1. Descubrir juntos la fauna de la Península de Valdés (Chubut).

Declarada Patrimonio Natural de la Humanidad por la UNESCO, este paraíso está habitado por la fauna más inspiradora del país. El contacto directo con las ballenas francas australes, los pingüinos, las toninas, los elefantes marinos y la gran variedad de aves que habita la costa del Mar Argentino, harán que tus hijos se conviertan en fervientes protectores del medio ambiente. La época ideal para ir es de mayo a fines de noviembre, pero si vas en verano, igual podrán disfrutar de las playas de Puerto Pirámides o tomar el té tradicional en la colonia galesa de Gaiman.

Crédito: morrissey

 

2. Sacarles una foto con Mafalda (Buenos Aires)

Además de vivir en el corazón de todos los argentinos, Mafalda habita el barrio de San Telmo, en la esquina de Defensa y Chile. Poneles a tus hijos su ropa más linda y sacales una foto al lado de nuestro personaje más querido. Después caminá unas cuadras y llevalos a tomar la sopa…no no, es un chiste, ¡comprales un helado artesanal de Nonna Bianca!

Crédito: L. Bernhein

 

3. Perseguir huellas de dinosaurios en el Valle de los Dinosaurios (Neuquén)

Ubicado a orillas de la represa El Chocón, este viaje les va a encantar a tus paleontólogos en potencia. Allí fueron encontrados el Giganotosaurus Carolinii y el Argentinosaurus Huinculensis, ¡el dinosaurio más grande el mundo! El museo Ernesto Bachman se ubica en Villa el Chocón, sobre la ruta 237 y puede visitarse todos los días, todo el año, pero también podrán perseguir las huellas de dinosaurios en los alrededores, además de disfrutar de la belleza del lago Ramos Mexía.

 

4. Jugar en la nieve

Sí, puede ser un plan caro, pero no hace falta ir a un centro de esquí internacional para conocer la nieve. Te recomiendo el Cerro Perito Moreno en El Bolsón (Río Negro), es super económico y sencillo, pero también se dan clases de esquí con profesores excelentes. Hay cuartos para pasar la noche, con baño compartido, y la comida casera del refugio es riquísima.

Crédito: L. Bernhein

 

5. Viajar juntos hasta “el fin del mundo” (Tierra del Fuego)

Y el fin del mundo está exactamente en Ushuaia, que es divina a más no poder, con sus casas de colores, sus calles ondulantes y su vista al canal de Beagle. Pueden hacer trekking, buceo, cabalgatas, mountain bike, pesca deportiva, sobrevuelos a la isla (¡impresionantes!), escalada en hielo y paseos en trineos. Lo que más les va a gustar a tus nenes es el viaje en el tren del Fin del Mundo, unos 7 kilómetros del antiguo recorrido que realizaban los presos en sus tareas cotidianas, y la navegación por el Canal de Beagle para encontrarse con el Faro del Fin del Mundo. ¡Puro combustible para la imaginación!

Crédito: nestorgalina.

 

6. Llevarlos al Teatro Colón (Buenos Aires)

Considerado por su tamaño, su acústica y la calidad de sus espectáculos uno de los cinco mejores teatros del mundo, yo todavía recuerdo mi impresión al pisar por primera vez “el Colón” cuando era una nena. Fui a ver El lago de los cisnes, vestida para la ocasión y todo, desde el terciopelo de los asientos, el dorado de las paredes (¡era como estar en una caja de bombones! y lo divina que es la confitería, me causaron una impresión que jamás voy a olvidar.

Crédito: elaws.

 

7. Llevarlos a ver un partido de fútbol

Aunque sea algo se pueda hacer después o aunque no seas muy fan del fútbol, ir a la cancha por primera vez siendo pibe no se compara con nada. La emoción, las banderas y las canciones entonadas a viva voz mientras suenan redoblantes son un recuerdo para toda la vida.

Crédito: culturaargentina.

 

8. Acampar frente a un lago patagónico

Pocas cosas estimulan el espíritu aventurero de los niños como ir de camping. ¡Y los lagos patagónicos están llenos de aventuras! Armar la carpa, juntar leña para encender una fogata y cocinar, pescar, recorrer el bosque con linternas, darse un vigorizante baño rodeado de montañas de picos nevados. Te recomiendo muy especialmente los campings organizados del Parque Nacional Los Alerces.

Crédito: L. Bernhein

9. Recolectar ustedes mismos las frutas que van a comer.

Pueden ir a una de las tantas chacras de Río Negro (al Valle de Río Negro o a algún pueblo de la Comarca Andina), y recolectar moras, frambuesas y frutillas durante la primavera y el verano, o manzanas y peras en el otoño. Las sacan directamente de los arbustos o de los árboles, las pagan ¡y a comer!

Crédito: L Bernhein

 

10. Subir una montaña

No hay nada más gratificante que llegar a la cima de una montaña, después de haber hecho el esfuerzo de andar cuesta arriba unas horas. Claro que a veces esto es difícil con chicos, pero te recomiendo un lugar como el Cerro Piltriquitrón, en El Bolsón. En un par de horas de una subida preciosa entre lengas y radales (¡precioso en otoño!) pueden llegar al refugio de la foto, donde hay comida casera (incluyendo cerveza), y hasta cuartos para pasar la noche.

Crédito: L. Bernhein

 

11. Comer un alfajor Capitán del Espacio

Míticos, de culto, deliciosos y cargados de recuerdos, los podés encontrar en todos los quioscos de la ciudad de Quilmes. La fábrica se encuentra en la calle Gran Canaria 350, ciudad de Quilmes y fue fundada por Angel de Pascalis, un antihéroe de otros tiempos…¡Este finde organizá un mini viajecito para comprar el alfajor más famoso de la zona Sur!

 

12. Ir a la calesita

Ya no quedan tantas, pero resisten el paso del tiempo entre toda la tecnología a la que están expuestos los chicos. Encanto puro a base de música, vueltas en caballitos de madera, autos de todo tipo, entre luces de colores y el más emocionante desafío: Agarrar la escurridiza sortija para ganar una vuelta gratis.

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13. Viajar por la provincia de Córdoba en verano

Córdoba está llena de pueblos y ciudades hermosas para elegir. Te recomiendo el Valle de Punilla y el Valle de Traslasierra. El clima en verano es perfecto para subir algún cerro no muy alto, hacer picnics y pasar la tarde a orillas de ríos y arroyos de agua cristalina.

Crédito: L. Bernhein

 

14. Viajar en La Trochita

El Viejo expreso patagónico, uno de los pocos trenes turísticos que circulan todavía en el mundo y con menos de un metro de ancho, parte desde la ciudad de Esquel y llega hasta la estación de Nahuel Pan, donde se puede visitar el museo y comprar artesanías mapuche. El interior de la Trochita es tan cálido, con asientos y mesitas para tomar algo, que tus hijos no van querer bajarse del tren.

Crédito: morrissey