor botánico: 450 especies distintas de árboles. Además de paseando, puedes moverte por el en bici, coche o incluso autobús.

10. Necrópolis (Glasgow, Reino Unido)

Photo: Ana Bulnes

Es una de las visitas imprescindibles en la ciudad escocesa. Situada en una colina al lado de la catedral, esta necrópolis victoriana abrió en 1833. Desde el principio estuvo abierta a distintas fes (el primer enterrado era judío), y en la actualidad se calcula que hay unas 50.000 personas enterradas allí. Con esculturas y monumentos creados por ilustres como Charles Rennie Macintosh, pasear entre sus tumbas un día de cielo oscuro hará realidad todas tus fantasías góticas.

11. Abney Park (Londres, Reino Unido)

Photo: Ana Bulnes

Si te gustan los aparentemente salvajes jardines ingleses, te maravillará pasear por este cementerio cuyas lápidas emergen entre la vegetación como si fuesen una planta más. Abrió en 1840 y es famoso por ser el lugar en el que descansan muchos rebeldes y anticonformistas, que no se alineaban con la Iglesia de Inglaterra ni con ninguna rama cristiana. Además, hay mucho actor y comediante victoriano, y es el lugar en el que Amy Winehouse grabó el videoclip de Back to black.