Presentamos una pequeña obsesión con la mayonesa y la salsa inglesa…

El tico gusta de mojar algunas de sus comidas con esos aderezos. El ceviche podrá estar perfecto, pero es muy probable que el comensal en cuestión pida mayonesa. El tamal navideño podrá ser una verdadera joya culinaria, pero el tico necesitará de su salsa inglesa…

 

Llegamos con paracaídas

Si bien se sabe que esto puede ser un poco incómodo para el anfitrión, no falta quien cometa el pequeño desliz de llegar con algún familiar o amistad que se encontró de camino y a quien, como buen tico, no halló la forma de decirle que ya tenía un compromiso, por lo que prefirió traerlo a la comida, sin previo aviso a los anfitriones. ¿Qué te parece esta costumbre?

 

Siempre nos vamos de la casa a la que fuimos invitados con un gallito.

Un pedacito de queque, unos gallitos de carne o, si es posible, un poquito de todo para el día siguiente o para llevarle una buena probadita a la persona que no pudo asistir a la comida.

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Cuando comemos en un restaurante, no es muy común que devolvamos un plato mal hecho.

En Costa Rica no es fuerte la costumbre de quejarse por un plato que no satisface aunque, sin dudas, es algo que tenemos que empezar a hacer más.

 

Siempre llevamos algo para aportar a la comida.

El comensal tico tiene la buena costumbre de siempre llegar con algún plato extra para la comida. Un plato principal, un postre o, al menos, una bolsa de papas tostadas.

 

Nos cuesta un poco ser aventureros con la comida.

Tendemos a ser tradicionalistas y hasta quisquillosos como comensales. Si nos ponen a escoger, es muy probable que siempre prefiramos comidas que nos sean más familiares o que por lo menos nos resulten conocidas.

 

Siempre insistimos en pagar la cuenta.

Cuando llega la hora de las horas, aunque el convidado tico sepa que se le estaba invitando, siempre hará el gesto simbólico de cancelar la cuenta.

 

Ayudamos a recoger los platos y siempre nos ofrecemos a lavarlos.

Los ticos demostramos el agradecimiento por la invitación ayudando a nuestros anfitriones con la tarea de poner los platos en el fregadero y lavarlos.

 

Somos muy generosos a la hora de halagar.

Nos den lo que nos den y nos sirvan como nos sirvan, y aunque no nos guste, los buenos comensales ticos nos deshacemos en cumplidos para nuestros anfitriones, resaltando lo maravilloso que ha sido todo.

 

Llegamos tarde.

La impuntualidad es como nuestra marca de fábrica, ¡una pena, pero es cierto! Si la invitación decía “almuerzo al mediodía”, hay que interpretar que el mediodía sucede a las tres de la tarde…

 

Agradecemos una rica comida con un “¡ya te podés casar!”.

O un “¡Buenísima la comida, estás en todas!”. Y siempre nos despedimos con un “¡Pura vida!”.  

 

Crédito imagen de portada: Coral Blanche Hummer