Foto: Eleazar

1.

Asume que si las eses están puestas casi siempre al final es porque no sirven para nada. No pierdas energía pronunciándolas.

2.

Y quien dice eses, dice otras consonantes al final de las palabras. Di papé (papel), verdá (verdad), comé (comer), adió (adiós)…

3.

Cárgate letras también aunque no estén al final, que así es el camino más corto. ¿Para qué decir «¿Te has ido ya?» cuando se puede decir «¿Tas ío ya?«? Lo mismo con (todo), (nada), (para)…

4.

Apréndete el ceceo y di zemana en vez de semana. Pero también el seseo, para decir sielo en vez de cielo.

5.

Sustituye algunas haches por jotas para entender que el alfabeto andaluz es diferente. ¡A jierro que sí!

6.

Acorta todo lo que puedas las expresiones. Si estás en Granada, no digas: “¡La Virgen, compadre!” Di: “¡la´vin compare!” Y, obviamente, no digas Granada, di Graná.

7.

Ten siempre una libreta para ir apuntando palabras y sus aplicaciones. Para que sepas de qué va eso de que hace pelúa, quién es un saborío, que algo está descuajaringao o que alguien se sale de la pelleja. Y sigue apuntando: majarón, ancá, por tó la cara…

8.

Aprende el arte de los dobles sentidos. Si te dicen «No ni ná», es que sí.

9.

Exagéralo todo. Cuánto más, mejor. Ejemplo: si hay mucha gente en un sitio, di que había una pechá de gente o una barbaridad de gente. Te ayudará comparar siempre con algo mucho más grande para exagerarlo aún más. Siguiendo el ejemplo: “Había más gente que en la guerra”.

10.

Añade a los adjetivos y nombres un final en -ico o -ica (chiquitico, bonico, agüica) para sentirte más de la tierra en Granada y Almería.

11.

Añade a los nombres un final en -aco o -aca (burraco, montonaco, brazaco, piernaca) para sentirte más jienense.

12.

Usa las científicas unidades de medida un poquito, un pelín, ná y menos, una mijilla, un peazo, una jartá, una pechá, un montón, un pedazo y un huevo.

13.

Usa sinónimos continuamente. Por ejemplo, si alguien va muy rápido, también puede ir embalao, follao, empepinao, volando, zumbando, a jierro, a toda hostia… Habla de búcaros, pipos, caliches, pirulos y nomames sabiendo que siempre te refieres a un botijo.

14.

Si algo te gusta y estás en Málaga, di que es perita. Serás hijo predilecto malaguita en un plis.

15.

Recuerda que menos es más. Un simple «Ea» puede significar que sí, que no, permite cambiar de tema, para argumentar sin argumentos, para hablar sin hablar, resignarte… Ea.

16.

Usa refranes para todo, sobre todo si estás por los pueblos de interior. Y ya sabes, dime con quién andas y te diré quién eres.

17.

Olvida la letra de, totalmente innecesaria. Sobre todo en los participios de los verbos: sentao, cansao, bebío, ío

18.

Refiérete a tus colegas con el apelativo adecuado. Si estás en Sevilla, les dirás «¡Miarma!«, así, junto, con erre y del tirón. Y si andas por Cádiz, les dirás «¡Quillo!«. En Málaga probablemente les digas «¡Illo!» o «¡Canijo!«.

19.

Y, finalmente, asume la diversidad y entiende que por mucho vocabulario que aprendas, puede que en la provincia de al lado todo se diga diferente. O que se diga igual pero lo pronunciemos diferente por nuestros diferentes acentos. ¡Andalucía es muy rica y variada!