Crédito: Stephen McLeod Blythe

Para un argentino, no hay nada mejor que…
¡Otro argentino! Entre nosotros estamos entre hermanos, compartimos códigos y gustos. Una mirada, un llamado o un mensaje de texto son suficientes para organizar una cena, reunirnos a tomar unos mates o hacer planes para pasar juntos el fin de semana. Nos movemos en grupo y es muy difícil encontrar a un argentino solo en Nueva Zelanda. Cuando nos cruzamos con uno de los nuestros, enseguida vamos a vernos envueltos en toda una comunidad de argentinos. Para no extrañar, ¿viste?

Tenemos las ruedas lisas de tanto frenar de golpe.
En Argentina, los peatones tienen prioridad de paso, pero sabemos que de hecho no la tienen y solo aquellos con tendencias suicidas se atreven a cruzar sin mirar. Aquí los peatones tienen prioridad, así que cruzan sin mirar y dan por sentado que vas a frenar. Así que o frenás. O matás a alguien.

Nos quieren y nos cantan…
Trabajé en un restaurante y, sin exagerar, casi todos los días algún cliente -siempre uno distinto-sostenía conmigo la misma conversación:-Where are you from?-Argentina.-Oooh, “Doooon ́t cry for me Argentinaaaaaa…”Nadie, pero nadie, sabe el resto de la canción así que siempre siguen sin letra, tarareando y, aunque en general los neozelandeses no son tan expresivos a la hora de hablar, el «Aryentiiiiinaaaaaaaa» viene siempre acompañado de mucho sentimiento. El mentón ligeramente inclinado hacia arriba, los ojos entrecerrados y una mano en el corazón.

No entendemos un carajo.
Al principio te va a costar. Y es normal. Pero después te va a seguir costando…más de lo que imaginás. Si pensás que adaptarse a escuchar y a hablar inglés, en general, no es fácil, esperá a tratar de sostener una conversación con un kiwi(para los que no son de palo, Kiwino es solo la fruta kiwi fruit, sino las personas neozelandesas que no son maoríes). No les vas a entender ni los buenos días aunque hayas obtenido el first certificate con la calificación más alta. Si bien con el tiempo tus “communications skills» van a mejorar, van a ser muchísimas las veces que pongas cara de póker mientras pienses «What the fuck is he trying to say?».

Salimos de fiesta después de la medianoche.
Solo para darnos cuenta de que está todo por cerrar. Vas a tener que pasar unos cuantos meses en Nueva Zelanda antes de adaptarte (si te adaptás) y arrancar más temprano. Eso sí, nunca vas a dejar de quejarte y recordar con nostalgia que, cuando todos se van a dormir en Nueva Zelanda, en Argentina recién estábamos empezando con la «previa».

El mate siempre nos acompaña.
Infaltable, siempre, en todos lados. En cualquier hostel en Auckland, Wellington, Christchurch o donde sea, tan solo te alcanza con un golpe de vista cuando pasás por el comedor o el lobby para reconocer a un argentino. El mate y el termo nos delatan.

No podemos, sencillamente no podemos cenar a las cinco de la tarde.
Si vas a cenar afuera, vas a llegar a la hora que están limpiando. Si vivís en una casa con una familia kiwi,vas a empezar a cocinar para cuando ya todos se fueron a dormir. Te va a llevar varios meses acostumbrarte a adelantar la cena.

Salimos fiesta o de compras sin identificación (ID, pasaporte o licencia de manejo).
A todos los argentinos que conozco nos ha pasado más de una vez. En algunas ciudades es peor que en otras y algunos locales pueden llegar a ser muy estrictos, pero lo cierto es que la ley dice que si tenés pinta de tener menos de 25 años te pueden pedir tu ID a la hora de comprar cerveza en un supermercado o de pedir una copa de vino en un pub. Y si no lo tenés, te vas para casa. Sí, aunque tengas 35 años y tu barba sea canosa, te van a pedir ID, y más de una vez te vas a comer alto garrón.

¡Che Boludo!
Quizá alguno de los puntos previos sean aplicables a uruguayos y chilenos también, pero si hay algo que es de los argentinos y de nadie más es que después del saludo (con un beso, obvio), viene siempre nuestro querido «¡Che boludo…!»