1. Tendrás una regresión a tu infancia, y puede que pases un poco de vergüenza al principio, pero…

Crédito: Laura Lazzarino

Ni bien entren en confianza, ni tú ni tus compañeros de safari disimularán el entusiasmo. En un comienzo, todos intentarán tener el mismo recato. Luego… prepárate para todo tipo de exclamaciones, gestos de sorpresas y muecas de felicidad cada vez que aparezca un león o que un elefante pase cerca del jeep. Y ni hablar de cuando alguien vea un leopardo durmiendo sobre un árbol: los binoculares y el descubrimiento harán que cada uno se sienta como todo un explorador (y festeje a lo grande).

 

2. Todo te hará recordar al Rey León.

¿Sabías que la palabra swahili para “león” es Simba? ¿Qué Rafiki quiere decir “amigo”? ¿O que las hienas realmente se ríen como humanos? Si hace veinte años aún estabas en tu infancia o entrando en la adolescencia, no podrás sobrevivir al viaje sin tararear laaaaaacigüeñaaaaa. Y cada vez que veas un puerco salvaje, vas a pensar en Pumba. Lo malo es que, si el resto del grupo no vio la película, te puedes llegar a sentir muy solo. Y también te sentirás culpable al descubrir que, al fin y al cabo, las hienas no son tan horrendas como en los cuentos de Disney.

Crédito: Laura Lazzarino

 

3. Vas a perder la noción del tiempo.

¿Sabes cuánto tiempo puede pasar un ser humano observando una manada de elefantes bañarse en un río? Mucho, mucho, mucho tiempo.

Crédito: Laura Lazzarino

 

4. Aunque sepas muy bien que está prohibido, vas a querer saltar del jeep.

Y eso sería considerado una seria conducta suicida. ¿Pero cómo resistir a la tentación de bajarse un ratito a estrujar a ese monito bebé o al cachorro de guepardo, que parece un peluche?

Crédito: Lidia Hernandez

 

5. No volverás a pisar un zoológico en tu vida (ni un circo ni un acuario).

La experiencia de ver animales viviendo apaciblemente en su entorno puede ser dañina para la “vida social” citadina de las personas. Una vez que experimentes en vivo y en directo lo poderoso de una manada de leonas acechando a su presa o lo pacífico de la convivencia entre cebras y ñus, no vas a querer pisar jamás uno de estos sitios. Te vas a sentir horrible de verlos en cautiverio, y no querrás que tus hijos, sobrinos ni nadie de tu familia sea partícipe de semejante atrocidad.

Crédito: Laura Lazzarino

 

6. Habrá momentos de mucha reflexión.

Cuando el guía te cuente que cada 15 minutos muere un elefante en manos de la caza furtiva o que los ejemplares de rinocerontes son contados por el mismo motivo, vas a sentirte pésimo. Empezarás odiando a los cazadores y a todo el mercado negro de marfil, pieles y demás. Después te vas a acordar de que el responsable de buena parte de los problemas es el ser humano, y te vas a sentir aún peor. Si no quieres poner tu cabeza a trabajar, mejor no vayas a un safari.

Crédito: Laura Lazzarino

Ahora bien, si la curiosidad y la fascinación por la naturaleza es más grande que la incomodidad, y decides ir, afortunadamente existen empresas como Udare, que además de tener guías en español, trabajan seriamente para fomentar el turismo sostenible en Kenia y Tanzania. Ellos tienen programas de concientización que involucran a viajeros y a comunidades locales.

 

7. Descubrirás lo poco que sabes sobre fauna.

¿Diferenciar a una jirafa reticulada de una jirafa meridional? ¿Que las rayas de la cebra son distintas según la especie? No señor, demasiada información para asumir fuera de la escuela. Mejor seguir pensando que el león es el “rey de la selva”…

Crédito: Laura Lazzarino

 

8. Tardarás varios días en volver a la realidad.

Te acostumbrarás muy fácil a la rutina de levantarte temprano, subirte al jeep y salir a pasear por los parques nacionales en busca de nuevos animales. Y todo pasará tan rápido y será tan intenso, que aún cuando el safari se haya terminado, seguirás sintiendo la emoción de descubrir hipopótamos escondidos en los ríos o una pareja de gacelas corriendo entre los pastizales, incluso cuando a tu alrededor no haya más animales que perros, gatos y palomas aburridas.

Crédito: Laura Lazzarino

 

9. Después de hacer un safari, el resto de tu vida te va a parecer un aburrimiento total.

Elefantes comiendo tranquilamente a metros de distancia, cebras que pastan cerca de tu carpa, jirafas que se camuflan entre las ramas de los árboles. Mejor que cualquier documental de NatGeo en 3D. ¿Cómo se vuelve después de eso a una vida “normal”?

Crédito: Laura Lazzarino

 

10. A partir de ese entonces, querrás destinar todos tus ahorros al próximo safari.

Porque cada minuto vale la pena, porque un millón de fotos no son suficientes, porque siempre queda un animal de la lista sin tachar, porque los paisajes son imponentes. Encontrarás muchas excusas para regresar de safari. No digas que no te lo advertí.