Crédito: Chris Zielecki

 

Si puedes, ¡vete a un hotel!

En tu cabeza tienes una idea idílica de lo que es ir de camping, pero la zona de acampada de los festivales de música tiene poco que ver con lo que haces tú ahora que eres adulto. ¿Parcelas? ¿Tranquilidad? ¿Noches en las que solo se escuchan los grillos? ¿Baños? ¡Ja! Pondrás tu tienda en el hueco que encuentres (y te despertarás con otras cinco pegadas que harán que tengas que dar saltos y hacer equilibrios para desplazarte), te pasarás la noche escuchando a los borrachos cantar, hablar o poniendo electrónica a todo volumen. Y, finalmente, concluirás que es mejor no ducharse a tener que pasar por los “baños”…

Si quieres todavía la experiencia campista, mira si tu festival ofrece glamping, la versión de lujo (¡camping con glamour!), cada vez más habitual por la presencia de treintañeros como tú en el festival.

 

Un colchón inflable te hará muy feliz.

Si has obviado todo lo anterior y decidido ir de camping como cuando eras joven, haz algo por tu espalda y vete con un colchón inflable. Tu cuerpo ya no duerme bien sobre cualquier superficie y te costará mucho desdoblarte por la mañana, después de una noche dando vueltas sobre una dura esterilla.

 

Si quieres de verdad aprovecharlo y pasarlo bien, no debes darlo todo en la primera noche.

Si vas varios días al festival, recuerda que ya no eres un adolescente. Gestiona tu energía y no te quedes hasta que la música acabe, a base de todo el alcohol que te puedas permitir (que, ahora que tu poder adquisitivo es mayor, es más). Si haces eso posiblemente te pases el resto del festival arrastrándote con sueño y resaca, algo poco agradable si además estás en el camping y tienes que usar esos baños.

 

Hace unos años la primera fila era tu hábitat natural… Pero ya no.

Deja paso a las nuevas generaciones, que son las que ahora pueblan esa zona y retírate hacia algo más atrás, a ser posible en un lado. Si no lo haces te verás en el medio de un mar de adolescentes bailando y dándose(te) golpes, aficionados a subir a personas a la superficie para hacer crowdsurfing y que no te dejarán ver el concierto tranquilo.

 

Tapones para los oídos… Un mundo nuevo, sin dudas.

Ahora que de pronto eres más sensible a la música demasiado alta, es muy posible que en determinados conciertos, sobre todo si te ves desplazado al costado en el que están los altavoces, creas que te vas a quedar sordo. Puedes alejarte, claro, pero si quieres seguir cerca, opta por los tapones. Muy prácticos también para esas noches de camping en las que quieres dormir y tus vecinos de tienda deciden tocar los bongos.

 

Come fuera o cocina, todo menos comer lo que se ofrece en el recinto del festival.

Si bien hay algunos festivales que se jactan de tener una oferta gastronómica variada y de calidad, no es el caso de la mayoría. Y ahora que tienes un paladar más delicado, notarás que la pizza no está del todo descongelada o que la carne de la hamburguesa está seca. Por no hablar del momento en el que te pongas a pensar en las condiciones de higiene. Vete a un restaurante en el pueblo o ciudad del festival, que total gastarás más o menos lo mismo. ¡O llévate el camping-gas y hazte una comida de verdad!

 

Olvida todo lo que sabes sobre higiene.

No es fácil, lo sabemos, y posiblemente no lo vayas a conseguir. Pero si eres capaz de borrar de tu mente durante unos días el concepto de higiene, seguro que disfrutas mucho más. Es posible salir de un festival sin coger ninguna infección que te vaya a matar y piensa que, si sobrevives, tu sistema inmunológico saldrá reforzado de la experiencia.

 

Antes de empezar a insultar, recuerda que tú también fuiste adolescente.

Estarás ahí, entre la multitud, intentando ver a tu grupo favorito y te encontrarás rodeado de gente demasiado joven. Personitas que hablan, gritan, invaden tu espacio vital y no prestan atención a lo que está pasando en el escenario. Recuerda que tú también ibas a festivales con tus amigos y te pasabas los conciertos que no te interesaban (esos de grupos ya viejos) hablando. También fuiste un ser molesto. Coge aire e intenta ignorarlos. Si prometes a los que están agarrados a la valla de la primera fila desde la 5 de la tarde que tú solo quieres ver a este grupo, que todos los artistas jóvenes y modernos que vienen después (sus favoritos) no te importan, quizá hasta te dejen un hueco.

 

¿Por qué has ido a ese festival? A esta edad está claro: por la música.

¡Entonces disfruta! Y no dejes que todo lo que te rodea te lo estropee. Son solo tres días. Agradece que ya no eres tan joven y que ya no tienes que vivir de festival en festival, que puedes permitirte un hotel y conciertos en auditorios. Algún día todos esos pequeños seres con coronas de flores (¡no! ¡no los llames hipócritas!) también vivirán lo que tú estás viviendo.