¿Libros en el México prehispánico? Tal vez te parezca una idea nueva, pero tienes que saber que en las grandes ciudades, antes de la llegada de los españoles, existieron grandes bibliotecas que albergaban todo tipo de libros en los que se contenían los registros de los conocimientos de aquel entonces.

«…todo lo tenían pintado en libros y largos papeles con cuentas de años, meses y días en que habían acontecido, sus leyes y ordenanzas, todo con mucho orden y concierto…» (Fray Diego Durán).

Seguramente te han enseñado que los códices son simples trozos de papel rudimentarios en los que, con dibujos, se trataba de contar mitos y leyendas. Nada más alejado de la realidad, pues aquellos libros contenían milenios de historia, registros astronómicos, agricultura, botánica, clasificación de la fauna, arte, ciencia teología, medicina, herbolaria y quien sabe cuanto más…

Según una definición que me gusta mucho de la revista Arqueología Mexicana, los códices ”son las fuentes históricas de primera mano en los que las sociedades nativas por medio de escribas, dejaron constancia de sus logros y avances…”.

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“Códice” viene del latín codex, que se traduce como “libro manuscrito”, y se les llama así a los documentos con imágenes producidos por las civilizaciones que se desarrollaron en la región de mesoamérica como la mexica, la mixteca zapoteca, la purépecha, etcétera.

En la obra “Códices. Los antiguos libros del nuevo mundo”, Miguel de León-Portilla retrata los códices como verdaderas enciclopedias y extraordinarias obras de arte que tienen que ser analizados con gran detalle, tomando en consideración el contexto en el que se realizaron, pues -equivocadamente-, muchas veces se los ha estudiado comparándolos con el método europeo para el registro del conocimiento, es decir, con los libros como los conocemos.

¿Cómo es un códice?

A grandes rasgos, te podemos decir que un códice está hecho con tres tipos de materiales diferentes:

  • Amate.
  • Piel de Venado.
  • Fibras de maguey.
  • A estos materiales se les sometía a un tratamiento especial para poder ser utilizados como libros en blanco, que más adelante serían asignados a los “tlacuilos”, quienes-en el mundo nahua- eran los escribanos. “Tlacuilo” se traduce como “el que escribe pintando” y su trabajo era el de dar certeza de lo registrado, tal como ahora lo hace un notario público.

    Estos libros eran llamados “amoxtli” y eran tiras largas horizontales de hasta catorce metros de largo, dobladas por páginas hasta comprimirlas.

    Una vez terminados, los tlacuilos los ponían en posesión de los nobles para que fueran depositados en las biblioteca, que eran llamadas “amoxcali”, término que se puede traducir literalmente como “casa del libro”. Allí eran estudiadas por las clases dirigentes, compuestas por los gobernantes y los sacerdotes, así como por los egresados de las escuelas superiores.

    ¿Cómo se escribían los códices?

    Los códices estaban organizados a través de un universo de asociaciones entre colores, animales, plantas y objetos de la vida cotidiana, relacionados así mismo con números y posiciones dentro de las páginas.

    Así, para poder comprender la lectura, era preciso tener el conocimiento básico de toda la simbología de la escritura, así como excelentes conocimientos generales.

    En pocas palabras, y para que comprendas mejor, los amoxtli estaban llenos de simbolismo que debían ser comprendidos en sentido metafórico y analógico. Por ejemplo, si encontrabas a un jaguar parado en dos patas, con un gran tocado de plumas y un espejo en el pecho, entonces aquel amoxtli nos estaba hablando sobre Tezcatlipoca y no simplemente sobre un animal.

    ¿Como se leían los códices?

    Bueno, dada su longitud y valor, eran colocados en el suelo, sobre mantas o petates para protegerlos, así el lector podía manipularlo sin dañarlo y los oyentes debían sentarse alrededor para poder verlo y al mismo tiempo escuchar la lectura.

    Hoy en día, de los miles de códices que existieron en las múltiples bibliotecas nativas, solo sobreviven los siguientes:

    Amoxtli mixtecos

    Códice Bodley
    Códice Colombino-Becker
    Códice Nuttall
    Codex Vindobonensis
    Códice Selden (concluido después de la Conquista)

    Amoxtli mayas

    Códice de Dresde se encuentra en la biblioteca de Dresden Alemania.
    Códice Tro-Cortesiano o Madrid se encuentra en una Biblioteca en la ciudad de Madrid.
    Códice de París se encuentra en la Biblioteca Nacional de París.
    Códice Grolier se encuentra en la Biblioteca Nacional de Antropología e Historia en México

    Amoxtli mexicas

    Códice Borbónico (posterior a la invasión española) se encuentra en la Biblioteca del Estorial en España.
    Códice Boturini o Tira de la Peregrinación (posterior a la invasión española) Museo nacional de Antropología e historia en la Ciudad de México
    Matrícula de los Tributos (posterior a la invasión española) se encuentra en la Biblioteca Nacional del Museo de Antropología e Historia de México.

    Amoxtli del grupo Borgia

    Códice Borgia, se encuentra en el Vaticano
    Códice Cospi, se encuentra en Bolonia, Italia
    Códice Fejérváry-Mayer, se encuentra en Liverpool, Inglaterra
    Códice Laud, se encuentra en Oxford, Inglaterra.
    Códice Vaticanus B, se encuentra en Roma, Italia

    ¿Pero qué sucedió con los demás? Bueno, eso lo puedes leer en la obra “Relación de las cosas de Yucatán”:

    “Encontramos un gran número de libros y como no contenían nada en lo que no pudieran verse supersticiones y mentiras del demonio, los quemamos todos, lo que lamentaron hasta un grado asombroso y les causó una gran congoja”. (Fray Diego de Landa, obispo de Yucatán).

    Para ilustrar la importancia de los amoxtli y los tlacuilo lee el siguiente poema del libro “La tinta negra y roja: Antología de poesía náhuatl”, de Miguel León -Portilla:

    El pintor

    “El pintor: La tinta negra y roja,
    artista, creador de cosas con el agua negra.
    Diseña las cosas con el carbón, las dibuja,
    prepara el color negro, lo muele, lo aplica.
    El buen pintor: entendido, dios en su corazón,
    diviniza con su corazón a las cosas,
    dialoga con su propio corazón.

    Conoce los colores, los aplica, sombrea;
    dibuja los pies, las caras,
    traza las sombras, logra un perfecto acabado.

    Todos los colores aplica a las cosas,
    como si fuera un tolteca,
    pinta los colores de todas las flores.

    El mal pintor: corazón amortajado,
    indignación de la gente, provoca fastidio,
    engañador, siempre anda engañando.
    No muestra el rostro de las cosas,
    da muerte a sus colores,
    mete a las cosas en la noche.

    Pinta las cosas en vano,
    sus creaciones son torpes, las hace al azar,
    desfigura el rostro de las cosas”.

    Y ahora, en náhuatl:

    In tlahcuilo

    “In tlahcuilo:
    tlilli tlapalli,
    tlilatl yalvil toltecatl, tlachichiuhqui…
    In qualli tlahcuilo: mihmati,
    yolteutl,
    tlayolteuiani,
    moyolnonotzani.

    Tlatlapalpoani, tlatlapalaquiani, tlacevallotiani,
    tlacxitiani, tlaxayacatiani, tlatzontiani.
    Xochitlahcuiloa,
    tlaxochiicuiloa toltecati.

    In amo qualli tlahcuilo: yolloquihquimilli,
    tequallani, texiuhtlati,
    tenenco, tenehnenco.
    Tlaticeua,
    tlatlapalmictia,
    tlatlayouallotia,
    tlanehnecuillolia.
    Tlaxolopihcachiua, tlahciuhcachiua,
    tlaixtomaua”.

    Crédito imagen de portada: Jef Thompson | Shutterstock.com