Foto: Raul Arthuso

Sé sucio.

Más allá de la maldita costumbre de tirar basura por la ventanilla del auto, los brasileros somos gente muy limpia que llega a ducharse hasta dos veces por día. Se espera que te cambies la ropa diariamente, que te laves las manos cuando vuelves de la calle y que te cepilles los dientes después de cada comida (¿Te has fijado en nuestros dientes?).

Entonces, si estás quedándote como invitado en una casa o en un hotel de Brasil, manténlo limpio, saca la basura, haz tu ama y usa desodorante. Y siempre dúchate antes de ir a la cama. Siempre.

Habla español.

Sí, la mayoría de Latinoamérica habla castellano, pero en Brasil no nos saludamos con un “¡hola!” ni agradecemos con un “gracias.” Brasil fue colonia de muchos países (oh, esos angurrientos europeos), pero Portugal les ganó a todos y esta tierra desarrolló su propia versión del portugués.

Si bien es cierto que ambas lenguas suenan parecido, es más fácil encontrar en Brasil alguien que hable inglés que alguien que hable español, especialmente en las grandes ciudades, ya que en las escuelas se aprende inglés como segunda lengua.

Aún así, fuera de los lugares turísticos vas a encontrarte con que la gente habla solo portugués o tal vez el dialecto de la región. Si estás planeando viajar a Brasil, sería importante que aprendieras algunas palabras en portugués.

Comete errores sobre la geografía de Brasil.

Estudia el mapa antes de cruzar la frontera. Ya sé que suena tonto, pero mucha gente cree, por ejemplo, que el Amazonas es parte de los Estados Unidos, lo que -¿hace falta decirlo?-, es erróneo. También, la capital de Brasil no es Río de Janeiro ni San Pablo: es Brasilia, ubicada en el centro geográfico del país. La ciudad fue construída en los años 50 por un equipo de arquitectos e ingenieros liderados por Oscar Niemeyer, el arquitecto más longevo que hasta hoy ha conocido el planeta.

Empieza con el temita de Argentina…

Es burdo decir que la capital de Brasil es Buenos Aires. Y es irrespetuoso mezclar la información de Argentina y Brasil, en general. Pero es sencillamente horrible el comparar todo el tiempo a Argentina con Brasil y viceversa. El churrasco, el fútbol, las mujeres, el clima, el transporte público, lo que sea, no lo hagas.

Critícanos.

Esto vale para todos los países ¿O acaso entras a una casa y lo primero que le dices a tu anfitrión es qué el sofá es horrible?

Sí, ya sabemos que en Brasil hay injusticia social, los trabajadores son vagos, hay líderes corruptos y está el hipermolesto jeitinho brasileiro. Pasamos horas autocriticándonos, pero a los extranjeros no les está permitido hacer lo mismo. Y si después de un par de caipirinhas se te ocurre empezar a despotricar, vas a recibir miradas enojadas e incluso un grito de “¡No sabes de lo que estás hablando!”, tal vez de la misma persona que estaba diciendo barbaridades de Brasil hace un segundo. La única excepción es el tema del tráfico en San Pablo, siempre un buen puntapié para romper el hielo.

Espera que cada chica con la que te cruzas sea una zorra

Como mujer y como viajera, he podido comprobar que ni bien dices que eres de Brasil los hombres empiezan a flirtear contigo. Y si bien es cierto que las mujeres brasileras tienden a ser de sonrisa generosa, cálidas y de espíritu libre (por no mencionar lo atractivas que son), eso no significa que estén a la búsqueda de irse a la cama con el primer extraño que se les cruce o que vayan a ir corriendo a acostarse a tu lado. Y a menos que estés cien por ciento seguro de que la mujer es una prostituta, no le ofrezcas dinero. Sí, ha sucedido.

Sé puntual.

Lo siento, pero los brasileros no sentimos la obligación de llegar siempre a tiempo. Eso es un tema de los británicos. Siempre llega a una fiesta una hora y media después de la hora que indica la invitación. Culpa al tráfico, a la lluvia o a lo que se te ocurra.

Para las reuniones de negocios, con 20 minutos de retraso está bien. Personalmente, detesto esta costumbre, pero es lo que hay y una vez que logras dejarte llevar y no darle importancia a la hora, vas a tomarle el gusto. Haz la prueba.

Demanda eficiencia.

Los brasileros nos burlamos de nuestros compañeros portugueses por muchas razones pero, además del lenguaje, hay algo más que heredamos de ellos: la falta de eficiencia.

Tomemos como ejemplo a un restaurante de comidas rápidas para ordenar desde el auto. No es raro que quien reciba tu orden la anote en un pedacito de papel y te pida que se lo lleves a otra persona en la ventanilla de entregas, quien a su vez va a pedirte que te acerques a otra ventanilla para pagar, donde te indicarán la fila que debes hacer para (¡finalmente!) recibir tu comida.

Trata de no forzar a tu amigo o a tu colega brasilero a hacer algo de manera rápida y/o eficiente. Vas a terminar frustrado e irritado.

Cuando se trata de futebol, siempre viva a Brasil.

Mientras estés en Brasil, deberás alentar siempre por la selección verdeamarela. Si eres de otro país y quieres hinchar por tu equipo, hazlo en privado o en tu embajada. Nunca en el boteco.

Usa Havaianas para una cita.

OK, somos gente informal y de nuestro país vienen las mundialmente famosas hojotas de colores, pero eso no significa que sea aceptable que exhibas tus pies fuera de casa. Nadie lo hace. Si no estás en la playa o en la piscina, por favor usa calzado apropiado.

Demanda privacidad.

La gente va a hacerte preguntas personales, va a sacarte fotos sin pedirte permiso, va a aparecer en tu casa sin previo aviso, va a darte conversación cuando estás obviamente ocupado o pretender que no tengas ningún problema en cambiar tus planes a último momento…Pero en general no hay mala intención.

Si te parece que alguien está pasándose de la raya, prueba con reirte y vuelve a tomar distancia, una costumbre desconocida para muchos de mis connacionales. Somos gente cálida, ¿te acuerdas? Es parte del encanto y explica por qué sentimos saudades cuando estamos lejos de casa, en ese resto del mundo frío, distante y formal.