1. Una paila

Es lo mismo que una paellera, pero más honda y para más usos. Es decir, en Almería, aunque también hay costumbre de hacer paella, por lo general nosotros hacemos “arroz amarillo” y lo hacemos en una paila en lugar de en una paellera. Además, esta paila es profunda porque también la usamos para cocinar nuestras míticas migas de sémola, para cuya elaboración se necesita espacio al tener que estar removiendo constantemente la harina para que quede muy suelta, que es como nos gusta a los almerienses. Por lo tanto, no es un utensilio exclusivo para hacer paellas, sino que lo mismo te cocinamos unas migas, un arroz, unas gachas o una carne al ajillo en este tipo de sartén.

2. Tomillo, romero e hinojo

Entre otras muchas hierbas aromáticas. Y aunque estas hierbas son fáciles de encontrar en cualquier cocina, en el sur no pueden faltar, ya que son hierbas propias del clima y de regiones mediterráneas. Además, la gran mayoría de nuestros platos tradicionales lleva como parte de los ingredientes principales algunas de estas plantas. Algunos ejemplos son el arroz con conejo y tomillo, el conejo frito con ajos y tomillo o cualquier carne de caza asada o frita que nos recuerde el olor y la esencia del monte, también lleva tomillo, romero o cualquier otra hierba de campo. Incluso son utilizadas en platos de cuchara como en la clásica olla de trigo almeriense conocida también como olla de trigo con hinojo.

3. Un almirez


Utensilio heredado de los árabes, que lo llamaban al-mirhäs, ‘instrumento para machacar’. Los hay de piedra, de metal, de loza y de bronce. Y aunque está muy presente en las distintas cocinas españolas, en Almería el más fácil de encontrar y el más clásico es el de bronce, con el que hemos visto de toda la vida a nuestras abuelas machacar los ingredientes y hacer majaos. Por supuesto, siempre con su correspondiente almirecero para colgarlo.

4. Una cazuela de barro…


…O dos, o tres, etc. La cosa es que en una cocina almeriense no puede faltar, porque si no nuestros legendarios platos de fideos a la cazuela o los gurullos con conejo y caracoles entre otros platos cocinados en este tipo de olla ¿en dónde se iban a cocinar?

5. Cacharros de cerámica


Ya que Almería cuenta con una gran tradición de cerámica artesana en diferentes zonas de la provincia como la de Mojácar, la de Níjar o la famosa de Alhabia, no podían faltar en la cocina almeriense distintos recipientes de cerámica para diferentes usos. Para guardar los ajos, para guardar el aceite usado, para guardar el estropajo, para apoyar el cucharón mientras cocinamos, para escurrir los cubiertos, para la sal, para dar la vuelta a la tortilla… Además de multitud de platos, cuencos y tazas de todo tipo. Vaya, que otra cosa no, pero ajuar de cerámica tenemos para rato.

6. Un indalo


De cerámica o de hierro y colgado en la pared el más tradicional, aunque en los tiempos que corren se pueden ver indalos en imanes o dibujados en cualquier plato o taza. Símbolo de buena suerte e icono de Almería. El indalo almeriense nos acompaña a todos lados e incluso a la hora de cocinar. Es por ello por lo que nuestros platos salen tan ricos.

7. Unas estreves


O en su nombre original unas trébedes. Aunque ahora en las cocinas más modernas casi han desaparecido, las estreves han estado presente a lo largo de la historia de las cocinas y fogones de nuestras abuelas y madres. ¿Quién no recuerda unas colgadas en una pared de la despensa, alacena o similar de cualquier cocina almeriense?

8. Un ceazo


El cedazo, que en Almería se llama ceazo, se utiliza para cribar, separar o colar la harina u otros alimentos. En la cocina almeriense es utilizado especialmente para darle ligereza al pescado enharinado ya que cocinamos mucho pescado frito. Su uso cada vez más se está perdiendo por estar sustituyéndose por utensilios de cocina más sofisticados y actuales, pero una cocina almeriense sin su ceazo —generalmente de madera, otras veces de metal, cuadrado o redondo— no es una auténtica cocina almeriense.

9. Una caldera, olla pucherona o perol


O lo que es lo mismo una olla de metal muy grande que se utilizaba especialmente durante la época de matanza para cocer cebollas, morcillas y butifarras. También utilizada para los pucheros tradicionales, generalmente de color rojizo por fuera y en la que el cocido de la abuela sabe a gloria.

10. Talega de tela para el pan


Para ir a comprar el pan y para guardarlo. Muchas de estas talegas son elaboradas artesanalmente y bordadas por madres y abuelas. Aunque por muchos años su uso estaba casi extinguido, en la actualidad el uso de la talega de pan se está volviendo a poner de moda por el tema de evitar las bolsas de plástico.

11. Una vajilla de porcelana


Eso sí, de porcelana metálica —de metal y esmaltada en porcelana—, que es más barata, o de auténtica porcelana para los ajuares más suntuosos. Este tipo de vajilla ha sido muy común en todas las cocinas almerienses. Aunque hoy día aún quedan platos y vasos de este material, las ollas y demás utensilios para cocinar que quedan son para el recuerdo, porque con la llegada de las vitrocerámicas y las placas de inducción han quedado a un lado del armario. Pero bueno, unas lentejas ya sabemos que no saben igual en uno de estos platos que en cualquier otro moderno.