Crédito: Irina Fedina

Los españoles no somos muy amigos de dar propinas (ni en Alemania ni en ninguna otra parte del mundo).

Pagamos la cuenta y guardamos en el bolsillo hasta el último céntimo, a no ser que alguien nos recrimine públicamente que las propinas son obligatorias. Da igual que el camarero sea majísimo, que nos guiñe un ojo o que nos invite a una copa. Esto de soltar unas monedillas porque sí nos cuesta mucho. ¡Las cosas están muy mal en España como para andar tirando el dinero!

 

Nos molesta la extrema puntualidad de los alemanes.

En Alemania nos pasamos el día corriendo y estresados para intentar ser puntuales. En el trabajo lo cumplimos, la norma es la norma, pero en nuestra vida privada ¡jamás! El fin de semana es para tomarlo con calma… Bitte, take it easy.

 

A ver, queremos un simple café cortado.

Un tallat, en catalán. Un café en una tacita con una gota de leche, bien calentito. Sí sí, y que nos arda el paladar. No queremos una taza XXL de leche templada con una gota de café y medio vaso de espuma. “¿Un expreso con un pelín leche?”. Pero siguen sin entendernos y siempre terminamos pidiendo un capuchino.

 

Saludamos y nos presentamos con dos sonoros besos.

¡Y cuánto más ruidosos mejor! Cuanto más suenen los besos, mayor es la alegría por encontrarnos con esa persona. Esto de dar la mano no es para nosotros. Muy frío.

 

No soportamos el sabor carbonatado del agua con gas.

¡Encima la palabra “Kohlensäure” (gas) es un verdadero trabalenguas! ¿Pero es que no hay agua normal en este país? No estamos acostumbrados a especificar si el agua que queremos es CON o SIN gas. ¡En Alemania no nos queda otro remedio que acostumbrarnos!

 

¿Kostenlos? ¡Vamos!

Kostenlos significa “gratuito”. Estamos en todos los eventos Kostelos de la ciudad y vamos todos juntos en manada. Nos reconocerás fácilmente porque somos los que movemos el esqueleto en la pista de baile. Es nuestro punto diferencial de ligoteo para competir con los alemanes, que son más de quedarse en la barra.

 

Frecuentamos los locales de Doner Kebab, abiertos las 24 horas.

Son las once de la noche, estamos en el medio de la calle y nos entra un hambre feroz porque, como buenos españoles, todavía no hemos cenado. Encontramos un par de restaurantes por el barrio, la camarera está barriendo y la cocina ya está cerrada. ¡Lo que sucede es que a las siete de la tarde no tenemos hambre!

 

No es que seamos ruidosos, pasa que los alemanes son muy silenciosos.

Y sí, somos alegres y  divertidos y nos reímos a carcajadas. Y cuando estamos con amigos en un espacio público podemos ser extremadamente ruidosos. ¡Somos españoles!