1. Conduce con la música a todo volumen

Hora de la siesta. Acabas de comer y antes de irte a trabajar por la tarde decides aprovechar la única media hora que tienes de descanso para una reconfortante siesta bien tapadito con tu manta o tu batamanta en tu sofá. Estás entrando en trance y… por la calle paralela a tu ventana, aparece la artillería pesada a la que tanto temes, es decir, pasa un coche con el subwoofer tan alto (muy típico en Almería) que los cristales de tu ventana quieren desaparecer de la faz de la Tierra, e incluso en tu sofá surge un terremoto que la escala de Richter no es capaz de cuantificar. ¿Es necesario tanto volumen?

2. Conduce buscando aparcamiento en la zona azul

Seguimos con las “técnicas” de conducción. Ahora vas conduciendo tu coche por el centro de Almería, y delante llevas a otro conductor, que por la forma de pilotar su vehículo, así como al estilo Testudo Graeca (Tortuga Mora), deduces claramente que está buscando aparcamiento en la zona azul (porque TODAS las calles de la capital son de zona azul, por lo tanto no le queda otra), cuya suerte es como la de buscar una aguja en un pajar, por lo cual tu paciencia está llegando a límites insospechados, de las orejas ya te sale humo y a la vez te están dando unas ganas locas de bajarte de tu coche para acercarte hasta la ventanilla del de delante para decirle amablemente a su conductor: «¿Por qué no pruebas en el parking subterráneo de La Rambla o el de Obispo Orberá por ejemplo? »

3. Los eventos por la calles del centro

Seguimos en la capital, pero ahora lo que entorpece tus paseos, tus siestas o tus aparcamientos, son los eventos del tipo carreras populares, cabalgatas, noches en blanco, noches en negro, etcétera. Está muy bien que se organicen estas actividades que le dan una mayor vida a la ciudad, pero el centro es muy pequeño y lleno de calles estrechas, zonas azules (como ya sabéis) y direcciones de un único sentido, y, además, a ti no te gustan y te desesperan estos eventos que retrasan tus desplazamientos ya sean en coche o en bus, ¡o incluso andando! y por lo tanto tus quehaceres cotidianos.

4. El tráfico los días de lluvia

Y dale que te pego con la circulación. Pero es que Almería, ciudad de pequeñas autovías, reducidas calles y muchos coches, los días de lluvia se convierte en un verdadero caos digno de una película de Spielberg. Todos los padres quieren llevar a sus hijos al colegio en coche. El túnel a la altura del Trip Indalo se transforma en piscina olímpica. La carretera del Cañarete se convierte en el “Desfiladero de la Muerte” … y así todo. ¡Dios mío, si esto ocurre con cuatro gotas de agua que caen al año no quiero ni pensar que ocurriría si viviéramos en ciudades del norte donde llueve día sí y día también! ¡Desesperante!

5. Que el camarero se olvide de tu mesa

Después de tu experiencia con la circulación y el tránsito vial y cambiando de tercio, decides tomarte unas cañitas y unas tapitas para relajarte con unos amigos. Allí estáis de cháchara con la primera ronda de cervezas. Las tripas rugen, de hambre, o de ansiedad por lo ocurrido en los puntos anteriores, quién sabe. No pasa nada porque el camarero tenga mucho trabajo, el problema viene cuando has salido de tapas, te has bebido ya la cerveza y las tapas aún sin llegar. Para un almeriense esto es imperdonable.

6. Las colas en el parking del “Pryca”

¿Pryca? ¿Qué es eso? ¡Pues el Carrefour! Lo que pasa que a los almerienses nos gusta mucho su primer nombre y nos resistimos a que quede en el olvido y por eso muchos lo seguimos llamando así. Eso sí, este amor fraternal y bucólico no es lo que sentimos cuando vamos a hacer la compra allí. Algo pasa en el aparcamiento (otra vez con la circulación vial) que cada dos por tres lo están ampliando y reformando y cada vez más hay menos sitio para aparcar. ¿Qué pasa? ¿Que van el padre, la madre y los dos hijos mayores a hacer la compra cada uno en su propio coche? ¿O es que la ampliación del parking es una simple ilusión óptica creada por nuestra imaginación resultando ser toda una farsa? Emoticono pensativo y emoticono cabreado de color rojo.

7. Las colas dentro y fuera del mercadillo de El Alquián

¡Ay, qué famoso y bonico es el mercadillo de los domingos de El Alquián, con sus verduricas, sus churricos…! ¡Y qué puñetero es el joío! Y es que claro, donde está situado, al pie de la carretera que va hacia el Cabo de Gata, pues como que dificulta un poquillo (bastante) el tráfico. Pero es que eso no es todo. Una vez has superado la prueba de la carretera te queda otra más difícil (esto es como los trabajos de Hércules) hasta cumplir tu propósito dominguero, ver todos los puestecicos, a ver si hay algo nuevo, y comprar alguna que otra cosa. Quizás la gente de otras ciudades aprovecha el domingo para hacer otras cosas, pero no es el caso de muchos almerienses, que parece que ir los domingos al mercadillo se haya convertido en toda una peregrinación.

8. Colapsa el paseo marítimo del Zapillo

Almerienses a los que les gusta correr por la ciudad y más por la nuestra que tenemos un lindo y amplio paseo marítimo en la capital, olvidaos de esta actividad urbana imposible de hacer algunos días. Pues hordas y hordas de gente, familias y grupos de amigos, pasean a sus anchas, qué está muy bien por su puesto, que en este mundo tenemos cabida todos, pero ¿es necesario hacer filas inexpugnables a modo de parapetos de lado a lado del paseo?

9. Las colas en los pubs nocturnos

Ahora nos vamos de fiesta después de las tapitas y después de haber superado las barreras de los eventos del centro. Sí, ya lo sabemos, Almería es muy chica, la población cada vez es mayor, y nos encanta la fiesta, por lo tanto los pubs y discotecas, dependiendo de la época y de ciertas horas concretas, están abarrotados. Así que para hacer cola para entrar a alguno de estos establecimientos, primero recuerda: come bien, ve antes al baño y busca un bonito tema de conversación del que hablar con tus colegas porque la espera va para largo.

10. Cuenta tus movidas por teléfono y a los de al lado

¿No os desespera ir en el autobús, estar haciendo cola en el banco o estar en la sala de espera del centro de salud y que el de al lado esté hablando por teléfono contando sus movidas a tal volumen que te dan ganas de cogerle el aparato y decirle la mítica frase que ya ha quedado para la historia: «por qué no te callas»?

Y es que, amigos, en todos los lugares se cuecen habas, nadie es perfecto, a veces no controlamos nuestra paciencia y desesperarse es muy fácil.