Crédito: Humberto López

Dinos que manejamos mal.

Nunca presentamos un examen de manejo y solo intuimos el contenido del reglamento de tránsito, pero nos forjamos bajo el yugo de los microbuseros y taxistas más salvajes y eso debe de contar para algo… ¿O no?

 

Haznos cruzar el D.F. un caluroso viernes de quincena por la tarde.

Crisis nerviosa en cinco, cuatro, tres, dos…

 

Atenta contra nuestra impuntualidad.

Esto se ha dicho hasta el cansancio. Los chilangos somos tan impuntuales que nos encabronamos ante la simple idea de que alguien nos exija llegar temprano a algún lugar. ¡Si ya sabes cómo se pone el tráfico a esa hora!

 

Presúmenos las bondades de haberte mudado lejos del Distrito Federal.

Los chilangos estamos orgullosos de nuestra ciudad y nunca la cambiaríamos por otra. Es por eso que recibimos con recelo las historias de aquellos que se han visto en la necesidad de partir a tierras lejanas. Tierras lejanas menos contaminadas, donde las rentas son baratas, el cielo es azul, los pájaros cantan y tu trabajo no está a dos horas de tu casa.

 

Toca el claxon como se debe.

La bocina del auto es un instrumento cuya finalidad es llamar la atención mediante el sonido para evitar accidentes. Para un chilango el claxon es una máquina de mentar madres… y así se utiliza.

 

Dinos que hablamos cantadito.

Dicen que entre los chilangos estamos los que hablamos feo y los que hablamos peor. Pero no falta el que cree que fuimos elegidos por los dioses del idioma para representar la neutralidad en el español y se encabrona cuando alguien le dice que habla “cantadito”.

 

Tómate las cosas con demasiada calma.

Los chilangos tenemos un ritmo diario muy acelerado -más acelerado de lo que se consideraría saludable- y atentar contra ese ritmo puede no ser tomado de buena manera. ¡A veces andamos a prisa aún cuando estamos de vacaciones!

 

Critícanos los tacos al pastor.

El taco al pastor es el taco por antonomasia para los chilangos y muchos se ven sorprendidos por su ausencia cuando viajan a otras regiones del país. Sí, hay tacos de adobada, de carne enchilada, tacos árabes y otros similares, pero nunca tacos al pastor como los chilangos.

 

Llévanos a comer tacos… a Taco Bell

Los chilangos ni siquiera sabemos con exactitud lo que es un burrito… no esperen que reaccionemos bien ante la comida Tex-Mex.

 

Entra en la discusión de la quesadilla.

La quesadilla de queso (como se pide en el D.F.) es un punto de discusión clásico en reuniones donde conviven chilangos y mexicanos de otros lares. No sé por qué somos tan susceptibles al tema (quesadilla de queso sí suena chistoso después de todo) ni por qué les gusta tanto hacernos encabronar con eso.

 

Llámanos… ¿chilangos?

Todo el mundo se refiere a los del DF como chilangos y una gran parte de nosotros nos autodenominamos de la misma forma. Aún así, hay quienes piensan que este término es peyorativo y prefieren el políticamente correcto “defeño” o el nada imaginativo e increíblemente largo “de-la-Ciudad-de-México”. Tal vez chilango haya surgido como un apelativo negativo, pero en las últimas décadas ha dejado esa carga atrás, popularizándose y cargándose de identidad. ¡Yo no me encabrono si me dicen chilango!