Foto: Tchacky

Debería decir, a modo de prefacio, que no es fácil hacer enojar a un español, a menos que hagas un gran esfuerzo. Los españoles son, junto con los balineses, la gente más afable con la que me he cruzado en mis viajes.

Pero siempre es posible hacer enojar a un español, especialmente bajo ciertas circunstancias.

Insulta a su madre.

Los españoles no insultan como lo hacemos nosotros en Estados Unidos. No existe un equivalente a “Fuck you”, por ejemplo. En cambio, la mayoría de los insultos invocan la pureza -o la falta de pureza más bien-, de la madre del insultado. Tengo dos insultos favoritos de la época en que viví en Madrid. Uno es el estándar “Me cago en la leche de tu puta madre”, cuya abreviación es “¡La leche!”. Pero mi favorito es “me cago en el kilómetro 20 de los cuernos de tu padre”. La imaginación hecha grosería.

Sé desconsiderado con su “identidad nacional”.

Mucha gente no lo sabe, pero hay al menos cuatro lenguas distintas que se hablan en España: castellano, que es lo que nosotros conocemos como “español”; catalán, el dialecto de Cataluña; vasco, en el País Vasco y gallego, en Galicia. Los habitantes de esas áreas, con excepción de los castellanos, se consideran primero como ciudadanos de su región y, en segundo lugar, como españoles. De hecho, los vascos y catalanes han tratado activamente de separarse del resto de España. Excepto que quieras hacer enojar a un español, y estés en la región que estés, ten mucho cuidado con las generalizaciones sobre España.

No hagas ningún esfuerzo para hablar español o la lengua local.

Cuando te las arreglas para poder decir dos o tres frases -aunque sea algo tan pequeño como por favor y gracias-, los españoles van a sacar de la galera las pocas palabras en inglés que conozcan para poder comunicarse contigo. Pero si comienzas la conversación en inglés, sin mostrar la más mínima intención de hablar español o la lengua local, vas a ser despreciado como un turista que carece completamente de gracia…que sería en este caso la pura verdad.

Alienta por el Barça cuando estés en un bar de Madrid.

Y viceversa. Se dice que las primeras tres palabras que aprende un niño español son fútbol, Barça y Real (Madrid). Por lo menos una de las últimas dos palabras es precedida por maldito sea. Sería algo así como vivar a los Red Sox en un bar de Manhattan, para que te des una idea.

Nombra a Francisco Franco.

El brutal dictador murió en 1975, pero no existe un español que no tenga una opinión fuerte acerca de su persona. Lo mejor es evitar siempre este tema, a menos que conozcas perfectamente a tu interlocutor.

Haz el intento de meter bocado en una conversación.

Cualquiera que haya estado con un grupo de españoles sabe que no existe eso de esperar a que el otro termine para comenzar a hablar. Si hay un grupo de cuatro españoles, hay cuatro personas hablando al mismo tiempo. Y a medida que siguen hablando, el volumen va subiendo porque todos quieren hacerse oír sobre los demás. En realidad, esto no es algo que moleste a los españoles, que lo hacen sin darse cuenta. El único enojado vas a ser tú.

Minimiza la cultura española.

Los franceses solían decir “África empieza en los Pirineos”, en lo que constituía el mayor insulto para los españoles. Tal vez cuando Franco estaba en el poder, o más allá durante la invasión mora, los franceses tenían algo de razón. Pero ahora los españoles están orgullosos de ser parte de Europa y, especialmente, de la herencia cultural conformada por las tradiciones judía, cristiana y musulmana. Tratar de minimizar su influencia cultural en el mundo los enoja mucho, no solo a ellos, sino a mí. Y a menos que quieras que diga algo sobre tu madre, ni se te ocurra hacerlo.