1. El humor argentino es como La Gotita.

Alcanza con muy poco y “nada, nada lo despega”.

Tres empanadas.”
Es una nena.”
Y… si no me tienen fe.”
Ahí lo tenés al pelotudo.”
Años, décadas, pasaron desde que se dijeron por primera vez. Y así y todo, las repetimos ni bien vemos un huequito donde más o menos puedan encajar, y nos reímos como boludos una y otra y otra y otra vez. Si te criaste en los 90s, ¿cuántas veces en el colegio te hicieron el “ooooso” cuando te saludabas con un amigo? En serio te pregunto. ¿Cuántas? Hacé memoria. ¿Mil? ¿Diez mil? Décadas después, todavía miro con desconfianza cuando alguien me viene a dar la mano.
Lo que pasa es que a los argentinos nos cambian tanto las reglas del juego que nos aferramos como podemos a las pocas certezas que tenemos. Sin ir más lejos, fue casi una cuestión de estado cuando Franchella se afeitó el bigote…

 

2. El humor argentino es como un pibe jugando al fútbol.

Hace poco estaba en un bar porteño hablando con un francés que había estado viviendo en Argentina unos meses. El tipo era alto, flaco y tenía una porra enorme. Gigante. Como si la porra de Bob Patiño tomara esteroides. Me contó lo chocante que le parecía que, en la Argentina, al gordo le dijeran Gordo o al pelado le dijeran Pelado. Se reía como un nene atestiguando una travesura.
Lo miré y le pregunté: “¿Y a vos cómo te dicen?”. “Palmera.”

A un pibe lo invitan a jugar un partido y no va a perder tiempo aprendiéndose tu nombre: te va a mirar y te va a sacar la ficha, por más que te duela. Y con ese apodo te va a llamar para que, cuando lo escuches, te sientas aludido, levantes la cabeza y lo veas solo en el área, listo para cabecear.
El humor argentino se va a pasar lo políticamente correcto por el tuje con tal de meterla adentro.

 

3. El humor argentino es como el estante de arriba del videoclub.

Está lleno de sexo.
Desde el doble sentido hasta la mención directa, los argentinos tenemos el sexo fijo en la cabeza. A veces, a esos chistes le damos demasiado duro. Sin ir más lejos, hace poco escuché una entrevista al pibe de Mundo Sandía. El flaco se recorrió medio mundo sacando fotos a personas de cada rincón del mapa probando una sandía. Para muchos, era la primera vez que veían esa cosa redonda gigante, verde por fuera, roja por dentro. Las fotos que sacó son hermosas. Las experiencias que recolectó son únicas. Pero a los dos minutos los periodistas estaban preguntándole si en algunas culturas la gente tenía sexo con sandías y… sexo sexo sexo sexo sexo.
Dicen que el sexo vende. En la Argentina, el sexo se pone un parripollo y la junta con pala.

 

4. El humor argentino es como Fangio.

Es rápido el muy turro.
Al segundo que digas tu apellido, vamos a encontrar una rima no muy bondadosa. Te tropezaste y antes de que estroles tu culo contra el suelo, pum, tendremos en mente ciento cincuenta y tres maneras de burlarnos de vos. Ni hablar de la fracción de segundo entre algo que pasó arriba del escenario y la respuesta inmediata y afilada de alguien del público. Ese comediante espontáneo de la audiencia, mientras lo empujan y se come cuatro codazos, va a ser tan gracioso y preciso que uno sospecharía que pausó el tiempo, pasó cinco meses escribiendo y abollando cosas para decir hasta encontrar la justa, despausar el tiempo y gritarla.

 

5. El humor argentino es como un álbum de figuritas.

No importa cuántos paquetes de figuritas compres, siempre algunas se van a repetir y otras no las vas a conseguir ni en pedo. En el humor argentino de nuestros primeros años, los “repe” son los chistes de gallegos o de tres actos, como “Primer acto: Pasa una banana. Segundo acto: Pasa una manzana. Tercer acto: Pasa una pera. ¿Cómo se llama la obra? No pasa naranja.” También abundan los chistes de “Mamá, mamá, en la escuela me ignoran. ¿Mamá? ¡¿Mamá?!”

 

6. El humor argentino es como un penal en el último minuto.

Está rodeado por malas palabras. Los argentinos tomamos con ligereza a las palabras menos santas del diccionario. Es más, si no se te escapa un insultito, no estás siendo del todo honesto…

 

7. El humor argentino es como el fernet.

Va bien antes de un asado, durante un asado y después de un asado. Y, en Córdoba, diluvia.

 

8. El humor argentino es como el mate.

Al igual que un River-Boca, Tinelli-Pergolini, están los que toman al mate amargo y están los (desquiciados enfermos delirantes) que lo toman dulce.
Porque el argentino es así, confrontativo, dual. Y si no te gusta, andate a la puta que te parió. Nos expresamos en blancos y negros, tanto que a veces creamos grietas entre un bando y el otro.
A veces, usamos el humor para bardear a los que están en la tribuna de enfrente, agitando chicanas y burlas. Y más seguido de lo que quisiéramos, nos vamos de mambo: pasamos de la inocentona rima indecorosa con el nombre de la madre del de la vereda opuesta, a sangre y odio y espuma en la boca.
Pero cada tanto decimos que está bien, que si lo tomás dulce no hay drama, y compartimos la misma ronda. Eso sí, no le metas cascaritas de naranja ni esas giladas, que ahí sí que se pudre todo.

 

9. El humor argentino es como un guiso.

Hay de todo.
En una misma olla tenemos los mil ingredientes de nuestras carcajadas nacionales. Fernando Peña, Les Luthiers, Midachi, Liniers, Quino, Pichot, Fontova, Gasalla, Tato Bores, Olmedo, Maitena, el gordo Porcel, Guinzburg, Fontanarrosa, Mariana Briski, Calabró, Fátima Florez, Pepe Biondi, Capusotto, Maju Lozano, Pinti, Corona, Charo López, Minguito, Juana Molina, Landrisina, Julieta Pink, Carlitos Balá…

 

10. El humor argentino es como el chimichurri.

No sabés bien de qué carajo está hecho, pero le da sabor a lo que te importa.
Un popurrí de nacionalidades se pegoteó en nuestra identidad: los europeos que vinieron escapándose de la guerra y el hambre, los pueblos originarios, los inmigrantes más recientes de países latinoamericanos, los que vinieron de África en barcos esclavos. Del rincón del mapa que quieras, tenemos. Lo cierto es que llegaron acá trayendo con ellos su sentido del humor.
Esas risas de todas partes, unidas, sirvieron para hacerle frente a este mundo del revés. Porque podrá haber gobernantes autoritarios o funcionarios corruptos, podrá haber medidas absurdas contradictorias, francamente hijas de puta. Podrán hasta haber leyes y decretos que se metan en nuestro bolsillo… pero no nos van a quitar el juntarnos con amigos en un asado y reírnos con gusto, embadurnando de chimichurri a todo… Así que, finalmente…

 

11. El humor argentino es como el alambre.

Lo ata todo.

Crédito de la imagen de portada: Marc Kjerland