Crédito: filipecastilhos.

1. Criticar el mate brasilero.

En el sur de Brasil también se toma mate y se llama “chimarrão”. Pero hay una gran diferencia en el tipo de yerba, y no conozco argento al que le guste. Así que, los argentinos en Brasil buscamos la manera: desde encargar la yerba por encomienda, hasta convencer al dueño del mercado de nuestra cuadra que averigüe cómo importarla, porque, mínimo, le vas a comprar 5 kilos por mes.

 

2. Escuchar clásicos del rock / cumbia / cuarteto / folklore “nacional”.

Apenas pasás unas semanas en Brasil, aprendés que la música de este país no solo incluye temas pegadizos de axé, samba o bossa nova. Y aunque tu criterio musical sea probablemente enriquecido por la estadía en Brasil, los temas argentinos con los que creciste estarán en tu playlist como favoritos, sin importar su “calidad” musical.

 

3. Hablar portuñol sin nunca abandonar el “che”.

Hay argentinos que hablan portugués como corresponde, pero muchos otros nos arreglamos con un “portuñol” avanzado. Y todos seguimos usando el “che”: aún sabiendo que lo tenemos que explicar y aunque delate nuestro origen (o quizás, justamente por eso).

 

4. Cenar después de las 9 de la noche.

Es normal que en los hogares brasileros se cene, como muy tarde, a las 20 horas. Vos a esa hora recién estás poniendo el agua para el mate o buscando en internet como conseguir yerba argentina en Brasil.

 

5. Putear.

Más allá de que es colorido aprender cómo se insulta en otros idiomas, cuando estés caliente por algo, sabés que no hay mejor forma de descargarte que puteando a lo argentino. Y la gestualidad de tu puteada hacen que te entiendan en todos lados, hablen español argentino o no.

 

6. Jugar al truco con cartas españolas.

A mis amigos brasileros les digo: las cartas de poker son para poker y el ancho de espada mata a todos. Siempre. ¿Qué es eso de repartir 3 cartas a cada uno, sacar los 8, los 9 y los 10, y ordenar las cartas del 6 al rey y del As al 5? Un lindo lío, que nada que ver con envido, truco y quiero vale cuatro.

 

7. Explicarle a cada brasilero que conocés que a los baños le falta el bidet.

Es más, seguro que buscaste la forma de improvisar uno.

 

8. Responder “Maradona”.

Por más que sabés que podés desatar una discusión infinita, cada vez que te pregunten “si Pelé o Maradona”, vos vas a responder “Maradona”. Si la iglesia maradoniana no es lo tuyo, quizás optes por crear una tercera opción y decir “Messi”, pero nunca dirás “Pelé”. Nunca.

 

9. Sacar conversación sobre el fútbol solo para recordar el 7 a 1 de Alemania contra Brasil.

Si, ellos son pentacampeones, todo lo que quieras, pero se comieron 7. Punto y aparte. Ah, y si estás afilado, les traerás el recuerdo de Canigia en el Mundial del 90. ¿Unidad latinoamericana? No en el fútbol.

 

10. Usar el nombre propio de los días, y no su cardinal.

Por más años que lleves viviendo en Brasil, siempre vas a llamar a los días por su nombre: lunes, martes, miércoles, jueves y viernes no son segunda, tercera, cuarta, quinta y sexta. Tampoco entendés por qué sábado y domingo sí se llaman igual, pero te lo tomás como un alivio.

 

11. Buscar la canilla fría o la caliente, y nunca encontrar lo que realmente buscás.

Siempre que vayas a abrir una canilla, vas a buscar la de agua caliente -con poca suerte-. Pero cuando te quieras bañar con agua fría, vas a acordarte del inventor del “chuveiro” (la ducha brasilera) y su regulador básico “verão” o “inverno”. Y putear en argentino, obvio.

 

12. Abrazarte con otros argentinos, y buscar excusas para juntarse.

A veces, si estás en un día melancólico y cruzás con otro argentino, te emociona hasta las lágrimas recordar las cosas que extrañás de “casa” o del barrio. También, si llevás un buen tiempo en Brasil, te armarás una mini comunidad argenta en donde estés. Excusas para juntarse hay muchas: cuando el fixture del campeonato de fútbol lo disponga, cuando llegue la encomienda de yerba o, simplemente, sin más excusa que comer y compartir un buen momento… probablemente con música argento también.