Foto: gagilas

Hola, qué tal, soy Eva y tengo “problemas con el manejo del enojo” ¿O será que simplemente estoy muy enojada? Al fin y al cabo, en Estados Unidos, todo es una condición médica, desde el cáncer y la caspa hasta el comportarse como un idiota. El enojo, especialmente, constituye un gran problema para nuestros ciudadanos. Nos provoca enfermedades cardíacas, hace que nuestras caras se pongan rojas y feas, los objetos vuelan por el aire y finalmente hay disparos y alguien resulta herido. Pero también se ha demostrado que el enojo libera tensiones, facilita la discusión y hace llorar a los niños.

Por favor, y esto va para todos, me siento mal, muy mal. La semana pasada me mordí la lengua mientras le gritaba a un estudiante. No quiero estar enojada todo el tiempo ¿Puedo tomar tu mano? Voy a contar hasta diez. Gracias por estar acá para apoyarme. Me siento querida, especial. Pero todavía estoy enojada. Tal vez podría tratar de encontrar la raíz de mi enojo y así sentirme completa nuevamente. Por favor, ayúdenme a sentirme completa.

Conviértenos en víctimas

Ay ay ay, querido, cómo te equivocaste conmigo. No me devolviste la plata cuando dijiste que lo ibas a hacer ¡Te llevaste a mi perro! ¡Abollaste mi auto! ¡No ajustaste bien la tapa de mi taza de café! ¡Cosiste mis nuevas tetas al revés! ¡No me advertiste que la vereda se termina y acabo de lastimarme el dedo gordo del pie! ¡Puede incluso que esté fracturado! ¡ME VICTIMIZASTE! ¡ESTOY MUY ENOJADA Y EXIJO UNA DISCULPA! Acepto cheques y efectivo.

Pregunta: ¿Cómo te das cuenta de que un estadounidense está enojado?

Respuesta: Ha llamado a su abogado.

Somos gente sensible. Y también somos bastante astutos y hemos aprendido que si nos quejamos lo suficiente, alguien va a pagarnos por nuestro dolor. Hasta que me mudé a Japón, no me había dado cuenta de la importancia de la industria del juicio en nuestra cultura. Cuando uno de mis estudiantes japoneses me contó que había habido un accidente fatal en su fábrica de acero, la primera palabra que vino a mi mente fue: “Juicio”. Pero mi estudiante me contó que los padres del operario fallecido le habían agradecido por tratar la muerte de su hijo con sensibilidad.

“¿Entonces no te van a hacer juicio?”, le pregunté. “No”, me respondió. “¿Por qué habrían de hacerlo? Fue un accidente”. Debo reconocer que aún no salgo de mi asombro ¿Esos padres no se enteraron de que una compensación de millones de yenes podría hacer parecer esa muerte trágica y prematura como correcta? Alguien debería hablar con ellos. Tal vez lo haga yo.

Quítanos nuestras opciones para comer

Una de las cosas más lindas de nuestra América capitalista es la preponderancia de opciones. Aún el medio de una sombría depresión económica, tenemos más comida de la que necesitamos. Tenemos tanta pero tanta comida que realmente puedes conseguir “Your Way, Right Away!”

¿Prefieres una ensalada de lechuga romana en lugar de espinaca? ¿Y la quieres acompañada por un aderezo que no tenga ni gluten ni lácteos ni productos animales? ¿Cinco rebanadas de pan en tu sandwich en lugar de dos? ¿Pasta de harina integral? ¡Estás en el lugar perfecto, amigo! El personal de nuestros restaurantes están bien entrenado para acompañarte a través de tus ansiedades culinarias, prepararte el plato que más te satisfaga y servírtelo de inmediato.

Pero para un estadounidense, los problemas comienzan cuando no se tienen todas estas opciones a su disposición. Puede que al restaurante se le hayan acabado la leche sin leche o el pasto para tu jugo. Puede que estés en otro país, donde un “plato vegetariano” significa “un plato con pollo” y donde no todos los ítems del menú se pueden cambiar a tu antojo. Pero es que le tengo alergia al agua. No me gustan las comidas con colorante azul ¿Qué quiere decir “no tenemos la opción Super Size”? ¿Y qué como ahora?

Usa epítetos raciales

Por favor, no me malentiendas, nosotros los estadounidenses podemos ser tan racistas como el peor, pero lo escondemos mucho mejor. Lo políticamente correcto -ese contragolpe del siglo XX al racismo y la intolerancia de los viejos tiempos-, ha penetrado nuestra conciencia colectiva de manera tal que aún los eufemismos más amables para hablar de raza, condiciones médicas o religión se han convertido en un insulto.

Aún cuando somos lo suficientemente “cool” para reirnos de las encantadoras diferencias entre nuestro grupo de amigos multicultural, una de las maneras más eficaces para hacernos retorcer es tirar una bomba con un epíteto cultural pasado de moda y no decirlo en chiste. Mi hermano está saliendo con una chica oriental. Querida, ¿podrías pasarme la abrochadora, por favor, si no es demasiado pesada para ti? ¿Hay un baño para tullidos por acá? El día que mi ex novio irlandés nos recitó la versión original de “ eenie meenie miney moe”* a mí y a mi amigo, también estadounidense, casi nos cagamos encima.

*la palabra ”tiger” es reemplazada por una palabra que rima mejor con Tigger. Ah, y empieza con n…

Dínos que hay algo que no podemos tener

Hay un gran problema que está afectando a la generación de hoy: el derecho a tenerlo todo. A los niños de Estados Unidos se les enseña que no hay ganadores ni perdedores en la vida, que ellos son íntrinsicamente maravillosos porque nacieron así.

Estos sentimientos son, a nivel individual, muy nobles, pero aplicados sin cuidado, ¿en qué resultan? En una generación de gente que no entiende lo que significa trabajar para lograr lo que se quiere. Gente que considera que merece siempre un trato especial. Gente que se endeuda por un televisor plasma porque “¿acaso no me merezco lo mejor yo? Díle a un estadounidense que no consiguió un trabajo, que no hay bonos para las fiestas este año o que no pueden comprar el nuevo iPad antes de la Pascua y te arriesgas a presenciar un berrinche de gran magnitud.

No seas generoso con las propinas

Cómo nos disgusta esto, por favor. Aún cuando entendamos que la propina es algo que merece la persona que nos sirve por un trabajo bien hecho, no podemos olvidarnos de que los dueños de los tugurios de América le pagan a sus empleados con tierra. Y es nuestro deber ayudarlos. La mayoría de nosotros trabajó como camarero o personal de servicio durante la universidad y aún podemos recordar lo difícil que es servir con una sonrisa cuando te pagan dos dólares la hora. Queremos respetar a la gente que está tratando de salir adelante.

Las costumbres estadounidenses sobre la propina son inadmisibles en otras partes del mundo. Simplemente acá se deja propina aunque el servicio haya sido pésimo ¿25 por ciento? ¡Es una locura! ¿Dejarles propina a los taxistas? ¿Bartenders? ¿Y por qué le tienes que dejar propina a la peluquera? Si ellos ya están ganando un salario. Se abusa constantemente del sistema. Tomemos como ejemplo a esos empleados mofletudos de Starbucks, que reciben propina por darte una lata ¿Por qué merecen una propina? ¿Porque abrieron la caja registradora? ¡Cómo se te ocurre! -me dirán-, nuestro trabajo es muy duro. OK, muéstrame un trabajo que no lo sea. Tal vez yo deba recibir propina por usar una linda fuente cuando escribo, con el agregado de un dólar por cada chiste que haga. Pero es solo una divagación.

Para los estadounidenses, alguien que deja malas propinas es un imbécil. En esas terribles ocasiones en las que no tenemos suficiente efectivo para dejar una buena propina, nos sentimos como una basura. Cuando invité a mi entonces novio irlandés a New York, se ponía furioso con la sola mención de tener que dar dinero extra “por nada”. Pero solo le di solo dos dólares en en monedas de cinco centavos ¿Y? ¿No es lo mismo que darle dos dólares en billetes? Tendría que haber prestado más atención a las señales de alarma en este noviazgo.

Pídenos que hablemos otra lengua que no sea inglés

Esos malditos inmigrantes… vienen a vivir nuestro país, se quedan con nuestros trabajos e invaden nuestra cultura ¿Y qué es esa estupidez de “press 1 for English, presione 2 para español”? ¡Estás en Estados Unidos, habla inglés!

Y ni te cuento de la mayoría de los estadounidenses que viaja al extranjero y espera que absolutamente todo el mundo hable inglés ¿Qué es esa necesidad de aprender otros idiomas? – se preguntan- ¡Si todo el mundo habla inglés! Y si bien es cierto que muchos ciudadanos del mundo aprenden inglés en la escuela y casi todos los trabajadores de la industria del turismo hablan inglés, asumir que “toda la gente” sobre la faz de la tierra habla inglés es absolutamente falso (por favor, dejemos a los países nórdicos fuera de esta discusión, su genialidad linguística los convierte en fenómenos).

Cuando vayas de visita a otro país, pasea fuera de los grandes centros urbanos y vas a comprobar cuánta gente habla inglés. Recuerda tu propia educación: aprendiste francés en la escuela pero, tan pronto como dejaste de practicarlo, se te fue olvidando. Eso mismo nos pasa a todos. En el pueblito italiano en el que vivo muy poca gente habla inglés. En la familia de mi madre, casi nadie habla inglés. Por el lado de mi padre, solo mis primos. Cuando vivía en Osaka, era extremadamente raro encontrar un camarero o proveedor de servicios que dijera algo más que “Herro” and “What you want?”

Los estadounidenses no quieren creerlo. Hollywood les hizo creer que los países extranjeros son como Epcot, lugares llenos de gente disfrazada que habla perfecto inglés con diversos acentos encantadores. Querida, ¿por qué esta persona me está hablando en francés? ¡Yo no hablo francés! ¿Por qué no habla inglés? ¡Se supone que todo el mundo habla inglés, estos franceses son unos maleducados! Odio este lugar.

Y por último, tenemos a esos estadounidenses que deciden irse a vivir a otro país pero se niegan a aprender su lengua. Es que es tan difícil, no pretenderán que ahora me ponga a aprender un nuevo idioma, ¿no? ¿Por qué no hay señales de tránsito en inglés? Tendría que haber señales de tránsito en inglés.

Sí, claro.

Dinos que los Estados Unidos no hacen nada bien

OK, te doy la razón: nuestros gobiernos han hecho cosas muy oscuras y nuestra gente puede ser odiosa y hablar con voz demasiado alta. No tenemos edificios de dos mil años ni una lengua secreta que solo nosotros podemos hablar. Nuestros chocolates parecen de goma y aún aquellos nacidos y criados en los Estados Unidos no saben definir “la cocina americana”.

Una de las cosas que más irrita de los estadounidenses es nuestro estrecho entendimiento de los eventos mundiales. Y no se trata de un estereotipo del todo falso: muchos de nosotros nos quedamos perplejos cuando nos enteramos de que no le caemos bien a la mayoría del resto del mundo. ¿Qué querés decir con que no les gustamos? No entiendo. Si somos buen gente. Le dimos al mundo Nike, Hollywood, Elvis, Michael Jackson y el iPad ¡Son cosas que la gente adora! ¿Pero no les gustamos? OK, fuck them! Que en Estados Unidos también tenemos sentimientos, qué va.

Dinos que somos “solo” estadounidenses.

Por siglos, los inmigrantes que vinieron a los Estados Unidos se sintieron presionados para asimilar la nueva cultura y borrar sus raíces. Se cambiaron los nombres, a los hijos no se les enseñó la lengua de sus padres y las recetas tradicionales se alteraron para satisfacer el gusto del nuevo país y utilizar los ingredientes locales. Pero en las últimas generaciones se ha vuelto acepetable y hasta deseable el cultivo de los lazos con otras culturas.

En nuestra nación multicultural, hay una pregunta muy común: “¿Qué eres?”. La pregunta está destinada a descubrir los orígenes étnicos de una persona, pero últimamente los estadounidenses tienden a intercambiar los términos “etnia” y “cultura”. Nos encanta identificarnos con nuestros ancestros, a quienes probablemente nunca conocimos, escapando al hecho de que el lugar donde uno nace y crece es lo que define su cultura. Aún los estadounidenses más “reales” te dirán “soy británico e irlandés por el lado de mi madre y holandés por el lado de mi padre”.

¿Por qué tenemos tanto miedo de llamar a las cosas por su nombre y decir que somos “estadounidenses”? Los canadienses, los australianos y los neozelandeses no tienen este problema. Existe el sentimiento extendido en todo el país de que no tenemos una cultura que nos amalgame. Pero si esto fuera verdad, ¿por qué somos la gente más fácilmente reconocible del planeta?

Si bien es cierto que las raíces étnicas de la mayoría de los habitantes de los Estados Unidos se remontan a otros continentes, hay algo que es seguro: aquellos nacidos y criados en América comparten un lenguaje y un acento únicos, creen en el poder del individuo, les temen a los asesinos seriales y a los gérmenes, adhieren firmemente a usar la escala Fahrenheit y comparten la certeza de que cada uno puede ser lo que se proponga si trabaja duro para ello. Pero aún así, esto es lo que pasa cuando le dices a un estadounidense que es simplemente eso, “estadounidense”:

– ¿Qué eres?

– ¡Irlandés y muy orgulloso!

– ¿Qué? No eres irlandés, eres estadounidense. Naciste y creciste en América, nunca fuiste a Irlanda y tu inglés tiene acento de Estados Unidos.

– ¡Cómo te atreves! ¡Soy irlandés por todos lados, lo que me hace 100 por ciento irlandés! Y sí, nunca he estado en Irlanda, pero es parte de mi sangre. Soy pelirrojo, me siento irlandés, ¿vas a venir a decirme que no lo soy?

Anda en puntas de pie cuando te atrevas a poner en práctica este último punto. Podrías hacer llorar a una chica “polaca.”