1. Domina el lenguaje de género.

Refiérete a todos tus clientes potenciales como damita/caballero y recuerda ofrecer productos para el niño/la niña. Nada más acuérdate de cómo le hacía Fox.

2. Recuerda… ante todo la elocuencia.

Si no eres capaz de recitar los beneficios del jabón de cacahuananche o de la crema de concha nácar sin tomar aire y en un sólo enunciado… te falta callo. Aprende del señor ese que vende cremas milagrosas afuera del Mercado de Sonora, él sí que tiene sangre de merolico y puede hablar por siempre sin repetir frase alguna.

3. Entrena tu voz gritona.

La primera regla del vendedor ambulante es: haz la voz más aguardentosa y/o gangosa que salga de tu ronco pecho y vela elevando poco a poco hasta conseguir decibeles sobrehumanos. Nunca, pero nunca, debes usar tu verdadera voz o serás expulsado del gremio.

4. Y una vez que tengas “la voz”…

Aprendete el tonito con el que vas a vender. No puedes llegar así, hablando como le hablas a tu perro, si quieres ser un vendedor exitoso. Tu sonsonete dependerá de qué estés vendiendo. No es lo mismo subirte al metro a vender el libro de los poemas más famosos del siglo XX, que vender Bon Ice en la esquina. Cada cosa tiene su maña aparte.

5. Recuérdale a todo el mundo lo versátil que puede resultar su compra.

Si algo es de utilidad para el taller, el hogar y la oficina, si sirve para esas tareas del colegio y para hacer más fáciles esas labores domésticas, a alguien vas a apantallar. ¡Ya la armaste!

6. Y si lo que vendes no tiene la mínima utilidad…

Promociónalo como el objeto de moda, el objeto de novedad, el bonito detalle. No habrá ningún “el niño/la niña” que se resista a la colección de tarjetas de los Looney Toons que sabrá Dios de qué bodega atrapada en los ochenta sacaste.

7. Olvídate de las marcas.

Las marcas sólo confunden a las personas y las hacen esclavas del sistema. Desde ahora promociona toda tu mercancía bajo la marca ficticia “Productos de calidad”. Recuerda mantenerte “on brand” empezando tu cantaleta con un potente “en esta ocasión productos de calidad pone a la venta”… Lo que sigue dependerá de tu ingenio. Ah, y no te olvides de mantener tu tonito.

8. Y siempre acuérdate de mencionar la ganga que traes a cuestas.  

¡Porque todo lo que vendes parece estar en una promoción perenne! Recuérdales a todos los que te escuchan que deben aprovechar la oferta, la promoción, para que no lo paguen en su precio comercial y que se lo pueden llevar hoy por sólo… cinco o diez pesitos. SIEMPRE deben ser cinco o diez pesitos, si ofreces tu producto a cuatro, seis, ocho o doce pesos, fracasaste antes de comenzar.

9. Ahora que si vas a incursionar en el negocio de la música…

Ármate una mochila con el subwoofer más pesado -pero compacto- que encuentres, no importa que las bocinas estén medio tronadas, tú súbele al volumen hasta que se escuche bien gacho y los bajos te retumben en los riñones. El mix inicial cortesía de DJ Karloz debería hacer su magia y las monedas de diez van a empezar a caerte a borbotones. Sólo recuérdale a los señores usuarios si tus discos están en “formato normal” o en mp3. Ahora sí, a disfrutar de lo mejor de Universal Stereo.

10. Haz del “va probado, va calado” tu máxima profesional.

Aunque nunca lo apliques.

11. Versatilidad debe ser tu segundo nombre.

Si el pronóstico del clima dice que va a llover, agarra un montón de bolsas, córtalas, fórmales un gorrito y promuévelas como capas contra la lluvia. Vele subiendo al precio de forma proporcional a la probabilidad de precipitación.

12. Intenta con estrategias de venta alternativas en el transporte público.

Refina tu puntería aventándole tu mercancía a cuanto querido usuario tengas al alcance. Que te valga madre que vayan dormidos o leyendo, tú ponles los Pulparindos encima del libro para que te hagan caso. Después de recorrer todo el vagón o todo el camión, pasa a recoger tus triques. El éxito de esta estrategia radica en mantener un semblante inexpresivo en todo momento.

13. Y si todo lo demás falla, recuerda que tienes un último as bajo la manga…

¡Tu vida loca! Nadie se va a resistir a comprarte una tira de paletas “de la Coronado” si les cuentas como acabas de salir del reclu y como no quisieras asaltarlos y por eso les vienes ofreciendo un bonito detalle a cambio de unas monedas. ¡Qué bonito es ver tantas almas caritativas cooperando para mantenerte en el buen camino!

 

Crédito de la foto de portada: Carolina López