Foto: Juan Miguel Ramírez

1.

Meses antes de intentarlo, acude a una sauna con frecuencia. Sólo así podrás preparar tu cuerpo para los días de terral veraniego con la temperatura y la humedad ambiental por las nubes

2.

Saca las chanclas en el primer día de calor allá por marzo y el forro polar en el primer día que la temperatura baje de 20 grados, que puede ser en noviembre. ¡Hay que estar al día!

3.

Acuérdate de saltar sobre el fuego cada 23 de junio, mojarte los pies a medianoche y lavarte la cara sin mirarte al espejo esa noche. Espantarás espíritus, conseguirás tus deseos y te levantarás más guapo o guapa.

4.

Critica el calor cuando haga calor, el frío cuando haga frío, el terral cuando llegue y la lluvia cuando caiga: todo el tiempo que no sea “sol a temperatura estable y sin quemar pero que permita ir a la playa” no es válido y sí criticable

5.

Cambia tu forma de hablar. Sustituye las ‘eses’ por ‘zetas’ en la medida de lo posible y trata de eliminar la letra ‘de’ finales de palabras como acabado, cogido, ido para decir acabao, cogío, ío.

6.

Amplía tu vocabulario. Es el momento de utilizar palabras como guarnío, chorraera o guarrito. Y, con tu nueva forma de hablar, términos cómo ezagerao y expresiones malaguitas como ¡No veeeee canío!

7.

Critica también al servicio de limpieza argumentando que la suciedad de muchas calles es culpa de su poco trabajo y no te olvides de tirar algún papel al suelo

8.

Prepara tu hombro para sacar alguno de los tronos cofrades, tu labor será requerida mucho más allá de la Semana Santa: ¡hay traslados y procesiones durante todo el año!

9.

Bebe cerveza Victoria porque es malagueña y San Miguel porque se hace aquí. Serán tus bebidas preferidas junto a un buen gazpacho, por supuesto.

10.

Ve al cine a ver cualquier película de Dani Rovira y Antonio Banderas, aunque sólo sea para apoyar a tus nuevos vecinos

11.

Arrodíllate cada vez que veas pasar a Don Chiquito de la Calzada por la calle, debe ser uno de tus mayores ídolos y debes ayudarle en lo que le haga falta.

12.

Prepárate para hablar de las obras del Metro, los problemas con las empresas, las peleas políticas y lo que molesta al tráfico: es uno de los temas preferidos al pasear por el centro

13.

Súbete a una jábega o a una golondrina para disfrutar de las vistas de la ciudad desde el mar y observa las ‘dos tetas’ de Málaga.

14.

Acude cada mañana a un bar tradicional para pedir café. Estudia las diez formas que hay de pedirlo y aprende a distinguirlas: solo, corto, semi-corto, mitad, nube, nube doble… Aprenderlo en el Café Central suma puntos.

15.

Métete en la cocina para saber freír bien un buen pescaíto, preparar un buen enblanco, aliñar una ensalada malagueña y elaborar un refrescante ajoblanco

16.

Defiende el arte urbano y el graffiti como la mejor manera de poner en el punto de mira internacional a la ciudad, pero no dejes que ensucien las paredes de otros barrios que no sea el Soho

17.

Recoge unos cuantos jazmines, seca un nerdo y elabora una biznaga malagueña para regalarla a quien quieras o para ahuyentar a los mosquitos.

18.

Visita la judería, el Teatro Romano, La Alcazaba, Gibralfaro y la muralla fenicia del Rectorado de la Universidad: así podrás conocer la larga historia de la ciudad

19.

Haz lo mismo con el Pompidou, el Museo Picasso, el Museo Ruso, el Thyssen o el del automóvil: sólo así podrás estar al día en la cultura que tanto vende la ciudad

20.

Apúntante a dominguear por los pueblos de la provincia y tomar los productos locales en las ventas, sobre todo el plato de los montes y los huevos a lo bestia.

21.

Nunca mires el mapa de la provincia: un buen malagueño no sabe ubicar pueblos como Benarrabá, Salares, Sierra de Yeguas o Algatocín.

22.

Aprende a pedir un pajarete en la Antigua Casa del Guardia y un buen Pedro Ximénez en El Pimpi. A partir de ahí, te tocará aprender otras muchas variedades locales, como el lágrima o el moscatel.

23.

Prepara una alarma interna para llevar la contra a todo lo que tenga implícita la palabra Sevilla: del fútbol a la Semana Santa pasando por las autovías. Esta vez, de malagueñas maneras.

24.

Repite una y otra vez: «Málaga es el paraíso», «Málaga es el paraíso», «Málaga es el paraíso» y luego cuéntaselo a todo el mundo. Cuanto más lo repitas, más malagueño serás.

25.

Acude a la playa de la Misericordia un domingo de agosto y, a las 19.30, aléjate con tu toalla unos metros de la orilla. Cuando llegue la ola del Melillero empapará las pertenencias de todos menos las tuyas: signo inequívoco de que ya eres boquerón.