Foto: Rude Mortensen

Di que Madrid es como Barcelona pero sin playa.

Cualquier comparación entre Madrid y Barcelona es un foco de conflicto asegurado, sobre todo si es para decirnos que te gusta más Barcelona, pero si encima dices que Madrid es una copia de la capital catalana pero sin playa, te estás exponiendo a que el madrileño de turno entre a saco, a defender a ultranza nuestra ciudad. Si quieres seguir conociendo los mejores bares para tomar una cerveza, el tema de la playa, ni mentarlo.

Búrlate de que empleemos las palabras tronco y teky o del famoso «ej que».

Efectivamente teky, kely, bule, tronco… el léxico madrileño es variado y está bien que haga gracia y/o sorprenda al que lo desconoce, pero deja de estarlo cuando se pasa a la imitación con tono de «sobrado de garito».

Di que el bocata de calamares es pan con pan.

El bocata de calamares es uno de los guiños gastronómicos por excelencia de Madrid y, por tanto, cualquier referencia negativa hacia este manjar tendrá una mala acogida precedida de un: «¡Qué me estás contando!».

Di que Valencia es la playa de los madrileños.

Sabemos que muchos madrileños suelen tener su segunda residencia o casa de veraneo en Cullera y Gandía, pero no es una condición que nos venga dada a todos los que nacemos en Madrid. ¡Los madrileños vamos a todas partes!

Asume que vamos a ver corridas de toros cada dos por tres.

Ningún madrileño niega la existencia de la Plaza de toros de Las Ventas, ni de lo popular que es en el ámbito taurino la Feria de San Isidro pero eso no lleva aparejado que vayamos a los toros cada vez que se presenta la ocasión. ¡Hay madrileños que nunca han ido a ver una corrida!

Explica que aunque muchos pintores, escritores y artistas vivieran en Madrid, casi nunca eran madrileños.

Por su condición de ciudad capital, Madrid ha acogido a figuras destacadas del mundo de la literatura, la pintura y otras manifestaciones artísticas de muchos puntos del país; eso no impide que Madrid también diera talento propio. Algunos nombres son Quevedo, Lope de Vega, Larra, Mesonero Romanos y Claudio Coello, por ejemplo.

Quéjate de la cantidad de gente que hay siempre en Madrid y lo agobiante que resulta.

Se entiende que pueda haber momentos en los que atravesar las calles del centro resulte agobiante pero ese gentío y trasiego 24/7 forman parte del encanto de Madrid y así lo considera cualquier autóctono. Estas quejas no son bien recibidas alrededor del kilómetro cero, y o bien te recomendarán que empieces a asumirlo para disfrutarlo, o que si quieres calles desiertas cambies de destino.

Critica la falta de gastronomía propia.

Aunque en Madrid puedas encontrar restaurantes de todo tipo y condición, no significa que hayamos adoptado a los negocios de cocina rápida y la cocina asiática como embajadores de nuestra gastronomía. Para quienes critican la falta de platos propios llenos de tradición sólo hay que mencionar el cocido madrileño y los callos. A ver quién dice ahora que Madrid no sabe a puchero.

Repite hasta la saciedad «bueno, y vosotros tenéis el laísmo».

El que sea común que pensemos que no tenemos acento no significa que nos creamos los abanderados del castellano. Sí, ya sabemos que en Madrid abunda el laísmo, por eso el que nos digan cada vez que salimos a otras partes de España: “Bueno y vosotros tenéis el laísmo” no nos descubre algo nuevo, sólo la evidencia de que hay ganas de decirnos lo laístas que somos.

Cuestiona lo maravilloso que es el cielo de Madrid.

La frase De Madrid al cielo sintetiza muy bien la devoción que siente el madrileño por su cielo, del que estamos enamorados. Cualquier intento de menosprecio o decir que tampoco es para tanto te colocará en la lista de los envidiosos o de los que no son de fiar. Para un madrileño, la belleza del cielo de la capital es incontestable.