Crédito: @yoendry

 

1. Cuando a los caraqueños nos dicen “Maracaibo” nos da por imitar el acento y es verdad… casi siempre exageramos el tono y nos sale mal.

Los maracuchos piden a gritos que no digamos tanto “vergación par’ coño”, porque ellos no lo dicen tanto como creemos.

 

2. Nos volvemos conscientes de la expresión de nuestro rostro.

Los maracuchos dicen que somos amargados, pero eso no es cierto… Lo que pasa es que ellos se ríen de todo y no se aguantan nuestra cara seria de agite caraqueño.

 

3. No podemos evitar hacer el chiste de que cualquiera tiene que “solicitar una visa” para entrar al estado Zulia…

Los maracuchos son muy regionalistas y no les gusta discutir este punto. Para ellos, Zulia es lo mejor y ya.

 

4. A los caraqueños nos parece una locura cuando alguna gaita suena en la radio a mediados de julio.

A los maracuchos no les importa escucharla todo el año, no les molesta. Y ok, está bien.

 

5. Surgen disputas respecto al hielo…

Es muy de caraqueños decir que queremos un “raspao” de cualquier sabor. Para los maracuchos, en cambio, es una ofensa que lo llamemos así: se trata de un “cepillao” (por más que el hielo se raspe para tal fin).

 

6. Y nos damos cuenta de que siempre se puede aprender más sobre geografía.

Los maracuchos voltean los ojos si alguien les pregunta qué tal se ve el Relámpago del Catatumbo desde Maracaibo, porque desde allí no se ve. Lo mismo hacemos nosotros cuando ellos dicen que el Aeropuerto de Maiquetía queda en Caracas. Pues no, está a media hora de la capital.

 

7. Perdemos la libertad de quejarnos por el clima.

Los caraqueños no nos podemos quejar del calor, porque inmediatamente salta un maracucho a decir que ellos viven todo el tiempo bajo 40 grados y sobreviven. Y entonces, cuando vienen de visita a Caracas, se ponen un suéter y los miramos feo, en venganza.

 

 

8. Decimos la gran frase controversial aunque conozcamos sus consecuencias…

Los maracuchos son los primeros “que se pican” cuando nosotros decimos “Caracas es Caracas y lo demás es monte y culebra”. Entonces, comienzan a enumerar todas las bondades del estado como si uno no supiera y no se relajan ante ese chiste que a nosotros nos encanta.

 

9. Nos cansamos de escuchar “o sea, marica”.

Maracuchos: sepan que no todos hablamos “mandibuleao’”. No hace falta que exageren diciendo “o sea, marica” cuando intenten imitar nuestro tono de voz.

 

10. Pero nos ponemos de acuerdo cuando de gastronomía se trata.

 

 

Los caraqueños casi nunca logramos ponernos de acuerdo con los maracuchos. Hay cosas que ellos no soportan de nosotros y nosotros de ellos, pero aun así logramos querernos y llevarnos bien, especialmente cuando llegamos al punto de la comida.

Los caraqueños deliramos por ir hasta Maracaibo para probar su variada gastronomía: tumbarranchos, agüitas de sapo, tequeños, yoyos, patacones. En esto sí estamos totalmente de acuerdo.