Crédito: nostalgiapuebla

1.

Cuando lo saludes, e inmediatamente después de que te diga su nombre, agrega inesperadamente la palabra Pipope. Por ejemplo: “ Buenos días, Sra. Ramírez Pipope”.

 

2.

Pídele un consejo sobre cómo puedes hacer para verte menos naco. Termina tu frase diciendo: “Sin ofender ”.

 

3.

Súbete como copiloto a su auto. Cuando arranque, actúa nervioso, colócate el cinturón de seguridad y ponte el casco de motociclista que escondiste previamente atrás de tu asiento. Cuando te pregunte: “¿Por qué?”, sólo responde: “Lo leí en un blog sobre poblanos al volante”.

 

4.

Pregúntale si es verdad que el staff del Cuauhtémoc se ríe de ti y te saca fotos cuando llegas usando la playera del equipo de la franja.

 

5.

Cada vez que te presuma algún edificio o infraestructura impactante de su ciudad, murmura entre dientes (pero de forma que se te entienda) la siguiente frase: “De nada, Volkswagen”.

Crédito: nostalgiapuebla

 

6.

Logra que te invite a comer a su casa algún día de agosto. Hasta que ese día llegue, suéltale uno que otro comentario como: “Me encantaría probar los famosos chiles en nogada de Puebla”. Si lo has hecho bien, el día de la comida te servirán un delicioso chile en nogada, el cual, tras probar un sólo bocado (resiste la tentación) deberás decir: “No veo para qué tanto alboroto por un simple chile relleno”. Y no te comas el resto. Si el chile fue hecho por su mamá o abuelita, el efecto se multiplica por siete.

 

7.

Pasea con él por el zócalo de su ciudad y, al ver su gigantesca catedral, detente y exclama: “¡Wow! Con una catedral así en mi ciudad ¡hasta yo sería tan mocho!”.

 

8.

Haz un examen de admisión en alguna de sus cientos de universidades. Sé aceptado, estudia tu carrera ahí y, desde el propedéutico hasta tu examen de titulación, quéjate sobre lo horrible que es vivir en Puebla.

 

9.

Encuentra un poblano en el extranjero. Pregúntale amablemente: “¿De dónde eres?”, y cuando te responda, dile: “Ya sé, pero ¿cómo se llama ese pueblo?”.

 

10.

Invítalo a cenar en un restaurante de primera como El Mural de los Poblanos. Ordena el platillo más caro del menú y la mejor botella de tequila que tengan. Cuando traigan la cuenta, dile : “Ups, no tengo dinero, ¿pagas mi parte?” y cuando tu acompañante haga un gesto de disgusto, dile indignado: “Todos los poblanos son igual de mamones”.