1. Pedir cemitas sin pápalo.

Estoy seguro que existen dos infiernos: uno para los que hacen spoilers de las películas y otro para todos aquellos que piden sus cemitas sin pápalo. Mejor cómprate una torta u otra cosa, pero no te avergüences pidiendo tu cemita sin pápalo…

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2. Intentar ligar en la Noria.

El chiste se cuenta solo. ¿No?

3. PEDIR CUBIERTOS PARA COMER CHALUPAS

Uno de los atractivos de nuestros platillos tradicionales es comerlos como un buen poblano: Con los dedos. Y terminar chupándotelos, claro 😉

4. Pedir un taco al pastor.

Bueno, esto te lo perdono solo si ya te comiste unos 10 tacos árabes primero.

5. Ser mocho de closet.

Con tus amigos eres un malote y rebelde, pero cada domingo vas a misa a escondidas esperando que nadie te vea. No lo hagas. Pueblo chico…

6. Chelear en el antro.

Parece que en los antros de Puebla es de mal gusto chelear. Lo común es pedirte tu botella o un cóctel. Ahora que si eres como yo y te importa poco que la gente te mire como bicho raro o piense que eres foráneo, pide tu cerveza, ponle limón y disfruta de la pista de baile.

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7. Blasfemar enfrente de la abuela.

Puede que esto aplique casi para cualquier parte del país, pero es verdad que las abuelas poblanas son especialmente conservadoras. Mejor que no se te salga un chiste rojo o una palabrota si no quieres escuchar el típico “te voy a lavar la boca con jabón”. Sí, aunque tengas 30 años.

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8. Decir en voz alta que no te gustan los chiles en nogada.

Entiendo que tiene un sabor intenso al mezclarse picante, salado y dulce; pero por mucho que no te guste y si no quieres morir en el acto, mejor guarda en secreto tu disgusto, algún poblano podría verdaderamente ofenderse…

9. Subir a un taxi sin preguntar el costo.

Si no eres de Puebla, debes saber que allí los taxis no cuentan con taxímetros, siempre debes preguntar antes de abordar cuanto te va a costar el viaje, e incluso es mejor si ya preguntaste anteriormente a un poblano de confianza para que no quieran verte la cara de extranjero.

10. No ir nunca a las luchas.

Y peor aún, ir y no comerte una cemita o un coctel de camarón dentro de la Arena Puebla.

11. Pedir una quesadilla con queso.

Esta es la eterna discusión de todo México, pero en Puebla las quesadillas siempre van con queso.

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12. Decir en casa ajena que el mole de tu mamá queda más rico.

Y es que todas las madres defienden su propia receta, así que mejor disfruta la comida en casa ajena y siéntete afortunado de poder probar tantas recetas de un mismo platillo. O te ganarás miles de enemigas…

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13. Fingir ser de Puebla.

Me ha tocado presenciar el momento en el que un grupo de amigos descubre que uno de sus integrantes no es poblano, y el problema no es que sea de Tlaxcala, CDMX o cualquier otro lugar si no que haya mentido presentándose como Poblano. Te recomiendo que seas sincero desde un principio aunque con esto te ganes motes y sobrenombres por ser foráneo.

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14. Hacer dieta.

¿Hay cosa más difícil que resistirse antes los suculentos, grasosos y bien servidos platillos poblanos? Mi reino por unos molotes, una pelona o una cemita.