Viajar tiene dos cosas malas: una, que a veces es cansado e incómodo (pero ya se sabe que sarna con gusto…); y dos, que muchas veces gastas más dinero del que deberías. Este no es uno de esos artículos sobre cómo si no ahorras en tus viajes es porque lo haces mal y es tu culpa por no querer compartir habitación con veinte personas o comer todos los días de sándwich. Cada uno viaja con su presupuesto y se ajusta a él, signifique esto lo que signifique. Pero hay muchas veces en las que al viajar gastamos dinero de forma tonta e innecesaria. ¿Y si ese dinero pudiese quedarse en nuestras cuentas o ser utilizado de forma más inteligente?

1. No hacer los deberes con el banco

¿Qué tipo de deberes? Varios y según adónde viajes. Si vas a quedarte en tu país, entiendo que ya sabes en qué cajeros puedes sacar dinero sin comisión (si no lo sabes, igual es un buen momento para enterarte). Si vas a salir fuera y la moneda es la misma que en casa, pregunta también en qué cajeros puedes sacar dinero de forma más barata en ese país y si la comisión es fija, porcentual o si a partir de determinada cantidad pagas menos o no pagas (a lo mejor, si no te vas mucho tiempo, te compensa viajar con una cantidad ya importante en metálico, pero divídela y guárdala bien).

Si vas a un lugar con otra moneda, te toca enterarte bien del tema cambio: ¿cuáles son las tarifas que te va a cobrar el banco al sacar en otro país? ¿te compensa ir con el dinero cambiado de casa? ¿es mejor ir con metálico y cambiar en el aeropuerto? Esta última opción suele ser un imán para tarifas abusivas, así que asegúrate de que haces el cambio en un lugar oficial. Aprovecha la visita o llamada al banco para decirles dónde vas a estar y en qué fechas, por si tienen algún tipo de sistema de seguridad que no te deje sacar allí.

2. Esperar al último momento para comprar el transporte

Esto en realidad depende mucho del tipo de transporte que vayas a usar y del lugar. Pero infórmate, porque en algunos países los precios fluctúan mucho. En Alemania, por ejemplo, cuanto antes compres, mejor. Si no te pasará como me pasó a mí hace unas semanas, que por no comprar el tren de Bremen a Colonia cuando decidí que iba a hacer ese trayecto, acabé pagando más por eso que por el vuelo de Oporto a Bremen. (Y cuando miré el tren hace unos meses no era así).

Por supuesto, no siempre sabes con antelación qué trenes o autobuses o aviones vas a tener que tomar, y en algunos casos sale mejor comprar en el último momento que antes. El consejo general es que te informes, pregunta a otros viajeros o gente que vive ahí, lee blogs, mira las páginas de las compañías de transporte…

3. Comer siempre en los sitios más turísticos

Esto es un poco evidente y, sin embargo, hay gente que sigue haciéndolo y sorprendiéndose por la mala relación calidad-precio. No pasa nada por comer un día en la piazza principal de alguna ciudad italiana (yo suelo optar por el café, que aunque sea carísimo es menos dinero que una comida entera ahí), no pasa nada incluso por hacerlo siempre. Pero lo que no puedes es sorprenderte.

Para gastar menos no tienes que irte a los arrabales de la ciudad en la que estés, muchas veces basta con cambiar a la calle paralela de la más turística, elegir una plaza menos popular (pero no por ello menos bonita), preguntar a alguien de allí qué sitio recomienda. Pagarás menos por algo mucho más rico. Y, si no tienes suerte y no está bueno, al menos no habrás pagado tanto.

En restaurantes también hay que tener cuidado con las tarifas ocultas que a veces hacen que paguemos más de lo esperado. ¿Están los precios ya con impuestos incluidos? ¿Cómo funciona lo de las propinas? ¿Este aperitivo que te han puesto y no has pedido es gratis?

4. Ir con exceso de equipaje

De verdad, viajar ligero es siempre mejor: es más cómodo, tienes menos problemas en los aeropuertos y si te pierden la maleta al menos no habrás perdido toda tu ropa. Y otra gran ventaja: no mirarás con miedo el número de la báscula en el mostrador de facturación mientras pesan tu maleta. Porque pasarse de kilos es una forma segura de pagar de más.

Pero no basta con viajar ligero: tienes que viajar informado. Algunas aerolíneas (hola, Ryanair) han reducido al mínimo el volumen de equipaje que puedes llevar de forma gratuita. Si viajas creyendo que más o menos todas las aerolíneas siguen las mismas normas, es posible que te lleves una sorpresa algo desagradable al llegar al aeropuerto.

5. Pagar por un seguro que ya tienes

Una se da cuenta de que se hace mayor cuando viaja por primera vez con seguro. Y, más mayor aún, cuando investiga antes y descubre que en realidad la tarjeta con la que ha pagado el viaje ya incluye ese seguro que antes habíamos pagado por separado. No es siempre así, pero comprueba antes de contratar una póliza nueva qué cobertura incluye ya tu tarjeta para no pagar por dos.

6. No aprovechar los descuentos por compra online

Para reducir colas, son ya muchos los museos y teatros y lugares turísticos de todo tipo que ofrecen la posibilidad de comprar las entradas online con antelación. Como muchos prefieren que lo hagas así, ofrecen además un incentivo extra: ¡un descuento! Es cierto que no siempre sabes los lugares a los que vas a ir y no siempre puedes comprar las entradas antes, pero si ya tienes un plan más o menos claro, mira si tienes esa posibilidad. Si planeas visitar muchos museos o lugares turísticos con entrada, puedes ahorrarte una cantidad importante.

7. Hacerte el listo en el metro

En muchos países, especialmente en Centroeuropa, puedes entrar en el metro sin pasar por un torno o en el autobús o tranvía sin enseñarle el billete al revisor. Se entiende que eres alguien cívico y que llevas un billete válido (normalmente tienes que ticarlo a la entrada), pero ay, la tentación. Cuando llevas varios viajes y no has visto un revisor es muy posible que te sientas tentado a viajar sin billete. Allá tú. Puede que tengas suerte o que te toque pagar multa, lo que te hará hacer cuentas y preguntarte si ha valido la pena.

8. No contar con el tiempo de transbordo

Si compras un vuelo con escalas y lo haces todo a través de la misma compañía no pasa nada: normalmente esperan y, si el primer vuelo llega con retraso, te acomodarán en otro. No obstante, si son vuelos de compañías distintas, deja mínimo un par de horas para hacer el transbordo. En algunos casos te sobrará tiempo, pero en otros irás justo. Ten en cuenta el tamaño del aeropuerto, si vas a tener que cambiar de terminal y si vas a tener que pasar por seguridad otra vez. Da mucha rabia perder el segundo avión solo por no haber calculado bien el tiempo, teniendo que pagar otro vuelo y quizá alojamiento.

9. No reclamar cuando tienes derecho

Pero si no pierdes ese avión por tu propia incompetencia sino porque el primero se ha retrasado mucho, ¡reclama! Incluso aunque no hayas perdido ningún avión. Por supuesto, entérate antes de si tienes derecho (depende del retraso, la duración del vuelo y la normativa aplicable), pero si es así, no lo dejes pasar. Esa indemnización es tuya.