Haz de lo sencillo algo extraordinario: perfecciona la sopa aguada.

Todos nos lo hemos preguntado ¿qué chiste tiene hacer una sopa de pasta en caldillo de jitomate? Y por qué si suena tan fácil, ¡a nadie le queda igual que a tu mamá! Así que ya lo sabes, aprende el secreto, agrégale tu toque personal y guárdalo celosamente.

 

Hazte amiga de toda entidad capaz de repartir juguetes.

Utilizar tus influencias con el ratón de los dientes, Santa Claus, los Reyes Magos y hasta con el Niño Dios puede sonar como una estrategia barata, pero cuando veas lo efectiva que resulta, la utilizarás a la menor provocación. Puedes incluso llegar al límite de hablar con ellos por teléfono o enviarles cartas fuera de temporada. Tú síguele hasta donde tu ética te lo permita.

 

Aprende a hacer té con todas las plantas que tengas en tu casa.

No hay nada mejor para curar las dolencias y consentir a cualquier miembro de la familia que un té bien calientito. Claro que para el mal de amores convendría más un chocolate Abuelita o un atole casero… el chiste es que domines los artes curativos de todas las bebidas calientes como nadie en este mundo.

 

Aprende a disfrutar de ese momento en el que tu estatus derriba toda lógica.

¡Porque lo digo yo que soy tu madre!

 

Enséñale a tus hijos la diferencia entre ahorita y ¡ahorita!

Una lección fundamental en la vida de todo mexicano. Ahorita puede interpretarse como cualquier momento entre el presente y el fin del universo, pero un ahorita de tu jefa… digamos que es un lapso de tiempo bastante más restringido.

 

Cultiva tu lugar como la máxima autoridad del universo.

La madre mexicana moderna ya no es aquella que te atinaba con la chancla en medio de los ojos al menor rezongo. Esto hace que tu inventiva tenga que salir a flote para poner un hasta aquí al desmadre que pueden llegar a ser tus hijos. Debes ser capaz de infundir terror sobrenatural en ellos con simples frases amenazantes y lograr mantener la vigencia de dichas amenazas sin tener que cumplirlas (muy a menudo, por lo menos). Es una cuestión de actitud, temple, histrionismo (mucho histrionismo) y contar hasta tres como un último recurso.

 

Domina el fino arte de regañar y consentir en paralelo.

Es como la rutina del policía bueno contra el policía malo, pero al mismo tiempo y en una sola persona. Recítale una letanía a tu hijo por haber llegado a las altas horas de la madrugada, dile cómo estuviste con el Jesús en la boca, levantándote cada media hora para ver si ya había llegado, reclámale firmemente por no tener -¡al menos!- la decencia de llamar para avisarte dónde andaba… haz todo esto con la voz más sufrida o encabronada de tu repertorio (tu elección), pero también hazlo mientras le preparas un buen desayuno para quitarle la cara de muerto viviente que se carga.

 

Si hay una frase que debes usar a diario es el clásico: ¿Cómo se dice?

Probablemente esta sea la fuente del exceso de cordialidad de los mexicanos. Ninguna madre mexicana de la vieja escuela dejaría que su vástago le responda con un corto, sincero y efectivo ¿qué? en lugar del socialmente aceptado ¿mande?. Obviamente, tampoco dejarás que tus hijos acepten el menor obsequio o favor sin el requerido gracias, y no te olvides de dejar claro cómo se piden las cosas…

 

Manda a tus hijos a comprar cosas con las que claramente se van a confundir y luego reclámales como si la culpa hubiera sido totalmente suya.

Las madres mexicanas gustan de hacerle bullying a sus hijos y este es uno de los ejemplos más clásicos. Sinceramente, ¿qué afán de mandar al niño a comprar cilantro? Y, ¿qué onda con la señora de la tienda que siempre le da perejil? ¡Todo mal!

 

Aprende a usar el comal como dios manda.

Una jefa que se quema con el comal pierde toda credibilidad como jefa.

 

Reclama tus derechos y festeja el diez de mayo como sólo México lo hace.

¡Es tu día y punto! Deberás ir inculcando esta noción en tu familia año con año hasta que se vuelva una tradición de la más alta índole. Que nadie se atreva a faltar a tu celebración y ay de aquel que ose romper con esta armonía. Nueras y yernos, actuales o futuros… han sido advertidos…