1. Comienza a refinar lo cantadito de tu acento.

Claro que no basta con lo cantadito, tienes que aprender a rematar tus enunciados con palabras como chido, güey, cabrón y chale. Una vez perfeccionado este paso, convéncete y trata de convencer al mundo de que no tienes acento.

2. Apréndete los colores de las líneas del metro…

Y no te detengas hasta que indicaciones como “si vienes de la café, te bajas en Chabacano y te vas toda la azul hasta Tacuba, ya de ahí tomas la naranja y listo” tengan todo el sentido del mundo.

3. Vete de vacaciones a Acapulco o a Veracruz a la menor provocación…

O por lo menos consigue casa en Cuerna para Semana Santa.

4. Empieza a tener en cuenta todos los posibles percances que pueden atravesarse en tu tránsito diario por la ciudad.

Marchas, plantones, Masarik cerrado por obras, polis moviéndole al semáforo, el América jugando en el Azteca, el Viaducto inundado, obras de mantenimiento a horas pico y los viernes de quincena. Todas estas cosas tienen algo en común… te van a hacer llegar tarde, te van a sacar de quicio y no hay nada que puedas hacer al respecto. Mejor sé precavido y vuélvete amigo del concepto “elegantemente tarde”.

5. Aprende a distinguir un buen puesto de tacos.

No importa que se vea igual de gacho que el de junto -y que el resto de los puestos de la ciudad-, tú sabes cuáles son los buenos y la multitud de oficinistas satisfechos a los alrededores lo confirman.

6. Encabrónate cada vez que alguien se refiera a ti como chilango.

Y saca a relucir la típica frase “chilango es el que viene de otro estado a trabajar en la Ciudad de México”. La otra opción es que adoptes el término y que no te importe lo que los demás opinen, que si les gusta autodenominarse como “defeños”, muy su problema.

7. Diles provincianos a todos los fuereños nacionales.

8. Repite esta frase como un mantra hasta que cualquier señal de incomodidad se extinga: “tarde o temprano, va a temblar y va a temblar bien cabrón”.

En vez de preocuparte, mejor prepara un kit en caso de terremoto, ubica las zonas seguras de tu vivienda, las rutas de evacuación más eficaces y descarga en tu teléfono una aplicación con alerta sísmica. En caso de sismo: quédate en lo que estabas haciendo si es un temblorcito, o sal a la calle despavorido si se pone muy violento (la ropa es opcional).

9. Apréndete las calles del Centro como si fuera tu segundo barrio.

Si no sabes cómo llegar a Isabel la Católica, Correo Mayor, Madero o 16 de Septiembre… todavía estás muy verde.

10. Quéjate de la tenencia y del hoy no circula.

Si no usas carro, quéjate del transporte público. Si eres ciclista, quéjate de los carros y del transporte público. Si eres peatón, quéjate de todos los demás, de las banquetas en mal estado y de la cultura vial del mexicano. Y sin importar tu medio de transporte, quéjate del tráfico.

11. También quéjate del clima.

No importa la razón en específico, tú quéjate.

12. Incorpora los sonidos de la ciudad a tu ambiente sonoro habitual.

Con el tiempo deberás ser incapaz de distinguir entre el sonido del viento con pajarillos cantando y los gritos del fierro viejo, la canción de la Cremería Chalco, los tamalitos de elote y los ricos y deliciosos tamales oaxaqueños.

13. Piérdele el miedo al transporte público en horas pico.

Entrénate para ocupar la menor cantidad de espacio posible, aprende los movimientos estratégicos para subirte a un Metrobús del que nadie se baja, no le hagas el feo a ir con medio cuerpo afuera del microbús y que no te espante tener que bajar del metro en una de esas estaciones en las que nadie se va a mover. Ah, y si tu trayecto es de más de quince minutos, aprovecha para echarte una pestañita.

14. Dale indicaciones a cualquiera que te las pida, sin importar que no tengas mucha idea de lo que estás diciendo.

No quiero promover una mala práctica, pero tampoco les quiero mentir sobre una de las mañas más arraigadas de los habitantes de la ciudad. Si quieren indicaciones efectivas y veraces, pregunten en un puesto de periódicos, siempre son los más atinados.

15. Aprende a ignorar el escándalo de los vagoneros.

Actúa como si no existiera o, en su defecto, utilízalos para reconocer los éxitos del momento.

16. Cada que vayas a pasear a Coyoacán, cómprate un café del Jarocho.

¡Pero no de cualquier Jarocho! Que no te importen las cinco sucursales más vacías en menos de un kilómetro a la redonda, ni que el café siempre se les pase de tueste, la tradición indica que te tienes que irte a formar media hora a la sucursal de Cuauhtémoc 134. ¡Sale choco! ¿Quién sigue?

17. Aprende a mentar madres con el claxon.

Cinco sencillos toques que te ayudarán a disminuir la frustración.

18. Invade el Ángel a la menor provocación.

Que si México va al mundial, que si México no va al mundial pero qué buen papel hizo, que si nos vemos ahí para la marcha, que si el desfile, que si las quinceañeras… cualquier pretexto es bueno para ir a visitar a nuestro querido monumento a la independencia.

19. Dale propina a todo el mundo… ¡a todo el mundo he dicho!

Cualquier interacción con alguien que te presta un servicio deberá ser recompensada con una propina “pa’l chesco”. El de la gasolinera lo sabe, el de la mudanza lo sabe, el que cuida los coches en el estacionamiento lo sabe y tú también deberías saberlo.

Cámara, ¡ahí nos vidrios!