Vivimos un nueva etapa histórica, marcada sobre todo por ciertas luchas sociales y globales. Una lucha prioritaria es la ecologista, debido al aumento de conciencia sobre el calentamiento global y el impacto medioambiental que le causamos al planeta.

El campo del turismo y los viajes no es ajeno a esta transformación, y ya comienzan a aparecer los “ecotravelers”. Volverse un ser vivo que cause 0 impacto medioambiental es prácticamente imposible, pero podemos poner varias prácticas en marcha que harán el mundo y a nosotros mismos infinitamente mejores.

Ahí os va.

1. No al plástico

La guerra contra el plástico está servida, y yo que me alegro. Cuando comienzas a prestar atención a cuánto plástico acumulas y a intentar disminuirlo, te das cuenta que es realmente una batalla. ¿Cuántas veces dices en una sola mañana de compras «no me dé bolsa, gracias»? Se te cae la lengua a cachos de repetirlo, cuéntalas. Yo una mañana reuní 23 veces, casi seguidas. Agotador.

Viajando es otra batalla de la misma guerra, y tiene sus particularidades.

  • Lleva tu propia bolsa para la ropa sucia. Si de tela mejor, pero si tiene que ser plástico por ser impermeable, que sea siempre la misma. Reutiliza.
  • Si los condimentos del desayuno (mantequillas, mermeladas, miel, etc.) vienen en pequeñas porciones envueltas en plástico, lo suyo sería no mirarlos siquiera.
  • Lleva y usa tus propios productos de higiene (champú, gel, etc.) y no las muestritas que suelen tener las habitaciones.
  • Tomarse un café por la calle al estilo neoyorquino queda muy molón, pero nada ecológico. El café, en vaso de cristal o la taza cerámica de toda la vida. Una opción es llevar tu propio termo o vaso reciclable y pedir que te lo pongan en tu recipiente.

2. Recarga tu agua


Para el agua que todo viajero debe llevar siempre en el bolso o mochila, tres cuartos de los mismo. Lleva tu propia botella de agua recargable con filtro o termo. Y me dirás: «pero ¿y si quiero agua mineral por seguridad?». Pues te voy a contar que llevo 15 años viajando con pastillas depuradoras/potabilizadoras de agua y jamás me ha entrado ni un mal dolorcito de barriga. Se adquieren en farmacia, y a menos que se te ocurra beber agua del Ganges a la altura de Varanasi, te aseguro que funcionan perfectamente. La única desventaja es que debes esperar unos 20/30 minutos a que haga efecto cada vez. ¡Ya ves tú el problema!

Llena sobre la marcha o desde el desayuno buffet. No te puedes imaginar los millones de botellas que se vacían en cuestión de segundos cada año y luego se queman en la atmósfera. Una vez que comiences a funcionar diferente, te sorprenderá cuántos lugares están dispuestos a colaborar contigo.

3. El avión no es bien

Ya lo comentábamos en cómo ser un viajero más consciente: el avión no es bien.

El avión es el medio de transporte más contaminante que existe lanzando una gran cantidad de dióxido de carbono contaminante a la atmósfera.

Menos mal que existen los árboles, capaces de volver a convertir esta porquería en aire saludable. Así que hago un llamamiento a seguir protestando por los incendios, la deforestación y en general los atentados contra el medio ambiente.

Últimamente ha surgido una «opción» que a mí la verdad no me convence nada. El término en inglés es carbon offset. En español vendría a ser algo así como  «compensación del carbono». Puedes pagar un extra al billete de avión, para que se encarguen de «limpiar la atmósfera». Para empezar, quienes se hacen cargo de esta «limpieza» son empresas con fines de lucro. Además, no existe una certificación estándar que demuestre si este «trabajo» está realmente dando resultados. Me parece más una forma de acallar la conciencia del viajero, a la vieja manera católica de dar una limosna para asegurarte tu parcelita en el cielo, pero que realmente no ejerce ninguna ayuda permanente en la vida del mendigo.

Sin meternos en éticas ni jardines, lo que propongo es sustituir, siempre que sea posible, el avión por el tren, que es el medio menos contaminante que existe.

4. La ropa de la habitación

No cambies cada 2 por 3 las sábanas y toallas tan solo porque haya un estupendo servicio de habitaciones gratis.

Si no es necesario y el uso es el normal de una persona normal, intenta no gastar muchas agua ni energía en esto.

Te recomiendo poner en marcha el slow travel, que anima a pasar temporadas más largas en cada destino, en lugar de estar saltando de un lugar a otro cada dos días.

5. Caminar es el rey

Descarga Google Maps, que te permite rastrear dónde te encuentras incluso sin conexión de datos, y ponte tus mejores zapatos para caminar. No solo estarás ayudando al planeta, ya que si hay medio de movilización ecológico, ese son tus piernas. También es muy probable que descubras esas pequeñas gemas ocultas que de otra manera te perderías por completo.

6. Sáltate los palillos


Si viajas por Asia, más te vale aprender a comer con palillos. Se estima que cada año se usan 40 mil millones de palillos desechables solo en China. Son igual de contaminantes que cualquier objeto plástico, y se usan y tiran millones al día. Recomiendo igualmente hacerte con tus propios palillos reciclables, que limpies y uses siempre. Los hay de bambú, un material que resulta de lo más ecológico. Otra propuesta, aunque no sea muy genial siendo europeo en Asia, es pedir tenedor (no de plástico, claro). Hace unos años, esto hubiese sido una auténtica catetada, pero hoy en día tiene todo el sentido por ser tremendamente ecológico.

7. Compra local

No hace falta decir que cualquier cosa que haya sido «importada» ha recorrido un gran camino para llegar hasta ti. No cedas tu dinero a grandes multinacionales millonarias, mejor contribuye a la salud del planeta y a la economía de pequeñas familias. Compra local.

8. Recoge un poco de basura

La basura es una asesina en serie, especialmente cuando se mete en los mares y océanos. Si todos recogemos una botella de plástico o un poquito de basura al día en la playa o donde sea que vuestra aventura os lleve, es una tarea simple pero que tendrá un impacto muy positivo en el mundo en que vivimos. Olvídate del «no es mi trabajo» y piénsalo con conciencia y sensibilidad.

Igualmente, yo no sé a vosotros, pero a mí eso de tirarme horas tumbada en una hamaca me parece de un aburrimiento de morirse. Vamos, que darse una vueltita, explorando el lugar mientras se recoge un poquito de basura, con la alegría de saberse colaborando con este hermoso planeta, me parece un PLANAZO.

9. No al aire acondicionado


Procura no hacer uso del aire acondicionado, además de ser altamente contaminante, es un arma egoísta de doble filo. Mientras dentro de las casas refresca, fuera va lanzando calor. Se ha medido la temperatura ambiental de muchas ciudades, que han subido sus grados naturales hasta el 5º más, por la cantidad de aires acondicionados que sus habitantes tienen encendidos.

Cuando viajas, a pesar de la tentación del aire gratis, intenta usarlo lo menos posible. Imagino alguna situación extrema, como que te pille la época de monzón en Indonesia. Un calor pegajoso, agobiante, sin tregua de día ni de noche, te acosará. Sí, pon el aire porque si no vas a morir seguro. Pero intenta apagarlo a ratitos de vez en cuando, no lo tengas continuamente. Es una pequeña aportación, pero todo cuenta.
Es posible que no estés pagando la factura, pero la cantidad de electricidad que cuesta el aire acondicionado es una locura.

10. Conciencia a otros

Yo soy de la opinión que «allí donde fueres, haz lo que vieres», pero me niego a que si voy a una playa paradisiaca del Caribe, donde en una zona se acumula toneladas de basura, colaborar con esa dejadez simplemente porque allí es «lo normal».

Saca el tema en una conversación y ayuda a otros a saber qué pequeños pasos pueden dar para ayudar a mantener limpio este hermoso planeta, ¿qué es más fácil que tener una conversación?

¡Buen ecoviaje!