Por  Humberto «Sachiel» López

Dinos que nuestra comida no es «tan» picante.

Un italiano de paseo por México se atrevió a decir: «¡Tenemos chiles mucho más picantes en el sur de Italia!». Es lo último que dijo, pues su garganta sigue dañada después de haberse comido un chile toreado.

Omite decir “Buenos días” cuando entras al ascensor.

Puedes escupirle un pie a un mexicano –bueno, no, en realidad no puedes-, pero tal vez se ofenda menos que si no lo saludas con un «buenos días» cuando entras al elevador.

Dinos que no parecemos mexicanos.

Quien haya conocido a más de un mexicano en su vida, sabrá que los mexicanos somos «de chile, de mole y de dulce”, como los tamales. Tenemos rasgos y facciones muy diferentes, llámese mestizaje, multiculturalismo o invasión extranjera. Y aunque algunos no nos parezcamos al estereotipo del mexicano de las películas gringas y seamos rubios, altos o pelirrojos, somos “más mexicanos que el mole”.

Pregúntanos si hay coches en México.

La poca información que muchos extranjeros tienen sobre México viene de películas norteamericanas de los años sesenta, en las que el mexicano siempre aparece tomando la siesta bajo la sombra de un cactus. Como sabemos, las cosas no son así en el México de hoy (¿verdad?). Así que si quieres hacernos encabronar pregúntanos: «¿Qué tan rápido va tu burro?».
Afirma que México no está en Norteamérica.

Claro que a muchos nos gustaría ser sudamericanos y estar lo más lejos posible de los gringos pero, luego de haber estudiado geografía en la escuela, estamos 300 por ciento seguros de que México -o los Estados Unidos Mexicanos, el nombre oficial de nuestro pais-, está en Norteamérica.

Pregúntanos si hablamos “mexicano».

En México hablamos cas-te-lla-no (también le puedes decir español). Y estamos muy orgullosos de las variantes y modismos que le hemos aportado al idioma. ¡Órale!

Asegura que conoces México porque has ido a Cancún.

Aunque Cancún esté geográficamente en el territorio mexicano y sea un excelente lugar para vacacionar, no es el verdadero México, sino un lugar lleno de turistas (gringos en su mayoría) donde no hay casi nada que sea auténticamente mexicano.

Cuéntanos alegremente que tu plato favorito de la comida mexicana es el chili con carne. 

El chili con carne no es un platillo mexicano. Punto. Y cuidado, que este tema ha destrozado amistades fuertes.

Sé puntual.

Los mexicanos no somos famosos por nuestra puntualidad. Al contrario, somos conocidos por la creatividad para inventar excusas y disculpas. Así que si alguien te invita a una fiesta, lo peor que puedes hacer es llegar a tiempo. Tus anfitriones abrirán la puerta y te mirarán perplejos y hasta ofendidos, diciéndote con la mirada: “¿¡Pero y que haces aquí tan temprano!?”. Lo mejor es ser el último en llegar a la fiesta, así te convertirás en el héroe porque todos creyeron que no ibas a llegar ¡y lo lograste!

Insulta a nuestras madres.

Claro que en todo el mundo es malo insultar a las madres, pero en México es particularmente peligroso. Puedes decirle a un mexicano los peores insultos que conozcas y se reirá junto a ti y hasta te enseñará algunos nuevos, pero no menciones a su madre ¡porque será lo último que hagas!

Y si ya nos hiciste encabronar…
Pues  invítanos con una botella de mezcal, cómete el gusano del fondo, haznos reir y…¡estás perdonado!