Crédito: zahrasyed

1. Lánzanos un “piropo” por la calle…

“Mamacita, que buena estás”, “Sabrosa, eres un bizcocho”, “Vamos a matar al oso, a puñaladas”. “¿Cómo hacen los bistecitos? sssshhhhh…” “Cuantas curvas y yo sin frenos”. “Con esa torta y una Fanta, hasta mi pajarito canta”.

Sépanlo guarros: detestamos estos piropos y, cada vez que nos dicen uno, deseamos con toda el alma que fuera delito acosar a una mujer así en la calle.

 

2. Dinos que somos bigotonas y feas.

¿Fea yo? ¿Bigotona yo? No, Tiziano Ferro, eso no es posible, ¡toma tu carrera y llévatela fuera de México! ¿Así o más encabronadas?

 

3. ¡Danos un asqueroso arrimón!

Toda mujer que viaje durante la hora pico en cualquier transporte público mexicano va a ser víctima, tarde o temprano, de un arrimón. Pero ¡aguas! Porque cuando una mujer encabronada te reclame, no te salvarás del ridículo público. ¡Infeliz!

 

4. Grítanos: “Tenías que ser mujer”.

Especialmente cuando tú eres quien nos ha estado presionando para que cambiemos de carril…

 

5. Acósanos por la manera en que vestimos.

Pasamos toda la tarde buscando un atuendo que nos hiciera sentir bonitas y sensuales, ¿todo para qué? Para que nuestro look se convierta en un cartel andante que dice “¡Acósame!”.

 

6. Pagándonos menos que a los hombres.

Por hacer exactamente el mismo trabajo…

 

7. Ponnos las mismas canciones gruperas y salseras una y otra vez…

Y esto va para los choferes de microbús. ¿Qué no escucharon eso de que en la variedad está el gusto?

 

8. Olvídate de cedernos el asiento cuando estamos embarazadas.

O que te hagas el dormido cuando sube gente con capacidades diferentes o ancianos, que necesitan tu asiento más que tú. Ahí sí que nos encabronamos las mujeres y te damos una clase de civismo. “Pa’ que aprendan los demás”.

 

9. Dinos que somos malas madres.

¡Eso sí que nos enchila a las superpoderosas madres mexicanas!

 

10. Agárranos en curva con el albur.

Esto puede llevarnos desde el enojo leve hasta el encabronamiento en cuestión de unos minutos. Sí, nos cuesta entrar en el juego de palabras de “Pedro el malo y Jorge el bueno” o digerir frases cotidianas en doble sentido como “Mi amor, hazme unas picaditas de huevo”, “Quiero una barbacoa de hoyo” o “Mejor la memela”.

 

11. Que vayas en el área de mujeres en el metrobus.

Esto basta para que una de nosotras respingue y de inmediato el resto la siga. Hombres: eso encabrona ¡evítenlo!

 

12. Que no nos cantes las mañanitas el día de nuestro cumpleaños.

Porque el día en el que nacimos, nacieron todas las flores y no es posible que en casa no nos canten alguna de las mil versiones de las mañanitas… ¡Aunque sean las de Cepillín!