Foto: Luis Guerrero

Aparece para cenar en nuestra casa a la hora a la que te dijimos que vinieras.

Tendrás que ayudar a pelar las patatas.

Échale chorizo a la paella.

Verás lo que opina Twitter.

Pregunta qué porcentaje debes dejar de propina.

Mira nuestra cara de horror si además nos han traído la comida fría, el camarero evitó hacer contacto visual para no hacernos caso, nos trajo una clara de gaseosa en vez de de limón, resopló visiblemente cuando le pedimos que nos la cambiara, y nos cobró las dos. Déjale un -20%.

Propón cenar a las 7 de la tarde.

Querías decir merendar y te has confundido.

Pronuncia “spaiderman” o “sidí” para Spiderman y CD.

Ah… ¡quieres decir «espíderman»!

Háblanos de toros.

¿Por qué?

Extiende la mano cuando vamos a darte dos besos.

O danos solo uno o, peor, ¡da dos besos pero en el orden incorrecto!

Expresa tu confianza en la clase política.

Ahora es cuando te contamos cómo funciona por aquí ese tema y te desconcertamos nosotros a ti.

Salúdanos con un “¡ándale!”

Con lo fácil que era decir “¡ole!” y salir algo mejor parado de tu momento “voy a saludar con un tópico que demuestre que en realidad no sé nada de tu país”.

Lávate los dientes antes de comer.

Eso es como limpiar la cocina antes de freír pescado.

Cuéntanos que has renunciado a las vacaciones que te corresponden como si fuera algo normal.

Claro que sí, una empresa con empleados quemados es siempre más productiva.

Sírvenos palomitas dulces en el cine.

Estaban el bote de la sal y el azúcar uno al lado del otro y te has confundido, ¿no?

Descálzate al entrar en nuestra casa.

O pídenos que lo hagamos en la tuya sin habernos avisado para que trajésemos calcetines sin tomates.

Pide un (triste) sándwich para comer.

Tú mismo. Esperamos que no te aburras mientras esperas a que acabemos nuestro primero, segundo, postre y café.

Comenta que hablas con tus padres solo una vez al mes o así.

¿Y dices que quieres a tu familia?