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1. La pizza, las pastas y el helado son un souvenir muy pero muy lejano…

La gastronomía francesa es muy buena y variada, se pueden conseguir exquisiteces en cualquier bistró de barrio o panadería, pero la pizza es un verdadero cartón. Las pastas son sólo fideos y un intento debilucho de ravioles que no llega a mi corazón hecho de ñoquis, canelones y malfatti. Ah, y el verdadero helado, ese cremoso, aún no ha llegado a este bello país.

 

2. Cambié de mascota: del perro al gato.

Los gatos son la mascota de preferencia, porque combina muy bien con las exigencias francesas: Son limpios, independientes y muy elegantes, claro.

 

3. Se acabaron los ruidos…

Tengo la sensación que en Francia no hay ruidos. O muy pocos. El colectivo no hace ruido, tiene como bocina una amistosa campanita que hace suavemente tilín-tilín, suficiente para que todo el mundo sepa que viene el bondi. Los autos tampoco hacen ruido y está muy mal visto tocar bocina. Cuando eso pasa todo el mundo mira con el ceño fruncido a ver quién fue y que puede haber pasado de grave para llegar a tal punto de tener que tocar bocina. Los que quizá hagan ruido son los perros, al ladrar. Eso explica por qué la mascota favorita es el gato…

 

4. No tuteo más a la gente que no conozco:

Siguiendo las reglas de politesse, o sea de educación, hay que tratarse de usted porque si no es una falta de respeto. No sólo a las personas mayores, a todo el mundo. Al principio era rarísimo tratar de usted a gente hasta más joven que yo. Hasta que una vez un chico me empezó a tutear en la parada de colectivo y yo me sentí muy ofendida. ¡Qué desubicado!

 

5. Tuve que multiplicar por 100 la cantidad de gracias y frases hechas de educación.

Se le dice gracias hasta a la contestadora. ¡De hecho hay frases de educación que un argentino no diría jamás en su vida! Como decir “buena recepción” al mandar un mail, antes de firmar. O saludar a un colega con un “buena continuación” (del día laboral, claro). Hay que estar muy atento a qué momento del día estamos porque en Francia se dice “buen fin de tarde” o “buen comienzo de mañana”. “Buena manzana”, me dijo un señor que una vez me regaló una…

 

6. Veo las películas argentinas en el cine con 6 meses de retraso…

Pero las pasan, en los cines de barrio ¡y se llenan de gente!

 

7. Tuve que incorporar el aperitivo.

A las siete de la tarde a todos los franceses les suena un reloj biológico que los obliga a ir a tomarse una copita. Es la hora del aperitivo. Puede ser desde una cerveza a un vaso de vino o un licor. A esto viene también el “no salgo más hasta las seis de la mañana”, ya que acá se arranca a las siete de la tarde y termina como mucho a las 2 am.

 

8. No soy más la “che pibe” de ningún jefe.

¿Me traés un café? Andá a sacarme fotocopias. Pegale una miradita al baño que debe estar sucio. Eso: c’est fini!
Si bien en Francia está el empleado, el sub jefe, el jefe, el hyper-jefe y el mega- jefe, cada puesto de trabajo tiene una tarea puramente profesional ¡y cada uno se hace su propio café!

 

9. Se terminó el auto.

Si bien mucha gente usa el auto, hay una gran cantidad de personas que no tienen, no lo necesitan ni les interesa. La bicicleta es la reina francesa de hoy en día. Cada ciudad le puso un nombre a su bicicleta pública. En París Vélib, en Nantes Bicloo, en Burdeos Vcub…
En las horas pico, se ve un desfile de bicis que salen de todos los huecos de la ciudad llevando a sus conductores vestidos de traje, para ir a la escuela, a la usina (ahora digo usina en vez de fábrica), a dónde sea. La bici, en Francia, es para todas las clases sociales.

 

10. Dejé de saludar a las personas con un solo beso.

Acá son siempre dos con casi todo el mundo, salvo en el trabajo, un apretón de manos. Me acostumbré tanto que si me encuentro con amigos argentinos también es beso doble. De hecho, en algunas regiones, como en París, ¡son cuatro!

 

11. Reemplacé la mayonesa por la mostaza.

La moutarde francesa está por todos lados, hasta en las hamburguesas de las casas de comida rápida. ¡Y es muuuuuuy fuerte!!! Tuve que acostumbrarme a que la comida sea un poco más picante.

 

12. Dejé de ir al kiosko.

¡Acá no hay! Algo parecido es un negocio al que llaman “Tabac”, pero venden sobre todo cigarrillos, diarios y revistas. Y algunos tarros con gomitas azucaradas muy ácidas. Tampoco hay almacén donde hay un poco de todo. Pero sí puede haber un negocio donde sólo vendan chocolates, sólo macarrones o sólo nueces…sí, lo juro, ¡¡¡sólo nueces!!!

 

Vive La France! 😀