El idioma de Guayaquil es como un Nokia 3320. Es simple, tiene colores muy contrastantes, camina solo, se calienta fácilmente, su relación con la gente es en blanco y negro, sobrevive al agua, y así se caiga y se desarme, se junta y sigue funcionando. Ah, y si te lo roban, lo encuentras en la bahía.
Hay muchas conversaciones que sólo pasan en Guayaquil, y la idea de este post es buscar capturarlos como pokemones raros para darlos a conocer al mundo.

1. Sácatela como torero.

El guayaco les llama “la sacada de torero” a toda excusa válida o inválida para salir de un apuro conversacional. Es aquí donde cosas aleatorias son importantes para evitar un pito (problema). Esta es un algoritmo tipo “confunde y reinarás” que requiere de miles de horas para masterizar, el cual le permite a un guayaco evitar y desviar las balas como en The Matrix. He aquí dos ejemplos básicos de sacadas Guayacas, aprovechando el clima inclemente:

Ejemplo 1: Para llegar a una reunión al triple de la hora ecuatoriana prevista
¡Hola hola!
Oye, ¿por qué Churchill* llegaste tan tarde? ¡Ya todos comimos!
– (Inicio del bucle) ¡Qué calor más infernal! ¡Estamos en un horno!
¡No pega moverse con este solazo!
Sacada exitosa: sugerido entrar rápido a otro tema y sentarse del otro lado de la mesa. 👍 Y obviamente es ch*cha, no Churchill.

Ejemplo 2: Para irse de una reunión aburrida
Bueno, como dijo don Biruta…
Qué, ¿ya te vas? ¡Aguántate al menos hasta el arroz con pollo!
– (Inicio del bucle) ¡Está lloviendo a cántaros!* ¡Ya me dijeron que por mi caleta ya está inundado!
¡Chuta, ya te tocó salir en lancha!
Sacada exitosa: sugerido irse despidiendo del anfitrión por las mismas. 👍
*NOTA: Es posible aderezar con cara de suma preocupación. #SierraStyle

2. Prepárate para un bucle de preguntas.

Para un extranjero, esto puede parecer un misterio de Scooby Doo, pero en Guayaquil se juega así. Debes estar listo para el pokerap de respuestas rápidas. Ejemplo 1:
Amiga, ¿qué jugos tiene?
Limonada, jugo de mora, y naranja.
Deme una limonada.
Solo hay de mora.
¿Si demora o no demora?
Jaja, ya le sale.

Otro ejemplo:
¿Cómo llego a su restaurante/tienda/etc?
Mire, ¿si ubica una casa verde junto a la farmacia de (ciudadela X)?
¿Una de rejas blancas?
¡Esa misma!
Listo. Si me ubico.
Ya, esa no es. Es en la esquina diagonal de al frente.
¡Papayita!

3. Aprende los códigos guayacos para grados de confianza.

En Guayaquil, un man es un singular de persona, y su plural es manes, ya sea que se trata de femeninos, masculinos o ambos. Si un man es tu compadre o una man tu comadre, pasa a categoría de “broder”, o “buddy” entre los más jóvenes. Si es solamente un conocido, se lo deriva a un “panita”.
Por otro lado, si no conoces a una persona, pero quieres ser apreciativo, puedes referirte a ella como “mi llave” si es masculino, y “amiga” en el caso de las mujeres.
Es decir, si el man que es tu broder y la man que estaba en la fiesta del panita del colegio se conocen, y te lo presentan, el panita puede llegar a ser tu buddy después de un tiempo. ¿Se entiende, mi llavecita?

4. No hables de más para cuadrar un plan. El guayaco es “de una”.

El Guayaquileño no pierde tiempo y siempre está listo para la joda panística. Si un guayaco te dice “deja ver mi calendario”, es falseta (falso) o mandarina (su pareja manda). El Guayaco que quiere salir te ahorra saliva y mensajitos. Como diría Andrés Crespo, si le preguntas a un guayaco ¿qué vas a hacer hoy?, el man directamente te revita “¿A dónde?”, para una conversación frontal y sin rellenos. Ejemplo:
¿Vas a hacer algo hoy?
De una. ¿Dónde?
¿Peñas?
Belleza. Caigo 9.
Ya. Pilas.

5. Si te preguntan por lugares de comida, “La Víctor” es tu comodín.

Urdesa es un sector céntrico de Guayaquil que se ha convertido en el principal corredor gastronómico y uno de los puntos de encuentro preferidos. Tiene una encantadora mística de vida nocturna y un ligero pero coqueto toque de asalto a mano armada. Desde los setentas, Urdesa no ha pasado de moda gracias a su gran abanico de opciones y sorpresas. Desde el sushi hasta el shawarma, desde ir a tomarse un cafecito hasta celebrar que el Ecuador clasificó al mundial, gran parte de la vida nocturna de Guayaquil está allí. Así que cuando quieras cuadrar el plan, este es el lugar ideal al que ir.

6. Cualquier metáfora o reemplazo es válido si es lo suficientemente caguederisístico.

En Guayaquil, toda palabra fonéticamente o contextualmente parecida a otra es un reemplazo válido para echarle salsita a la conversación. Un guayaco no está solo en el paseo de compras y decide comprarse mocasines a buen precio para lucir bien cuando sale con su pareja. Un guayaco está solano en el mall, y decide comprar unos mocasines que no estén cariñosos para tirar parada de aniñado con la ñora.

7. En Guayaquil, mientras más directa la conversación, mejor.

El Guayaco destila lo que quiere decir para simplificar, y eso puede hacer que otros piensen que somos irrespetuosos. Se rumorea que en parte el calor y el rápido ritmo comercial afectan cómo nos expresamos. Sin embargo, mi hipótesis es que el Guayaquileño promedio valora la sinceridad y la transparencia antes que lo hagan perder el tiempo con un “sí”, que en realidad es un “no” tapiñado. El guayaco no anda con rodeos, y se dedica a agregar valor. Si un pana guayaco te da un consejo, escúchalo bien porque no te lo va a dar dos veces y va a ir directo al grano. Eso sí, no dejará lo importante tácito.

8. Explota el orgullo guayaco y la competencia con Quito, y gánate su confianza.

Pregúntale a un Guayaquileño criollo si se acostumbraría a vivir en otra parte del país, o por qué se celebra el 9 de Octubre, o por qué hay cañones de guerra en un cerro poblado. Además, nota que cuando en otras partes del país la gente sale a las calles con banderas negras, en Guayaquil los manifestantes tienen una bandera de su ciudad.
El Guayaquileño es sumamente orgulloso de su independencia así como de su historia de resiliencia ante atracos, incendios, y revueltas. En conversaciones, puedes aprovechar ese ego guayaco, y así lograr que te lleven a conocer lugares conocidos por su lugar en la historia, como el encebollado de los astilleros, el barrio de los cangrejos, o la guatita presidencial. Te ganarás un lugar en su lista de broders del alma.

9. Las huecas son también direcciones.

En la mayoría de los casos, el guayaco de cepa come en la calle, en lugares que se han vuelto famosos por boca a boca: las huecas. Cada plato típico tiene su hueca, y es para un guayaco ley saberlas. ¿Guatita? Busca “la presidencial”. ¿Encebollado? Hay muchos, pero a mí me gusta “el pescador”. ¿Cangrejo? “Ochipinti” y sus vecinos.
Los nombres de estas huecas, así como otros hitos famosos permiten al guayaco ubicarse. ¿Dónde vives? Por Ochipinti, alado de “el encanto”. ¡Qué Google Maps ni qué ubicación por WhatsApp! Aprende las huecas, y reinarás la ciudad.

10. Las denominaciones monetarias son herencias de la época del Sucre.

Una moneda es una “Ayora”. Un dólar es una bala. Cinco, quina; Diez, sota; Cien, gamba; Mil, luca. Millón, melón. Así, cuando estés con tus amigos guayacos, podrás decir: Ayer un panita me pagó la gamba que me debía. A lo que te pueden responder con toda propiedad: ¿Dónde?

11. Aprende a negociar con roñosería con vendedores más informales.

A menos que vayas a una tienda que use códigos de barras, nada cuesta lo que ves en la etiqueta. Pero aún si los precios están escritos a mano… empieza por preguntar:
¿Hasta cuánto me deja esto?
Le aplico un descuento del 20% mi corazón, sólo para usted. Le sale en $100.
Chuta, está bonito, pero no me alcanza…. Ya, déjemelo a $50.
Me hacen problema / es lo que cuesta / mire ya le estoy bajando todo lo que puedo…
Chuzo… bueno entonces, muchas gracias. (Caminar hacia afuera)
Ya ya, se lo bajo hasta $60. Es lo mínimo que le puedo dejar.
¡Muchas gracias!!. ¿Y no tendrá una yapita?

12. La exageración es el picantito que nos hace costeños.

El guayaco habla con ají. Exageramos las cosas para que sean más irreverentes y cómicas. Una inundación por culpa del clima es “un diluvio”. Una anécdota o persona que ha sido extraordinariamente decepcionante es “lámpara”. Un plato grande de comida puede ser un “semerendo volcán de chaulafán”. Un objeto genérico es algo “común y silvestre”. Un beso apasionado se puede describir como un “destrampe”. Una noche de chelas se puede convertir en “una reverenda chupiza destructiva”. Una película excelente se puede denominar como “la huev*da más del HP que vas a ver en tu mundana vida”. HP, la marca de impresoras, por supuesto 😉

13. A la hora de comer: honrar pana y madrina.

“¡Ya madrina, hágase ver con una completa y una cola!”, diría un guayaco de estirpe al encontrarse en su hábitat carretístico habitual. O sea, frente a una carreta de hamburguesas.
“Pana, tráigase más limoncito” es lo que se solicita en todo restaurante ante la necesidad biológica del guayaco de echarle cantidades bíblicas de cítrico a su sacrosanto encebollado. En el 90% de los casos, la comida guayaca se acompaña con limoncito al gusto.

14. Estudia la historia del hablar guayaco para entender las raíces de las palabras.

El argot guayaco, al igual que las grandes lenguas de la humanidad, cambia en el tiempo. Ya nadie se va “al fondo de los piolines”, ahora se va al “c*lo del mundo”. Ya nadie “si muerde” un tema difícil de entender, lo cacha. Ni tampoco “está Lorenzo”, u “orate”, sino que “está tostado”. Ni fue “churipateado”, sino “chineado”. Ni está “todo veinte” cuando está bien, sino que está “todo twenty” o “todo belén”. Todas estas fantásticas expresiones pasaron de generación en generación, y subieron al cielo para sentarse a la derecha de la literatura patrimonial de la Perla.

Es que el guayaco es bacansísimo. Si bien lo anterior sirve como “un cuchi” en el idioma guayaco, nadie puede negar que un guayaquileño es único, por su capacidad imbatible de hablar tonteras, así como su forma creativa de hacerte reír con su frontalidad, y su valentía de decir la plena en momentos claves. Pásale este artículo a ese pana guayaco o amiga guayaca que estoy seguro que tienes. Y si eres tú, ¡hazte ver, ganador, con los tips más pepa para sobrevivir las conversaciones guayacas!

Crédito imagen de portada: Matheus Ferrero